Démare celebra la victoria a su paso por la línea de meta
Démare celebra la victoria a su paso por la línea de meta - AFP
Giro de Italia

Démare (FDJ) gana el esprint en Módena tras una fea caída que anuló a varios rivales

El ciclista local Valerio Conti mantiene el liderato

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El ciclista francés Arnaud Démare (Groupama-FDJ) ha ganado la décima etapa del Giro de Italia, disputada este martes entre Ravenna y Modena sobre 145 kilómetros, al superar al esprint a Caleb Ewan (Lotto Soudal) o Elia Viviani (Deceuninck-Quick Step) después de una fea caída en el último kilómetro que eliminó, entre otros, al líder de la regularidad Pascal Ackermann (BORA-hansgrohe).

Sin tiempo perdido para los afectados, directa o indirectamente, por esa caída en dos puntos distintos a 800 metros de la meta ya dentro de la zona de protección, la etapa se la lleva un Démare que había firmado un segundo y un tercer puesto previamente en este Giro de Italia y que aprovechó el tener un camino más limpio hacia el éxito.

Démare se quedó sólo por el lado izquierdo de la batalla final, haciendo la guerra por su cuenta para lograr la ansiada victoria en este Giro de Italia que venía buscando desde la segunda etapa, finalizando siempre en el 'Top 10' en las etapas con final al esprint.

En cambio, Elia Viviani (Deceuninck-Quick Step) se quedó de nuevo con la miel en los labios. Acumula, con el de este martes, tres segundos puestos en lo que va de Giro. El campeón italiano, que no tiene esta vez a todo el equipo pendiente de él en las llegadas, se quedó muy sólo tras la caída y decidió seguir la rueda de Caleb Ewan (Lotto), superándole pero sin ver que Démare ya iba como un cohete a su izquierda directo al podio.

Rüdiger Selig (BORA-hansgrohe) fue tercero, salvando el honor del equipo tras verse claramente afectado por la caída de su líder Pascal Ackermann, mientras que Ewan entró cuarto y Giacomo Nizzolo (Team Dimension Data) completó el 'Top 5' de un esprint de gran nivel, a gran velocidad, pero que se vio mermado y deslucido por la caída previa.

Y es que el líder de la regularidad Pascal Ackermann, que mantiene la 'maglia ciclamino' por un punto de ventaja sobre Démare, fue el otro protagonista, sin quererlo, de la etapa. Se llevó la peor parte en la caída, con arañazos y cortes en su parte derecha del cuerpo, tanto en el muslo como en el torso y el brazo. Pudo entrar sobre la bici en meta, pero este miércoles, en otra previsible llegada masiva, podría estar más que dolorido.

La caída, que se inició en la parte derecha de la marcha pero que también tuvo otro foco clave en la zona izquierda, por delante de donde Ackermann se fue al suelo, dejó conmocionado a Matteo Moschetti (Trek-Segafredo), cuarto y quinto clasificado en la tercera y quinta etapa, y anuló también a Simone Consonni (UAE-Team Emirates), entre otros.

Antes de la caída, estuvo cerca de evitar el triunfo de Démare el veterano español Fran Ventoso (CCC Team), que cuando intentaba colocar a su jefe de filas Jakub Mareczko al frente del pelotón vio que estaba solo, que tenía hueco, y atacó a falta de 2,7 kilómetros para ser neutralizado ya dentro de la recta final, a escasos metros de la gloria.

La etapa, totalmente llana, no permitió esta vez que la escapada cuajara y tuviera éxito. De hecho, sólo dos valientes lo intentaron, ya desde el kilómetro 0, pero ni Luca Covili (Bardiani-CSF), ciclista nacido en la provincia de Módena, ni el japonés Sho Hatsuyama (Nippo-Vini Fantini), evitaron ser cazados por el pelotón a falta de 30 kilómetros de la meta.

Poco antes el ruso Viacheslav Kuznetsov y su compañero de equipo Enrico Battaglin se fueron al suelo, a 42,7 kilómetros de la meta. Lo que tenía que ser una etapa de transición, después de la jornada de descanso de este lunes, terminó por dejar consecuencias físicas a varios de los velocistas de este Giro que sigue sin dejar a nadie indiferente.

Habrá que ver si este miércoles, en una undécima etapa que partirá de Carpi y llegará a Novi Ligure tras 221 kilómetros, será parecida o si bien será tranquila hasta esta previsible lucha al esprint, salvo que una escapada lo impida en otra jornada muy larga pero totalmente llana.