Chris Froome y Mikel Landa
Chris Froome y Mikel Landa - AFP

Tour de FranciaCuando Froome era como Landa

En el Tour de 2012, el equipo Sky frenó al británico de origen africano en favor de Wiggins

ParísActualizado:

En casa, a Iñigo Elosegui le han contado muchas veces que a su abuelo no le dejaron ganar el Tour de Francia de 1966. Elosegui tiene 19 años y se está haciendo ciclista en la Fundación Euskadi. Su abuelo es José Antonio Momeñe, de Zierbena y miembro de aquel mítico equipo KAS dirigido por Dalmacio Langarica. Elosegui conoce bien la historia, forma parte de la familia. Momeñe se metió en un fuga. Acertó. Era la escapada buena y podía cambiar el destino del Tour. Eran los tiempos de Anquetil y Poulidor. Y del KAS, que entonces se desvivía por dominar la clasificación por escuadras. Por cumplir ese objetivo, Langarica mandó parar a Momeñe. Los otros corredores de la fuga se echaron las manos a la cabeza. «¡Estás loco, Momeñe. Sigue, que puedes ganar el Tour!». El vizcaíno obedeció a Langarica, perdió su oportunidad y fue al final cuarto en París superado por Aimar, Janssen y Poulidor. Momeñe ya no está, pero en su casa sigue rodando esa historia. No es única.

A Chris Froome y a Mikel Landa también les ha sucedido. Al británico le pasó en el Tour de 2012 y ha tenido tiempo para escribirlo todo en su biografía, «El ascenso». La ocasión perdida del alavés es reciente, de la Grande Boucle que terminó ayer con victoria -cosas del destino- de Froome. En su libro, el corredor nacido en Kenia recoge muchas escenas de la edición de 2012, en la que pese a ser el más fuerte tuvo que plegarse a las órdenes del equipo Sky y facilitar la victoria final de Bradley Wiggins, el preferido de la afición inglesa.

Froome, que se impuso en la cima de La Planche des Belles Filles aquel año, refleja así lo que pasaba por su mente: «Cuando sea viejo no me gustaría subir en las rodillas a mis nietos y decirles que yo pude ganar un día el Tour, pero que preferí dejar pasar la ocasión por ser un buen soldado, por el equipo». Aun así, ese año y a regañadientes, se puso al servicio de Wiggins. Luego se ha resarcido: ya tiene cuatro Tours.

Landa ha sido esta vez el Froome de 2012. Y Froome ha hecho de Wiggins. Desde hace seis ediciones, el Tour corre al dictado del Sky, que reparte los papeles y los galones. Sólo Nibali en 2014 ha roto la hegemonía de la escuadra británica (Froome se retiró por caída). Al repasar las páginas de «Mi ascenso» se descubren párrafos redactados por Froome que bien los podría haber escrito hoy Landa. Tras se segundo en la Vuelta a España de 2011 tras Cobo y por delante de Wiggins, a Froome le hicieron una promesa en el Sky: «Si te quedas con nosotros, te garantizamos el estatus de favorito en el Tour». Pero luego, en la ronda gala de 2012, resultó que el único líder fue Wiggins. «Y yo -cuenta Froome- me encontraba en aquel Tour en la mejor forma de mi vida».

A Landa, en el Sky le garantizaron la plaza de jefe de filas en el pasado Giro. Humo. Cuando llegó la carrera tuvo que compartir el mando con el galés Geraint Thomas. Dos líderes. Lo dos se tropezaron con aquella moto policial mal estacionada y perdieron sus opciones. Eso evitó el debate. Al alavés no le gustó la falta de confianza del Sky en su posibilidades. Los Dolomitas le dieron la razón: ganó un etapa y pudo llevarse tres. Acabó como mejor escalador. Y su equipo le reclamó para el Tour, para ayudar como en 2016 a Froome. Ha cumplido: en cada etapa de montaña ha tirado de él. Le ha protegido y le ha lanzado en las metas. Incluso ha tenido que sacrificar su opciones de vencer en etapas y de subir al podio. A un segundo se ha quedado de ese tercer cajón.

En su declaraciones, Froome le ha agradecido ese trabajo. «Mikel ha estado fantástico. Ha atacado para desgastar a mis rivales», dijo en la meta del Izoard. En esa etapa, la última de montaña, la ocasión final para que el alavés se llevara el premio de un triunfo, viene la decepción de Landa. Su tristeza. Llevaba días remolcando a su líder, incluso esperándole y, al fin, le desataban las piernas para buscar la meta del Izoard y, de paso, unos segundos de renta para pelear por el podio. Fue una libertad fugaz, de apenas medio kilómetro. Froome aceleró por detrás y arrastró con él a Urán y Bardet, los rivales de Landa en la lucha con el cajón. Al alavés le dolió esa reacción. Tragó bilis y volvió a obededer. Se puso a tirar de Froome para prepararle el esprint. En esa rampa final perdió ese segundo que le ha bajado del podio. El Sky ha ganado con Froome, pero nunca ha pensado en Landa. Eso le escuece.

Froome conoce esa sensación. En su libro está. Cuando el africano venció en La Planche des Belles Filles, Wiggins, líder del Tour 2012, dijo: «Ha sido un gran día para el equipo. Ahora que Chris ya ha ganado una etapa podrá consagrarse por entero a mi victoria en este Tour». A Froome le enervó escucharlo: «Fue muy arrogante. Era como decir que yo ya había tenido mi cuarto de hora de gloria y que ahora iba a hacer mi verdadero trabajo, ser su gregario». En aquella edición de la Grande Boucle, las cámaras desvelaron la realidad: Froome se veía obligado a esperar a Wiggins en los finales en alto. Los periodistas empezaron a preguntarle si podía ganar la carrera. «Les respondía que yo estaba allí por Wiggins. Eso era todo». Teatro.

El colmo eligió otra cima que también se ha subido este año, Peyragudes. Valverde iba escapado. Así lo cuenta Froome: «Me acerqué a Wiggins y le dije que Nibali (su rival) iba carbonizado. Le pedí permiso para ir a por Valverde y la victoria de etapa». Era lo que habían pactado la noche anterior. Un premio, al menos. Wiggins negó con la cabeza. Le dijo que Valverde estaba ya muy lejos. Falso. El murciano, al límite de sus fuerzas, rodaba sólo unos segundos por delante. Froome, rabia pura, tuvo que volver a frenarse. Y lo entendió todo: «La historia de aquel Tour estaba decidida antes de la primera etapa. Wiggins debía ganar. Punto. Misión cumplida. Nosotros no habíamos hecho más que interpretar una pieza de teatro».

Cinco años después, el escenario del Tour ha asistido a otra versión de la misma obra. Froome ha sido Wiggins y Landa ha hecho de Froome en 2012. El Sky tiró a por Landa cuando al alavés se fugó camino de Rousses y de Foix. Y el día del Izoard no le dejó ni pelear por la etapa ni por el podio. Por ese tercer puesto que se le ha ido por un segundo. Ni siquiera el último día, en el circuito de París, Landa ha tenido respaldo. «El paseo hasta París es para los velocistas, no para luchar por el podio», coincidieron Froome y Nicolás Portal, director del Sky. De nuevo, otra orden a acatar por Landa: nada de buscar un hueco, un descuido de Bardet, y arañarle ese segundo que vale una plaza en la gran foto de los Campos Elíseos. La historia prevista por el Sky no contempla ese anexo.

A Landa le queda un consuelo. Se lo enseña Froome. Tras aquella decepción de 2012, ha ganado cuatro veces el Tour. Con el Sky, eso sí. El alavés tendrá que emigrar para no tener que sentar a sus nietos en las rodillas y contarles que una vez, en 2017, pudo ganar el Tour. Tiene tiempo para buscar más ocasiones. Momeñe, que también acabó cuarto en 1966, se largó del KAS al Fagor.