Comedia de Red Bull en el cierre
Webber da las gracias a Vettel en el podio de Interlagos - EFE
FÓRMULA 1

Comedia de Red Bull en el cierre

Vettel deja ganar a Webber con la artimaña de unos problemas en la caja de cambios

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Cerró el telón la Fórmula 1 con una tramoya hilvanada de forma chapucera. Un provisional traspaso de poderes en el caserío donde la felicidad abunda. Red Bull humilló a la competencia con una comedia de Sebastian Vettel, quien cedió el triunfo a Mark Webber en aras de una convivencia confortable. Ahora que están permitidas las órdenes de equipo, que ya nadie se sonroja si un coche le cede la plaza a otro, en Red Bull se inventaron unas presuntas dolencias en la caja de cambios del bólido de Vettel para justificar el paripé. Ganó Mark Webber porque no lo había hecho este curso de euforia energética y porque Red Bull retoza en el bienestar y la prosperidad. [Así hemos contado la carrera]

Vettel había acabado con los sinónimos de los diccionarios. Ya no había epítetos ni adjetivos superlativos para contar su grandeza al volante, su pericia laboral los sábados, su estilo infalible a bordo del mejor coche de los últimos tiempos. No se había equivocado en ningún momento del año. El pinchazo de Abu Dhabi no cabía atribuirselo a él, sino a la mala suerte. Era casi perfecto. Pero ayer descubrió unas cuantas flaquezas que tienen poco que ver con las válvulas y las tuercas.

Entiende la sutileza con la finura de un elefante en una cacharrería. Y la soberbia ha entrado en su círculo de amistades.

No fue ingenioso ni perspicaz hacer creer a la concurrencia, unos cuantos millones de espectadores por todo el mundo, que tenía problemas con la caja de cambios. Adujo Red Bull que no podía poner la segunda velocidad en el tramo central del circuito, en las dos curvas (8 y 10) donde el coche se queda a unos escasos setenta kilómetros por hora. Cuando Webber adelantó a Vettel en el giro 28, los contratiempos del alemán cesaron. Vaya por Dios.

Red Bull ejecutó esa maniobra innecesaria. Hubiese bastado que Vettel se dejase pasar porque no hay ley que lo impida. Cada escudería administra sus piezas como le conviene, como si fuese la play.

Y destiló Vettel un punto de soberbia cuando comunicó por radio a sus ingenieros que “se sentía como Senna en el 91”. Comparación chabacana. Ayrton Senna es un tótem para las gentes de la Fórmula 1 y al germano le queda un largo camino para llegar hasta ese grado de fascinación, si es que algún día lo consigue. A Senna tuvieron que sacarle aquel día del coche, medio desmayado. Vettel solo gastó una broma sin gracia. Varios minutos más adelante, ya había conseguido un par de vueltas rápidas. Y Webber, que no ganaba desde Hungría en 2010 y pilota el mejor coche de la parrilla, se dio el gustazo de quitarse esa telaraña.

Fernando Alonso navegó a bordo de la frase del día anterior. “No siento emoción ni tristeza”. Ni siente ni padece con un Ferrari escaso, lleno de limitaciones, que está claramente por debajo de él. Salió potente y se merendó a Hamilton. Adelantó luego a Button y rezó cuando le tocó montar los neumáticos duros, su pesadilla. Button se acercó a su alerón en esos momentos y aprovechó con inteligencia el aliento largo del maratón. Lo adelantó a siete vueltas del final. “Bonito o feo, lo que necesito es un coche rápido para 2012”, clausuró el año Alonso, cuarto clasificado en Brasil.

Jaime Alguersuari salió mal y condicionó su remontada desde la profundidad. Lo hizo de maravilla el barcelonés y terminó undécimo, por delante de su compañero Buemi y ofreciendo otra demostración de que es un buen piloto de Fórmula 1.