Alberto Contador coge la «pole»

Fernando Alonso siguió en coche al madrileño, magnífico en el prólogo de Mónaco y sólo superado por Cancellara

J. GÓMEZ PEÑA | MÓNACO
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En 1905, un joven profesor puso un anuncio en un periódico de Berna: Albert Einstein, un emigrante veinteañero, acababa de llegar a la capital suiza y necesitaba un sobresueldo. Ese año y allí elaboró su revolucionaria Teoría de la Relatividad. De Berna es Fabien Cancellara, ganador ayer del prólogo del Tour en Mónaco. Líder relativo. Pesa 80 kilos, 18 más que Contador, líder real y segundo en los 15,5 kilómetros de la primera etapa del Tour. Los dos líderes del día. Cancellara lo es del Tour y Contador, del Astana: aventajó en 4 segundos a Kloden, en 12 a Leipheimer y en 22 a Armstrong, décimo al final. Los tres, según los estatutos del equipo anunciados por Bruyneel, estarán a partir de ahora a su servicio. Eso juró el mánager belga: el cronómetro designará al patrón de la escuadra. A Contador. Aunque como descubrió Einstein, todo es relativo.

Sobran ejemplos. Ayer, en Mónaco, en pleno inicio del Tour, el protagonista no era ni Armstrong ni el príncipe Alberto. Su lugar lo ocupó un piloto: Fernando Alonso. De profesión, rodar a 300 kilómetros por hora en su Renault. De afición, pedalear a treinta por hora sobre su bicicleta. «Yo sería un esprinter, más que un escalador». Es lo suyo, la velocidad. Corre para todo. Para ganar los grandes premios y para algo más. Campeón al volante, aficionado a la bicicleta y miembro eventual de pelotón de entrenamiento de Rubiera y Samuel Sánchez. Alonso, otro loco por el Tour.

Y sobre todo, por el prólogo. «Me encanta. Es como una calificación en fórmula 1». Tenía acceso a todos los recintos del Tour. Sin valla para él. Portaba una acreditación del Liquigas. En ese equipo trabaja también su fisioterapeuta. Y la organización le puso un coche para seguir a quien quisiera. Así que a la parrilla. Saludó a Armstrong y a Contador. Y se subió con Bruyneel para seguir al madrileño. Alonso, a rueda de Contador. Ayer se emocionó como nunca a 47 kilómetros por hora. Velocidad al fin y al cabo. Vio en primera fila lo que vieron todos: Contador manda en este Tour. Es su era. Su tiempo. Su reloj.

Basta con fijarse en los números: el madrileño saca ya 5 segundos a Evans; 22 a Armstrong; 24 a Astarloza; 42 a Andy Schleck; 48 a Sastre, sólido, silencioso, peligroso y molesto con la organización porque le prohibió salir con el amarillo ganado en 2008; un minuto y 13 segundos al decepcionante Menchov.

Contador, el mejor cuesta arriba, lo fue también ayer en la empinada primera mitad del prólogo. Subió de pie, esprintando por la cuesta del Casino. El símbolo mercantil de este Principado encajado entre la roca y el mar. Arriba, en el kilómetro 7,5, aventajaba en 6 segundos a Cancellara. Y, mejor aún, en 17 a Armstrong. Se encendió la bombilla de su sonrisa. Puñetazo sobre el asfalto. 26 años frente a 37. ¿Relativo? Contador tiene su propia teoría. Mónaco midió la temperatura de su sangre. A fuego.