Gran Premio de Estados Unidos

Mercedes, el gigante que impulsa a Hamilton

La multinacional alemana ha invertido casi 450 millones al año durante una década para ser el número uno

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El título que hoy pretende elevar al cielo de Austin Lewis Hamilton (20.10h, Movistar +), su quinto entorchado en la Fórmula 1, procede del blanco y negro. Proviene de la tradición secular de una marca que simboliza la historia del automovilismo. Tres bólidos alemanes con el logotipo de Mercedes concursaron en un gran premio en Le Mans en 1906. Héroes de entreguerras como Manfred von Brauschtisch o Bernd Rosemeyer ganaron carreras entre 1934 y 1936. El argentino Juan Manuel Fangio, a quien Hamilton aspira a alcanzar en el palmarés, condecoró a Mercedes en 1954 y 1955 con dos campeonatos de F1. Ausente como equipo oficial desde entonces, dedicada la marca a suministrar motores a otros coches, el gigante teutón regresó en 2010 para quedarse con el pastel. Una inversión cercana a los 450 millones al año ha barrido a la competencia. Desde 2014 no hay otro patrón en la Fórmula 1. Cuatro mundiales consecutivos a los que hoy Hamilton quiere poner la quinta estrella. Solo necesita ocho puntos más que Vettel para empezar la fiesta.

El retorno de Mercedes en 2010 fue a lo grande, sin reparar en medios. A finales de 2009, mientras casi todos los grandes fabricantes huían de la F1, la multinacional germana anunció la compra de la escudería Brawn GP, que había logrado el campeonato con Jenson Button gracias a aquellos difusores soplados. Daimler AG y Aabar Investments PJSC compraron el 75,1% de las acciones del equipo, que pasaba a denominarse Mercedes Grand Prix. La adquisición planteó muchas protestas dentro de Daimler-Benz, ya que la crisis económica golpeaba con fuerza a sus empleados. El grupo petrolero malayo Petronas se asoció como patrocinador principal. Y Ross Brawn rescató de la jubilación a Michael Schumacher con 41 años, el piloto con mejor hoja de servicios de la historia (7 títulos).

La inyección económica y el plan ambicioso dieron fruto al cabo de tres años. Nico Rosberg ganó el Gran Premio de China en 2012 y anticipó la visión futurista: Mercedes había llegado para dominar la Fórmula 1. Cuarto en el Mundial de Constructores en 2010 y 2011 y tres triunfos de Rosberg en 2012 anunciaron el gran salto. Mercedes fichó a Lewis Hamilton para licenciar a Schumacher, cuyo retorno había sido un fracaso.

Un año después de aterrizar en la factoría de Brackley, el centro de operaciones de la marca en F1 situado a unos kilómetros del circuito inglés de Silverstone, Hamilton dejó volar su talento. Once triunfos y primer título con Mercedes (ya tenía uno con McLaren, aquel de la última curva en Brasil 2008 que hizo llorar a Massa).

Respaldado por el soporte de una marca que gobierna el mercado de los coches de lujo (2,29 millones de unidades), Hamilton ha construido una sociedad productiva. Su destreza al volante y el pilar financiero del gigante.

En el balance de cuentas, Mercedes casi ha desplazado a Ferrari como primer inversor en tecnología F1. Su presupuesto de 2017, 498 millones, superaba los 473 del «cavallino rampante», los 430 de Red Bull o los 420 de McLaren.

Campeón en 2015, subcampeón en 2016 (se despistó fuera de la pista y venció su compañero Rosberg) y de nuevo en la cima en 2017, Hamilton se ha hecho de oro en el mejor de sus sueños. Su contrato de 35 millones, su estatus de estrella del rock y su quinto Mundial a la vista.