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David Uclés: «Hay muchos futbolistas gais, deberían tener valor y admitirlo»
Con el bombazo literario de 'La península de las casas vacías' no ha dejado de ganar sextetes en apenas un año. Desinhibido, con una locuacidad revestida de humor y nada apegado a boato estelar alguno, el escritor de moda (Úbeda, 1990) ha prometido que, en breve, incluirá el fútbol en su literatura
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Iniciar sesión-¿Qué papel juega el deporte en su vida?
-Siempre he nadado. Tenía escoliosis y me ayudó mucho a enderezar la espalda. Pero ahora no hago deporte porque tengo una arritmia que me la quitan en unas semanas. Cuando me esfuerzo mucho vuelve a ... aparecer. Me aflige. Si estoy en el agua y el corazón se desboca, no me siento a gusto. Estoy deseando que me operen para poder volver a hacer deporte. Es súper necesario, como un antidepresivo natural.
-Usted salió escritor, por más que su padre pusiera todo de su parte para que fuera futbolista.
-Sí, me compró un traje de Koeman, porque a él le encanta el Barça. Pertenece a la peña barcelonista de Úbeda. Le fascina. Él quería que fuese futbolista. Pero yo dejé muy pronto de jugar al fútbol por el asma. Así que me iba con las niñas, porque los niños jugaban al fútbol. Creo que por eso soy homosexual; que se hace, no se nace. Me he criado entre mujeres y me gusta lo que socialmente ha de gustarle a las mujeres. Por lo menos, hasta hace poco.
-Eso ya ha cambiado. Y en usted, ¿nunca ha vuelto el interés, como aficionado?
-No especialmente. Veía los partidos de la Champions o el Mundial y he participado de esa euforia colectiva. Cuando ganamos la Copa del Mundo, estaba en Córdoba y me acuerdo de ir a los bares, ponerme la bandera y vivirlo intensamente. Pero con el tiempo me fui distanciando.
-¿Y eso?
-Pienso mucho y empecé a pensar que el fútbol alentaba ese sentimiento de tener que resaltar nuestro nacionalismo y nuestra cultura. Y esa necesidad de decir 'soy español', en lugar de ir a la guerra a luchar por su país como antes, se liberaba mediante el fútbol. Analizo mucho las cosas y me decía: no quiero formar parte de eso.
-El guerracivilismo presente en su libro es, también, una constante en nuestro fútbol.
-Sí, es curioso. No sé cuánto se fija el público en el juego en sí o en el resultado, en esa lucha verbal contra el enemigo, ese irte a casa contento porque ganó el equipo que representa tu tierra. Creo que ese sentimiento está en todos nosotros. He vivido muchos años fuera de España y me alegraba que ganara la selección. Y aunque rehúya de ese sentimiento nacionalista, me alegra que gane.
-¿Algún jugador en especial?
-Me han gustado muchos, físicamente. Están muy bien construidos. Me da igual que metan goles o no (ríe). En serio: sí sé valorar cuando hacen alguna jugada impresionante.
-¿Qué momento deportivo le ha hecho feliz?
-Una experiencia muy bonita: ver un partido sólo con la luz de la televisión. Me recuerda a mi infancia. Mi padre veía el fútbol así. Cuando lo hago yo, me parece que tengo ocho años y que estoy en mi casa, con mis padres. Me siento en paz, en calma.
-Curioso que no sea un título sino una escena.
-He tenido una infancia muy feliz. Y, dentro de unos años, cuando mi padre falte, creo que será una herramienta para acordarme de él. El fútbol, para mí, es mi padre.
-Tardó quince años en escribir su éxito de ventas. Hubo las dudas y altibajos emocionales. Podría ser la vida de cualquier futbolista.
-Con la diferencia del dinero. Antes era músico y temía lastimarme las manos o la garganta, porque me suponía una semana y media sin trabajar. Eso les pasa a ellos con las lesiones. La vida nómada, también es común.
-Ni medio guiño al deporte en su libro. Sólo una partida de ajedrez en la que Franco va eliminando rivales.
-Me lo estás diciendo y no había caído en eso. Tienes toda la razón. Tenía la intención y la ambición de hacer una novela total, que abarcara todo un período, con relatos que describieran gastronomía, orografía, sexo, nacimiento, muerte… Tienes razón: es una carencia del libro.
-Habrá que arreglarlo en otra edición...
-Claro, en una edición extendida. Hay una tregua, en la Batalla del Ebro y yo quería que disputaran un partido de fútbol, como en la Segunda Guerra Mundial, pero al final hice que se ducharan, porque llovía caliente. Era más erótico. Pero igual introduzco el fútbol también, que tiene su homoerotismo.
-¿Por qué cree que quieren hacernos creer que la homosexualidad en el fútbol no existe?
-Entiendo que, cuando no tienes un futuro labrado en la escuela pueden hacerte bullying. Pero a la edad de los futbolistas, con el dinero que tienen, con la libertad absoluta de la que gozan…Hay mucha homofobia y, si salen del armario, recibirían las bromas que no gustan y te cansan. A mí me pasaba en el cole. Deberían tener valor y dar ejemplo. Y hay muchos futbolistas homosexuales. Ponerse en la piel de todos los seguidores que tienen en colegios e institutos y les ayudaría ver que un referente lo admite. Tienen esa responsabilidad, en tanto que ídolos de jóvenes.
-Explíqueme qué es el realismo mágico, con un ejemplo deportivo.
-Por ejemplo, consistiría en organizar un partido al año entre dos equipos nacionales fuertes en el que no hubiera balón. Se lo tendrían que imaginar. Un ejercicio de compenetración y aceptación entre ambos bandos. Y si un jugador chuta y considera que ha marcado gol, el rival tendría que aceptarlo.
-A eso, algunos le llamamos ciencia-ficción. Pero no voy a discutirle eso al Balón de Oro de las letras españolas, que lo ha ganado todo.
-Bueno, los premios que me han dado han sido sin presentarme, de novela publicada. A los que me he presentado, los he perdido todos. Pero todos. Ahora estoy en primera división. Pero cuando estaba en tercera, no ganaba ni uno.
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-Nadie nace ganando. ¿A qué deportista admira?
-Me gustan aquellos que son un ejemplo de superación, que vienen de ambientes muy pobres o que han sido apartados socialmente por cuestiones racistas. Esos ejemplos los celebro mucho. Como Lamine Yamal. Dan esperanza y eso es muy necesario. Y lo que sí me emociona mucho son los Juegos Olímpicos. Más que el fútbol. Aunque, si veo un partido, me pongo nervioso. Y más si es España la que juega.
-¿Qué partido le gustaría presenciar, hoy?
-Me agobia mucho la gente.
-David, usted ya roza el nivel palco, hombre.
-Pues la final de un Mundial.
-¿Y qué hacemos con los vips?
-Me espero a que salgan todos.
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