Tour de FlandesBettiol sorprende al mundo en Flandes

Notable debut de Alejandro Valverde, octavo, integrado hasta el final en el grupo de los favoritos

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La recta en Oudernaarde se le hizo infinita a Alberto Bettiol, italiano medio desconocido vecino de Siena, pasajero de una sorpresa indefinida. Su primera victoria como profesional fue una pieza mayúscula, el Tour de Flandes, segundo monumento del curso, 103 ediciones de muros y adoquines, en el que debutó con notable presencia Alejandro Valverde, octavo y siempre integrado en el grupo de los mejores. Era medio imposible que el campeón del mundo conquistase Flandes en su estreno (hacía 52 años que no vencía un novato), aunque en la fase caliente de la prueba dio la cara como un jabato. Honró el maillot arcoíris. Inevitable pensar que debió comparecer en esta carrera mucho antes.

Cualquier manual ciclista impone una liturgia de experiencia para superar los colinas de piedra de Flandes, la carrera de un día más excitante de cada temporada. El doble pliego de cinta en el manillar para evitar el traqueteo de la bici, la obligatoria necesidad de subir sentado las cotas para evitar patinazos, el sentido táctico en 270 kilómetros para no gastar más watios de los imprescindibles…

Todo lo que han aprendido Sagan, Van Avermaet, Stybar, Jungels o Kristoff durante lustros lo asimiló en algo más de seis horas de carrera Alejandro Valverde, magnífico su comportamiento y decisión para interpretar cada recoveco de la Bélgica rural y flamenca.

En cabeza por el Muro de Grammont, los primeros pasos por el Paterberg y el Kwaremont, Valverde navegó durante muchos kilómetros grapado a Sagan, quien no está en su mejor forma pero es el referente de estas carreras por su descaro y su influencia.

No hubo esta vez en Flandes una piedra angular, un punto nuclear sobre el que articular los movimientos. Muchos intérpretes, numerosos equipos protagonistas y 30 aspirantes a la victoria en los últimos 30 kilómetros.

El luxemburgués Jungels atacó firme en el Kruisberg, unos minutos después de la caída del joven nieto de Poulidor, Mathieu van der Poel, hiperactivo en Flandes y demasiado impetuoso en su debut pese a que la clase le sale por los costados. Se cayó al romper una llanta y se recuperó, pese al costalazo, para estar con los mejores. Siempre los Deceuninck al mando o al quite, como el equipo Education First, tapado por las otras estrellas y que a la hora de la verdad, impulsó al italiano Bettiol a la cumbre del Kwaremont sin que ningún favorito se diese por aludido.

Valverde se exhibió ambicioso, como un niño juguetón, empujando al pelotón a la caza que no se consumó porque en la veintena de elegidos para el sprint cada uno era de un equipo. Se vio al Movistar activo y preparado, a Valverde enganchado a los muros, pero en estas carreras un detalle decide. Nadie reparó en Bettiol, el chico 25 años, que se consagró en en el corazón del ciclismo.