Ciclismo

Multas para los ciclistas por lanzar los bidones

Para proteger el medio ambiente, la UCI penalizará a los corredores profesionales que lancen botes o residuos a la cuneta

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Una de las imágenes simbólicas del ciclismo profesional, esa que conecta al corredor con el aficionado en la cuneta, está a punto de desaparecer en aras del medio ambiente. La Unión Ciclista Internacional (UCI) ha avanzado hacia el ciclismo 3.0, el que pregona un mundo sostenible, libre de plásticos. Esta temporada ha entrado en vigor la medida que castiga a los profesionales con multas que oscilan entre los 170 y los 900 euros por arrojar bidones de agua u otros residuos (bolsas, envases, geles...) a la carretera.

El bidón es algo más que una herramienta de alivio contra la fatiga para los ciclistas. Es un fetiche para los admiradores, para todos los seguidores que convierten una etapa del Tour o la Vuelta en un festival de color y emociones en los arcenes. El Alpe d’Huez, montaña emblemática del Tour, suele acoger 200.000 personas en sus 13 kilómetros y 21 curvas hacia la cima. Todos los seguidores que acuden a este puerto o a cualquier otro de los hors categorie esperan una recompensa a tantas horas de espera: el bote de agua lanzado por un ciclista.

El ejemplo de Bennett

Es la pérdida del romanticismo en beneficio de la sostenibilidad. «No es aceptable en nuestros días dejar caer un bote de líquido o cualquier basura en la carretera», argumenta en favor de la normativa Philippe Marien, juez de la UCI.

Los nuevos tiempos del ciclismo, con el presidente francés David Lappantiert a la cabeza, promueven otra imagen, más limpia y menos contaminante. Uno de los vídeos virales en los últimos tiempos fue el maravilloso gesto del neozelandés George Benett en la pasada Vuelta a España. Mientras subía un puerto en Andorra, descolgado del pelotón, esperó a un niño que lo animaba para entregarle en mano su botellita de agua.

«Tenemos la obligación de controlar cualquier posible daño al medio ambiente –ha dicho Lappantiert–. En particular el flujo de residuos, incluidos los bidones».

El ecosistema que ya se ha puesto en marcha en las carreras europeas consiste en unas zonas de desecho de residuos habilitadas por la organización, justo antes y después de la franja delimitada para el avituallamiento. También habrá un tramo para arrojar desperdicios veinte kilómetros antes de la meta, ese periodo en el que los velocistas tratan de aligerar peso para ejecutar un sprint potable.

El reglamento multará con mayor contundencia a los ciclistas que se deshagan de un bidón «medio lleno lanzándolo al público de manera peligrosa». La costumbre de elevar la cabeza y tirar el bote al campo por encima del pelotón ya no es bien recibida en el ciclismo. Los modernidad exige que cunda el ejemplo de George Benett.