Virenque, el compañero del sufrimiento

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Lo dice en su libro autobiográfico, «Más fuerte que antes». Ama el sufrimiento. El tiempo es su compañero y su punto fuerte. Con tiempo restañó las heridas del Festina, de las tres semanas en un juzgado de Lille en el que dijo «sí, me he dopado», del viaje de retorno a un pelotón que lo recibió con recelo. Han pasado cuatro años y Virenque ha recuperado el tiempo.

El Tour del año pasado fue su purgatorio. No participó por primera vez en nueve años a consecuencia de la sanción de nueve meses que le impuso la Federación Suiza -vive en Ginebra- por admitir su dopaje en el Festina. El Tour vuelve a ser su redención, la carrera que le ha dado y quitado todo en dos periodos de su vida. Ya ganó hace dos años una etapa en Morzine, con el Polti, pero era el Virenque de entreguerras, el que esperaba ansioso el proceso de Lille.

El nuevo Virenque corre para el Domo, el equipo que le abrió la puerta de la regeneración y le reintegró al ciclismo hace un año (el 15 de julio en Quillan). El conjunto que le permitió preparar este Tour con un masajista. Virenque ha inspeccionado todos los puertos del Tour 2002, uno por uno, en soledad, sin compañeros ni amigos. Ni siquiera su mujer, su alma gemela en estos cuatro años de juicios y penurias. «Sólo vi vacas y marmotas». Luego se recluyó en Navacerrada, lejos de la presión francesa, y se dejó aconsejar por Jeannie Longo, la inoxidable campeona francesa, para mejorar contra el reloj. Ayer llegó al Mont Ventoux para confirmar que había titulado su libro con la agudeza del mejor periodista, «Más fuerte que antes».