El último lío del fascista (pero no racista) Paolo Di Canio
Di Canio posa con la bufanda del Sunderland - AFP
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El último lío del fascista (pero no racista) Paolo Di Canio

Su aterrizaje en el Sunderland inglés añade otro capítulo a una trayectoria repleta de polémica

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A sus 44 años a «Paolino» le resulta imposible escapar de su pasado. Paolo Di Canio jamás fue un futbolista al uso, protagonista perpetuo en los periódicos y las tertulias de bar por sus salidas de tono dentro y fuera del campo, también por sus gestos de honestidad que le llevaron a recibir el máximo galardón al juego limpio que otorga la FIFA. Su reciente fichaje por el Sunderland, ahora como entrenador, ha generado un conflicto diplomático por su ideología, que le persigue desde sus polémicos saludos fascistas durante su etapa en la Lazio.

A los 12 años robó la bicicleta de su hermano a cambio de 12.000 lirasEntre las cualidades de Di Canio no se encuentra la discrección. Nacido en Roma, el joven Paolo era un chico gordo, obligado a llevar zapatos ortopédicos, apodado «Palloca» por su adicción a las bebidas con cafeína, pícaro ya entoncés: a los 12 años robó la bicicleta de su hermano para ganar unas 12.000 liras que le suiperon a gloria. A priori, escasas opciones para llegar al fútbol profesional, pero en su vocabulario jamás ha existido la palabra «rendirse».

Acostumbrado a nadar contracorriente, Di Canio se decantó muy joven por la Lazio a pesar de vivir en el barrio romano de Quarticcilio, dominado por «tiffosi» del eterno rival. Como futbolista profesional Di Canio destacó por su olfato goleador, pero especialmente destacaba su sacrificio y entrega sobre el campo. Una defensa sin límite a los colores que incluso, dice la leyenda, le llevó a poner sin descanso durante toda una noche el DVD de Braveheart a un compañero de la Lazio antes de un duelo contra la Roma para concienciarle de la importancia del derbi romano.

Premio al juego limpio de la FIFA

Al otro lado los infinitos problemas disciplinarios de Di Canio. Salió de la Juventus después de enfrentarse con Giovanni Trapattoni y huyó del Milán cuando plantó cara al «sargento» Capello para aterrizar en el Celtic de Glasgow. Nombrado mejor jugador del año de la liga escocesa, Di Canio se negó a presentarse el verano siguiente en la concentración del equipo en Países Bajos y acabó saliendo por la puerta de atrás para aterrizar en el Sheffield Wednesday.

Allí protagonizó uno de los incidentes más famosos de su carrera al empujar al árbitro Paul Alcock después de ver una tarjeta roja en un partido contra el Arsenal, lo que le llevó a ser castigado con 11 partidos de suspensión y dos semanas sin sueldo. El italiano recibió luego varias multas del club, incluida una por no presentarse en un partido contra el Leicester. En el mercado invernal del año 2000 recaló en el West Ham, donde escribiría una de las páginas más loables de su carrera por su juego limpio al evitar marcar un gol durante un partido contra el Everton ante la lesión de un rival, lo que le llevó a recibir el FIFA Fair Play un año más tarde.

Flirteos con la extrema derecha

«Soy fascista, pero no racista», explicó en una entrevista a la agencia Ansa en 2005Superada la treintena Di Canio regresó a Italia para volver a jugar, catorce años después, en su adorada Lazio. El dinero no fue un problema para él, ya que aceptó bajarse el sueldo para vestir de nuevo la camiseta de sus amores. Todo un ídolo para los «Irreducibili», aquellos años exaltaron el ya agitado carácter de Di Canio. Sus saludos fascistas a la grada durante un derbi contra la Roma o en un partido ante el Livorno, dominada por la hinchada de izquierdas, levantó una polvareda política que alimentó el propio futbolista al declararse en una entrevista para la agencia de noticias Ansa «fascista pero no racista». En su brazo tiene tatuada la palabra «Dux», palabra latina para «Duce» utilizada para venerar a Benito Mussolini. «Estoy fascinado por Mussolini, creo que fue profundamente incomprendido. Engañó a gente, sus acciones fueron a menudo crueles, pero todo ello fue motivado por un propósito superior. Era una persona de principios, aunque al final comprometió su ética», escribió el italiano en su autobiografía.

La etiqueta de fascista le ha acompañado desde entonces. Al fichar como entrenador del modesto Swindown Town británico el sindicato GMB decidió romper el contrato de patrocinio con el club. Poco después Di Canio volvía a saltar a las páginas de los periódicos al criticar al un portero del equipo después de retirarle del campo a los 21 minutos de juego: «es el peor profesional que he visto en mi vida», dijo entonces. Semanas más tarde volvía a copar titulares por pelearse con un jugador de su propio equipo.

La polémica ha vuelto con su aterrizaje en el Sunderland de la Premier League, que ha derivado en la dimisión del vicepresidente David Miliband, ex Secretario de Estado de Asuntos Exteriores y hermando de Ed Miliband, líder del Partido Laborista. «No voto, no lo he hecho en los últimos 14 años. No solo por Berlusconi, al que no apoyo, sino por todos los políticos italianos. Solo piensan en ellos mismos y hacer dinero», explicaba Di Canio en 2011 en una entrevista al Independent, donde confesó su admiración por la filosofía samurai.

Di Canio ha tachado la polémica de su fichaje como «patética y ridícula»«Expresé mi opinión hace muchos años y algunas partes se aprovecharon a conveniencia del medio. Se interpretó mi expresión de una manera muy negativa. Fue una entrevista larga y no fue justo», ha respondido este martes Di Canio en su primera rueda de prensa como técnico del Sunderland. «No voy a hablar de política, no estoy en el Parlamento, solo quiero hablar de fútbo», ha sentenciado. Entre las voces críticas destaca la de la Asociación de Mineros de Durham (DMA), ligada históricamente al club, que ha tildado el fichaje de Di Canio como toda una «traición y desgracia para todos aquellos que pelearon y murieron en la lucha contra el fascismo».