Sebastian Vettel, en el autódromo Hermanos Rodríguez de México
Sebastian Vettel, en el autódromo Hermanos Rodríguez de México - AFP

Fórmula 1Vettel y Ferrari ya no se adoran

El alemán, que sustituyó a Alonso en Maranello, no cumple con el objetivo de relanzar a la mítica escudería

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Otro año más, y van cuatro consecutivos, Sebastian Vettel y Ferrari se preparan para plegar velas y aplaudir a otro campeón de Fórmula 1. En el Gran Premio de México (20.10 horas, Movistar Fórmula 1 y Abc.es) que se celebra este domingo en el imponente autódromo Hermanos Rodríguez, Lewis Hamilton solo necesita acabar séptimo o mejor colocado para asignarse su quinto título. Será la cuarta decepción de Ferrari con Vettel, a quien fichó para sustituir a Alonso cuando este dio un portazo y se despidió de la escudería para vivir el imprevisto calvario de McLaren. El piloto alemán no gana, no cumple con el objetivo de relanzar la casa madre de la F1, y Ferrari sucumbe una vez más en una espiral derrotista para un equipo al que solo vale la victoria.

La semana ha sido compleja para Sebastian Vettel (31 años, 12 temporadas en la Fórmula 1). En Italia se le cuestiona. Los medios de comunicación, empezando por la influyente «Gazzetta dello Sport», se preguntan si el germano será capaz de conquistar «algún día» el campeonato con Ferrari. Duda retórica que implica un argumento sarcástico, como si el talento del piloto no fuese suficiente para combatir la fuerza de Hamilton y su Mercedes.

Vettel se enredó en Austin con Ricciardo y del error nació un trompo que lo condenó a las últimas posiciones y a la remontada. El teutón falló en la situación límite, en un match ball para Hamilton. También se había alterado en Italia y Japón, con la derrota a la vista. La jerarquía de Vettel está en cuestión. «No tengo ningún problema en admitir mis errores», ha declarado. «La situación parece mucho peor de lo que es». A estas alturas, cuatro años después, el alemán no ha terminado de asimilar que Ferrari es como la selección italiana de fútbol, fuente constante de debate, foco de polémicas y nido de tiranteces si no hay victorias. Vettel ha ganado trece grandes premios en cuatro temporadas en Ferrari, cuando le ficharon a golpe de talonario para suplir a Alonso. «Vengo al mejor equipo», dijo, pese a haber conquistado cuatro títulos con el Red Bull volador que diseño Adrian Newey. «Juntos situaremos a Ferrari donde merece», soñó.

El pasado fin de semana venció Raikkonen en Austin y retrasó el alirón de Hamilton, pero la felicidad no llegó a Ferrari. Raikkonen ha sido despedido para ascender al joven Lecreq y Vettel no era un tipo dichoso. «¿Buenas noticias? Desafortunadamente, tardaron demasiado tiempo», soltó el piloto, en tono crítico con su equipo.

En Italia se ha llegado a hablar de problemas personales de Vettel para explicar su deficiente rendimiento en este tramo final de curso. Secuelas del corazón como las que turbaron a Hamilton hace unos años, después de su ruptura con la cantante Nicole Scherzinger. Vettel, hermético, no abre esa compuerta. Y mientras tanto, la F1, que es un deporte despiadado, se ceba con sus errores. El juicio de Ross Brawn es muy valorado en el mundillo, Antiguo jefe de equipo en Ferrari con los cinco títulos de Schumacher, campeón mundial con aquel Brawn GP que conducía Jenson Button, es ahora director deportivo de la Fórmula 1. «No quiero poner a Vettel en el banquillo de los acusados, pero estos incidentes ya no se pueden ver como simples coincidencias».

Vettel no es un profesional con grandes adeptos. No se relacionó bien con su excompañero Ricciardo, quien le derrotó en su último año en Red Bull (2014). Chris Horner, director general de Red Bull, declaró que «Vettel y Hamilton se odian». Fernando Alonso no lo aprecia personalmente, considera que ha sido prepotente en la victoria y lastimero en la derrota. «Me ganaba el coche, no el piloto», señaló en sus años de batalla en Ferrari contra el Red Bull.

En esa tesitura se encuentra Vettel en estos momentos. Acuciado por la prensa italiana, zarandeado por los observadores y la crítica, sin apenas una posibilidad entre mil de evitar otro título de Hamilton.