Diálogo en euskera para despistar a los radio-espías

ZARAGOZA. J. C. C.
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Igor González de Galdeano quiso saber por el auricular si tenía permiso para atacar. A siete kilómetros de la meta, en el interior del coche del ONCE-Eroski se recibió el mensaje con cautela. Era una sorpresa la intención del vitoriano. La Vuelta, como cualquier otra carrera, es un berenjenal de telecomunicaciones que se cruzan. Y para esquivar las interferencias, Manolo Saiz le concedió autorización en su lengua vernácula. Aprovechó la presencia de Marino Lejarreta en el vehículo para comunicarse con Igor. Lejarreta largó una parrafada en euskera sólo al alcance lingüístico de Julián Gorospe, el director del Euskaltel. Igor, frenético por la conquista a su alcance, captó incrédulo la bendición.

El motivo de este conflicto idiomático son las radio-espías. Todos los coches de los equipos albergan una emisora capaz de conectar con las frecuencias internas de los demás conjuntos. De este modo recogen un insospechado caudal de información procedente del enemigo. Como en las películas del agente 007, los coches parecen versiones en miniatura de los espías: altavoces, televisiones, radios, intercomunicadores, ordenadores portátiles... Manolo Saiz desorientó a sus adversarios merced a un quiebro en el lenguaje. Según dice, las radio-espías funcionan a pleno rendimiento en esta Vuelta: «Parece que los demás equipos reaccionan según las órdenes que les transmito a mis corredores por el auricular».