Fernando Gaviria con el maillot blanco, el de mejor joven
Fernando Gaviria con el maillot blanco, el de mejor joven - AFP

Tour de FranciaGaviria, plata sin plomo

El velocista colombiano rompe el molde del «escarabajo» escalador y aspira a ser el nuevo Peter Sagan

CholetActualizado:

«En Europa todavía me preguntan si vivir en Colombia es peligroso», se extraña, casi se indigna, Fernando Gaviria, el primer ganador de etapa de este Tour y el heredero de Peter Sagan. Buena parte de la culpa de esa pregunta insistente la tiene otro Gaviria, Pablo Escobar Gaviria, el narcotraficante que levantó el Cartel de Medellín y que ahora, tras morir en 1993, ha resucitado con una serie de televisión. «Plata o plomo», era su lema. Escobar dejó un río de sangre y alguna frase: «Todo lo peligroso se convierte en plata». Unos meses después de lamuerte de Escobar y cerca de Medellín, en La Ceja, nació Fernando Gaviria. Colombia empezaba a ser otra. El crío tuvo, como recordó en el periódico «El Tiempo», una «infancia libre», en el campo, con los caballos, que son su debilidad. Hoy, con sólo 23 años, Gaviria manda entre los purasangres del sprint. Y quiere más: ser como Sagan, el tricampeón mundial, la referencia. No frenará hasta conseguirlo. A por esa plata, pero sin plomo.

Es tan veloz que le apodaron «El Misil». No le gustó. «Es una palabra que entraña violencia», replicó. Gaviria es la nueva Colombia, un país empeñado en la paz. A los tres años agarró una bicicleta y enseguida mantuvo el equilibrio. Hábil. Quería ser como su hermana, Juliana, patinadora. Desde los 7 a los 12 años pateó sobre esas ruedas pequeñas. Era bueno. Le gustaban las pruebas de patinaje de eliminación. Los duelos. Juliana, tres años mayor, colgó luego los patines y se dedicó al ciclismo, el deporte familiar. El padre, José, había sido corredor. Con 13 años, Fernando seguía queriendo ser como Juliana. Al ciclismo, pues.

José le impuso la formación en el velódromo, la gran escuela. Ahí se aprende a correr en pugna por un metro cuadrado. Con el Renault-4 familiar iban desde La Ceja al velódromo de Medellín. Mientras Juliana crecía, ganaba los Panamericanos y llegaba a los Juegos Olímpicos de Londres 2012, Fernando se convertía en un proyectil. Voraz. En la pista no perdonaba. «Veo a los otros ciclistas como rivales, no como amigos», declaró. En aquella época y para acudir al Mundial de Nueva Zelanda, la selección colombiana impuso como requisito que los corredores se pagaran el viaje. Eso le cerraba las puertas a Fernando, enedad juvenil. «Pero se lo puse difícil. Gané cuatro de las cinco pruebas en el campeonato previo y me tuvieron que llevar», recuerda. En Nueva Zelanda consiguió la medalla de oro. Un colombiano campeón del mundo de pista. Ya no eran sólo escaladores, «escarabajos». Otra Colombia. Más plata y menos plomo.

Gaviria guarda toda la pólvora en las piernas. Su primer gran disparo aún resuena. Fue en la Vuelta a San Luis 2015, una carrera argentina de primeros de año. Hasta allá iban los ciclistas europeos para buscar sol. En aquella edición estaba Mark Cavendish, entonces el mejor velocista del mundo. En el sprint, todos vigilaban la rueda del británico. Menos uno. Un colombiano de 20 años. Gaviria eligió su camino y los batió, incluido Cavendish, como si nada. Les quitó las pegatinas al rebasarles. «Esa noche no dormí», apunta. Al día siguiente escuchó en boca de otros ciclistas que su triunfo había sido una casualidad. Así que lo repitió. Cavendish, por Twitter, lo anunció: «Viene un grande». El equipo belga Quick Step fichó de inmediato a Gaviria. Tom Boonen estaba ya cerca de la jubilación. Gaviria era el elegido para el relevo.

El lugar de Boonen y Cancellara lo ha ocupado Peter Sagan, «el mejor corredor del mundo», según Gaviria. El joven colombiano se hizo tatuar un tigre. Así pedalea. A zarpazos. En 2016, en su debut profesional, ganó la París-Tours. Un año después puso su nombre a cuatro etapas del Giro de Italia. Esta pasada primavera se rompió una mano en la Tirreno-Adriático y no pudo estar en su primer gran objetivo, la Milán-San Remo. Eso le dolió más que el hueso roto. Con la primavera truncada se fijó en el verano, en su estreno en el Tour. Y el sábado ganó la primera etapa y se vistió de líder. Otra irrupción. Es su estilo. No pudo pelear por la segunda jornada porque una caída desbarató el sprint. Sagan se quedó con ese triunfo. El eslovaco es el modelo de Gaviria. Sagan sabe, lo ve cada día, que el colombiano ha venido para quedarse con su espacio. Se parecen.

«Desde hace tres años vemos que Gaviria es el ciclista llamado a ocupar el sitio de Peter», asume Patxi Vila, director de Sagan. «Ya es más veloz y con el tiempo peleará por las clásicas». Sagan se ha impuesto esta temporada en la París- Roubaix. «Es la carrera con la que sueño», repite Gaviria. Un ciclista de Colombia, el país de los escaladores, soñando con la gran clásica del pavés. Otra Colombia, llena de plata ciclista y sin plomo.