Valverde, a su paso por meta
Valverde, a su paso por meta - EFE

Vuelta a EspañaValverde exprime el talento inagotable

Logra su primer triunfo en el muro de Mas de la Costa ante Roglic, Nairo Quintana y Supermán López

Lucena (Castellón)Actualizado:

Descienden los ciclistas como cuchillos por la cuesta acolchada de Lucena y gracias a esa protección evitan un panorama aterrador, barranco de piedra con visión en picado que conduce a las bellísimas entrañas del pueblo. Por allí pasa el Movistar en carroza, sus peones afanosos para cancelar escapados y procurar el escenario que enamora al personal. Una montaña en formato pared, una refriega estupenda entre los cuatros mejores de la Vuelta (que son Roglic, Quintana, Supermán López y Valverde) y un triunfo estelar, uno más, del murciano. Tipo incombustible a unos meses de los cuarenta años que no desprecia una oportunidad e impone su talento allá donde pisa. 127 victorias. Majestuoso. Hermosa la visión de un campeón del mundo extendiendo los brazos en Mas de la Costa. «Voy a cumplir 40 y a veces me sorprendo de estar a este nivel», resume alegre. Supermán López vuelve a ser el líder en este tránsito impetuoso por la Sierra del Espadán.

Pese a que la capital de provincia tiene como apéndice De la Plana, Castellón es la segunda circunscripción española más montañosa por detrás de Asturias. El interior es una cadena de pequeñas crestas, accidentadas serranías y carreteras equipadas de serie para el ciclismo, tan acogedoras. El Espadán, el Maestrazgo y las comarcas circundantes propagan una sucesión de fuentes, barrancos y masas rocosas de tierra dura, poco apropiada para el cultivo, pero sí para la cerámica. De Onda a Lucena, otro precioso balcón de la España profunda, se suceden las canteras, el suelo pródigo en arcilla y un sinfín de fábricas de azulejos y derivados que devuelven a la M30, tal es el flujo de camiones.

«Algo tenía que dar la tierra», dice una paisana en Figueroles que celebra como día festivo la proximidad de la Vuelta.

Sony le va a regalar la play-4 a Madrazo, como quería, el Education First sigue perdiendo efectivos (Van Garderen, tocado Higuita, además de los caídos Urán y Carthy) y Alejandro Valverde junta otra victoria en su inigualable hoja de servicios. La Vuelta es un espejo del costumbrismo.

En el manual moderno de usos, el público del ciclismo ya no se destroza las palmas de las manos para aplaudir a los gladiadores, sino que se hace selfis y busca la imagen perpetua antes que el regalo a los corredores. Por Lucena ya tiene en mente Alejandro Valverde la foto del día. Esa que se ha reproducido antes 126 veces.

En el paredón de Mas de la Costa, el Movistar ha capturado al venerable belga Philippe Gilbert y al colombiano Sergio Henao. El Jumbo aporta valor con el joven americano Sepp Kuss. Y la montaña hace el resto. Nairo Quintana se ha sacudido el polvo de tantos años a la sombra de otros, cauto y desprovisto de vértigo. Ataca, como atacó camino de Calpe, y la Vuelta se dibuja en cuatro figuras, los cuatro ciclistas que afloran en cabeza. Nairo, Roglic, Supermán López y Valverde.

Nadie más se aproxima a ellos. Majka, Pogaçar, Aru y el joven Óscar Rodríguez están en el otro escalafón. Roglic ofrece una estampa perfecta, sentado, sin mover un músculo en las rampas del 20 por ciento. Supermán se contiene y Valverde hace la goma porque la severidad de la cuesta frena cualquier esfuerzo.

Nairo se siente como liberado, sin corsé, y vuelve a azotar al trío en el tramo de cemento, giro a la derecha donde la ladera todavía se empina más. Tres veces vuelca su ímpetu el colombiano y tres veces replica Roglic, agrupando al cuarteto. No hay apenas diferencias entre ellos.

El Movistar juega bien las cartas porque Nairo se puede escapar y Valverde es más rápido que todos en cualquier final. El desenlance de una jornada impecable para el conjunto telefónico llega de su buque insignia. El campeón del mundo mide resolutivo la distancia, arranca como un anguila que se retuerce en el río y, otra tarde más, extiende los brazos hacia la eternidad.