Tour de Francia

Francia exige a Enric Mas que se sacrifique por Alaphillipe

La opinión pública francesa pide que el balear olvide sus opciones en la general para defender el liderato

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«Cuando pruebas una vez el maillot amarillo, quieres volver a probarlo». Adictivo. La atracción del éxito. Julian Alaphilippe se agarrará hasta donde pueda al liderato. Está obligado. Francia lo espera. No le piden que gane la carrera, pero sí que luzca el maillot amarillo el mayor número de días posible. Y esa misión, de rebote, comienza a pesarle en los hombros al debutante Enric Mas, compañero del francés en el conjunto belga Deceuninck. El balear, situado en el puesto 11 de la general y segundo en la pasada Vuelta a España, es uno de esos dorsales que parecen tener asegurado un hueco en el futuro. Pero ahora, tiempo presente, en Francia le piden que se sacrifique por Alaphilippe. Y él, Mas, asume su papel. «Sabíamos que íbamos a trabajar para recuperar el maillot amarillo», repetía. En la salida, el líder era Giulio Ciccone con 6 segundos de renta sobre Alaphilippe, que hoy, 14 de julio, fiesta nacional francesa, viste de nuevo el maillot amarillo. El color de la bandera del Tour.

La presión sobre Mas no cesa. La crónica del diario L’Equipe de la etapa de La Planche des Belles Filles pedía el sacrificio del corredor mallorquín. Ese día Alaphilippe cedió el liderato por 6 segundos. Ciccone, segundo en la cima tras Teuns, rentabilizó la fuga. El mánager del Deceuninck, Patrick Lefevere, reconoció que su equipo había cometido un error. Dejaron demasiado tiempo a los escapados y confiaron en exceso en la reacción final de las escuadras con candidatos al podio. Pero sólo Mikel Landa se movió. La pelea entre los demás se redujo a los 500 metros finales. Ahí, Alaphilippe atacó, pero ya era tarde. L’Equipe no entiende que Mas se dedique a defender su decimoprimera plaza en la general en lugar de proteger a su compañero galo. Ese mensaje fue repetido ayer por los locutores de la televisión francesa durante la retransmisión de la octava etapa.

«Me encuentro mejor de lo que esperaba», dice Alaphilippe, que no renuncia a nada, aunque es consciente de sus limites en la alta montaña. Cada mañana, un pelotón de cámaras acude a buscarle. Para salir del autobús, Enric Mas tiene que sortear ese enjambre. «Me está gustando el Tour. Es muy nervioso. Y se va a una velocidad de locos, pero me está gustando», asegura. Desde el primer día insiste en que su meta es «coger experiencia». «Más que en luchar por el podio, pienso en estar entre los diez primeros», se fija como meta en su bautizo en la Grande Boucle. Aún tiene 24 años y ya ha sido segundo en la Vuelta a España de 2018.

Ese lugar en el podio le sirve de referencia. En la Vuelta lo pasó mal durante la primera semana. Estuvo enfermo. Hasta pensó en la retirada. Pasó la jornada de descanso en la cama, con fiebre. Y se recuperó. Acabó la carrera en plenitud, con un triunfo de etapa en Andorra y con la confirmación de que es un ciclista para carreras de tres semanas. Ha empezado a cumplir la profecía que sobre él dictó Alberto Contador: «Enric es mi heredero». A su edad, 24 años, ganó el madrileño el primer Tour.

Enric Mas pedalea sobre su propio camino. Descubre la Grande Boucle. En medio del bullicio que genera Alaphilippe, el balear habla con calma. «Llevamos todo el Tour tirando. El equipo necesita descansar. Queda mucha carrera y no podemos coger la responsabilidad cada día», aconsejaba ayer en la salida, pero tener de nuevo el liderato les obligará a desgastarse aún más. Son las servidumbres del maillot amarillo. La voz de Mas, tan suave, se la tragaba el gentío que arengaba a Alaphilippe, un ciclista espectacular, número uno del mundo e ídolo francés. «Haré todo lo que pueda por recuperar el maillot amarillo», prometía el galo en la salida. Cumplió y lo consiguió. Tendrá a Mas a su servicio.