Nuria Fernández y Natalia Rodríguez - EFE
ATLETISMO

El oro que se va, el carbón que viene

Clausurado el Campeonato de Europa, la situación del atletismo español se torna, cuanto menos, preocupante. Los grandes mitos llegarán hasta Londres 2012, pero no más y el panorama a medio plazo se revela como un solar

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China consiguió la organización de los Juegos Olímpicos de Pekín de 2008, y entonces se puso a trabajar. Lo hizo, muy probablemente hasta límites de dudosa legalidad, pero consiguió el objetivo: desbancar la hegemonía estadounidense de lo alto del medallero. Pero eso fue China y fueron sus Juegos.

Y es que daba la sensación de que el Europeo de Atletismo, a pesar de ser en España y aunque llegara a Barcelona (que tan buenos recuerdos deja en la mente del aficionado al deporte más primario que existe), y pese a presentar la delegación más amplia en la historia de estos campeonatos, apuntaba a fracaso, a golpazo fuerte. Máxime cuando llega José María Odriozola, presidente de la Federación, y augura unas quince medallas que quizá se antojaban algo inalcanzables. Hay lo que hay, y el problema es que lo que hay es lo de siempre.

Marta Domínguez tiene 35 años. Chema Martínez se acerca peligrosamente a los 40, aunque los maratonianos son de otra pasta. La sorprendente Nuria Fernández cumplirá 34. Igual que Reyes Estévez y ya los tiene María Vasco. Jesús España está en la treintena. Son algunos de los atletas de una generación dorada que terminó de dar el salto definitivo del atletismo español, sobre todo a base del fondo y del mediofondo, pero que empieza a contar las horas de un final anunciado. Entre algunos de estos atletas de la vieja escuela salvaron, a caballo, el expediente y el honor en el reciente Campeonato, con ocho medallas lejanas de las once de Gotemburgo en 2006, y más aún de las quince del récord de Múnich '02. El Mundial del año que viene en Corea del Sur y los Juegos Olímpicos de Londres 2012 serán, presumiblemente, la cita definitiva para todos ellos. Y después...

Cáceres, luz entre sombras

Corría la cuarta jornada del Europeo y saltó la chispa. Eusebio Cáceres, alicantino de 18 años de edad empezaba la carrera sobre la pista camino de la arena. 7,73 al primer intento. De nuevo, carrerilla. Muy rápido. A volar. El joven lo hizo en el tercer intento que se convertía, con 8,27 metros, en la tercera mejor marca de un español en la historia. No lo repitió en la final y por eso se quedó sin premio metálico. Ahora tiene mucho tiempo por delante para pulir aspectos técnicos y para dejar volar su talento innato. Desde luego, el atletismo español se aferra a él como santo y seña de una nueva generación.

Gavaldá, la promesa veloz

Hace poco más de un año, otro español se colgaba una medalla de plata en un Mundial júnior. Hasta ahí, bien. La gracia está en que la presea era en velocidad, en 200 metros lisos. Alberto Gavaldá, no obstante, ya había sorprendido en el Campeonato de España absoluto unos meses antes, donde fue el más rápido en su disciplina predilecta y firmó una gran marca de 21.37 segundos. A sus 18 años, después de los éxitos de 2009, sufrió un invierno complicado y no ha estado en la cita de Barcelona, pero sin duda, es como para aferrarse fuerte a la figura de un nuevo velocista blanco.

En cuanto al resto, las dudas son más que evidentes. Manuel Olmedo, de 27 años, ha dado un salto de calidad en su cambio del 800 al 1.500, y se ha visto reflejado con el bronce en el Europeo y con la victoria en el Campeonato de España. El problema es que el Mundial y los Juegos se antojan mucho más complicados, con los africanos en liza. Casado, con la misma edad, se presentará con la bandera de campeón continental, pero tiene el mismo problema y ellos son el presente. El veterano Reyes Estévez se pasa a probar suerte al 5.000, después de toda una vida dedicada al 1.500. Pero Reyes siempre es sinónimo de competitividad. Puede Beatriz Pascual ser una digna sucesora de María Vasco en la marcha, y Borja Vivas debería mejorar bastante para llegar a cubrir los resultados de Manolo Martínez en peso.

El 800, un nuevo horizonte

Dos jóvenes promesas parecen encontrarse en la distancia de Mayte Martínez. Kevin López y David Bustos (1990), acompañando a Luis Alberto Marco (23, son las nuevas perlas del mediofondo. Y esto es así porque aunque en Barcelona han sido de la partida del 800, probablemente la experiencia les vaya haciendo cambiar al clásico español, el 1.500. De hecho, el podio del Mundial júnior del pasado mes de junio fue cosa suya en esta disciplina. Kevin primero, Marco segundo y Bustos tercero. En suma, el relevo se antoja corto.

Parece que, envueltos los españoles en una vorágine teñida del color del éxito, en esta época, la primera, de gloria permanente en prácticamente todos los deportes, el atletismo aparece como la excepción que confirma la regla. Casi como la oveja negra. Es el deporte más primario de todos, el de correr, saltar y lanzar, y llega ahora con las rebajas a España. En el futuro próximo, que no parece muy alentador, tal vez se lleguen a dar por buenas las ocho medallas del Europeo de Barcelona 2010.