Mundial baloncesto 2019Marc Gasol: «No se debe hacer política con las vidas humanas»

El pívot de la selección se sincera con ABC antes de medirse hoy a Italia en el trascendental partido por un sitio en cuartos

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Los días de traslado en un gran torneo siempre son complicados. Más si se trata de un país como China, donde la burocracia cumple un papel extraordinario y agota de la misma forma a todo el mundo. Da igual que seas un turista que Marc Gasol. Por eso, cuando el pívot de la selección atiende a ABC el hotel de concentración de la selección en Wuhan, lo hace con el rostro cansado, aunque amable, como siempre. Dispuesto siempre a hablar de cualquier tema aunque a la vuelta de la esquina espere ese trascendental partido ante Italia (14.30 horas, Cuatro) en el que España se juega buena parte de su pase a cuartos de final.

¿Cómo de optimista es para la final anticipada ante los italianos?

Ahora mismo las cosas no están yendo como a todos nos gustaría. Creo que todos los jugadores tenemos las ganas de que todo salga bien, pero aún no hemos cogido el engranaje que queremos. Aún así, esto ya nos ha pasado en otras ocasiones y no acabó del todo mal, así que esperemos que se repita la historia.

Tras ganar a Irán se le notó molesto con el pesimismo del entorno...

Sí, porque creo que al final ese pesimismo influye en el grupo y es algo que hay gente a la que le afecta más. Por eso, es algo que no me gusta y trato de apartarlo.

¿Y a usted es de los que le afecta o no de los que no?

¡Qué va! A mí no me preocupa. Yo soy de los que menos, pero hay gente que por su manera de ser sí que lo pasa mal en medio de todo ese ambiente negativo que puede generarse. Porque somos humanos. Tenemos la gran suerte de hacer algo que nos gusta muchísimo, de representar a mucha gente, y lo intentamos hacer lo mejor posible. Pero hay que entender que al final las cosas no siempre acaban como uno desea.

¿Y no cree que son lícitas esas dudas visto lo visto sobre la cancha?

Claro. Es que las dudas no son malas. Lo que pasa es que ahora mismo, en el núcleo más interno del grupo, que formamos los jugadores y el cuerpo técnico, la energía negativa hay que intentar dejarla fuera. Ahora mismo eso no nos ayuda para nada.

Usted es el único finalista de la NBA que está en el Mundial. Podría haber renunciado y la gente lo entendería perfectamente. ¿De dónde sale entonces ese compromiso con la selección?

Es cierto que tendría motivos para no estar, pero creo que en el momento de la carrera y de la vida en el que estoy me aporta más venir aquí que quedarme descansando.

¿Y cree que la gente valora ese sacrificio?

Pero es que yo no lo hago por la gente. Lo hago porque lo siento así, porque lo creo. No puedes tomar una decisión pensando en lo que dirán los demás. Pero ni en esto ni en nada. Tienes que pensar en lo que te apetece a ti y a mi la selección me gusta muchísimo.

Hablando de prioridades, ¿cambiaron las suyas en la vida tras el viaje que hizo a bordo del Open Arms hace un año?

Sin duda. Esa experiencia te abre el campo de visión de lo que es el mundo. Tenemos una gran suerte de vivir donde vivimos. De haber nacido en donde hemos nacido. Creo que ver otras partes del mundo es muy bueno, porque aunque nunca vamos a tener una visión completa, cuanto más amplia la tengas y más entiendas cómo funciona el resto del mundo, mejor.

¿Cómo puede el mar ser a la vez un lugar de disfrute y unas millas más allá ser testigo del drama humano?

Así es, y mucho más cerca de lo que nos imaginamos. Porque se puede uno estar bañando en la playa y que haya personas pasándolo mal en una patera a unos cientos de metros. Lo tenemos muy cerca, por ejemplo en el Estrecho, donde la Guardia Costera española es increíble y hace una gran labor. Open Arms es noticia porque se enfrenta a dos gobiernos, pero nuestra Guardia Costera hace un trabajo impagable de años y años. Nos encontramos con esto cada verano. En cuanto viene el tiempo bueno se multiplican las salidas de personas que huyen en busca de algo mejor.

¿Y qué siente cuando ve que el Gobierno de España mira hacia otro lado después de aquella primera acogida del Aquarius?

Mire, yo no voy a entrar a criticar a ningún gobierno. Yo solo pienso en las personas. En lo que arriesgan al meterse en el mar en un viaje casi suicida. Pienso primero en estas personas y luego tiro del hilo hacia atrás para llegar al origen e intentar entender su situación y por qué deciden tomar esa decisión. Solo así se puede solucionar ese problema, porque lo ideal sería que no tuvieran que emprender ese viaje.

Pero al final, los que tienen en su mano el poder para cambiar las cosas son los políticos...

Sin duda. Al final, el poder más grande lo tienen los políticos, pero no se debe hacer política con vidas humanas. Sobre todo con estas personas tan al límite y que han perdido tanto. Al final es gente que ha estado extorsionada, las mujeres normalmente son violadas y viajan embarazadas en busca de una vida mejor para sus hijos. Yo jamás me he encontrado en una situación así, viajando con mis hijos en una balsa hinchable. Si me pasara, me gustaría que la persona que se encuentra en una posición mejor tuviera compasión y decidiera ayudarme en vez de ponerme en más riesgo o simplemente dejarme morir.

¿Cree que si los políticos se montaran en el Open Arms y vivieran esa experiencia en primera persona cambiarían su forma de actuar?

No es tan fácil, porque los políticos pertenecen partidos y defienden ideales mayores e intereses más grandes. Creo que cualquier persona cuando ve un drama de esta magnitud y lo ve tan cerca es imposible que no le impacte emocionalmente. Porque son cosas muy duras y muy crudas de ver. Sin duda, estoy convencido de que si se montaran en ese barco y lo vivieran como lo viví yo, ellos no tendrían dudas de actuar de la misma forma. Pero luego, por intereses de partido o por sacar más votos, actúan de otra forma. Yo entiendo que lo hagan, pero no a cualquier precio. Hay cosas que están por encima de votos y de ganar elecciones, porque se trata de salvar a personas y de que no mueran en el mar.

¿Se siente un privilegiado Marc Gasol en esta vida?

Seguro. Por fortuna, lo he sentido así toda mi vida, incluso antes de esta experiencia. He sabido valorar la gran suerte que he tenido y que sigo teniendo. Primero de todo, por tener salud, que es un motivo para sentirse afortunado, y partir de aquí todo es felicidad. Así que claro que me siento un afortunado.

Usted de niño no era tan atlético. Estaba gordito. Ahora presume de aquello, ¿pero lo pasó mal entonces por culpa de los otros niños?

Hacía ver que era bastante pasota en ese sentido. A veces nos ponemos la coraza y hacemos ver que las cosas no nos afectan y en realidad sí que te afectan. Quizá aquello hace que ahora quiera inspirar de alguna manera a esos niños gorditos que son como era yo. Cuando te dicen esas cosas desagradables o te dicen que no puedes hacer algo, que me vean a mí y que piensen que sí pueden conseguir lo que quieran. Tienen que seguir persiguiendo sus sueños sin importarles la imagen que tengan en ese momento, porque en el futuro, si lo persiguen con lucha y sacrificio, ese camino recorrido les va a aportar más que cualquier otra cosa.

A usted, el cambio en la alimentación le cambió la vida. ¿Comemos tan mal?

Un poco sí. Por eso montamos la “Fundación Gasol” con Pau. Para ayudar de una manera global a un problema que está creciendo en el mundo. No es solo un cambio de hábitos, sino algo más amplio. De educación en la escuela, de vida saludable, deporte y descanso. La alimentación es una pata fundamental de nuestra sociedad.

¿Cree que la obesidad es una de los problemas del siglo XXI?

Sin duda, pero no solo en Estados Unidos, también aquí en España, donde siempre hemos tenido mejores hábitos por la dieta mediterránea y ahora, influenciados cada vez más por la comida rápida y el sedentarismo, los índices de sobrepeso han crecido. El año pasado, por primera vez, la esperanza de vida de los hijos era inferior a la de los padres. Un dato para hacernos pensar. Es algo preocupante, pero que tiene solución. Hay que ponerle remedio y ahí estamos poniendo nuestro granito de arena.

Y viviendo fuera de Espana, ¿valora más lo que tenemos aquí?

Por supuesto. Tenemos mucha suerte de vivir donde vivimos y de tener la variedad de culturas que tenemos en España. Una riqueza de todos los tipos: histórica, gastronómica, artística, deportiva... España es un país magnífico para vivir.

¿Tiene ya pensado dónde va a colocar en casa el anillo de campeón de la NBA?

Que va. Soy bastante desastre en ese aspecto. Me hice una vitrina en la parte de abajo de la casa, donde considero que está mi espacio, y en ella guardo las medallas y los trofeos. La hice en 2013 y, por suerte, se me ha quedado pequeña. Supongo que tendré que ampliarla, porque ahora mismo están todas las medallas y demás trofeos un poco desordenados. En cualquier caso, no creo que guarde el anillo en un lugar especial, porque me da un poco de vergüenza.

¿Por qué?

Porque soy así. No me gusta verme a mí mismo en la TV ni nada así. No soy un tipo al que le guste presumir de las cosas que ha conseguido. Estoy orgulloso, pero nada más.

Pues ha sido campeón del mundo, de Europa, de la NBA... ¿Qué sueño le queda?

Me siento muy satisfecho con lo que he conseguido, pero sigo siendo exigente conmigo mismo, que es lo que creo que me ha llevado hasta aquí. Seguiré con esta autoexigencia hasta que el cuerpo me diga basta y luego ya me dedicaré a otra cosa.

¿Y qué hará cuando se retire?

No sé lo que haré, pero sí tengo claro que durante un tiempo quiero dedicarme a la formación como persona de mis hijos, que para mí es muy importante. Ahora, todo el tiempo que me deja el baloncesto se lo dedico a ellos. Pero al haber vivido toda su vida fuera, creo que les ha faltado ese entorno familiar más grande. Me gustaría que tuvieran eso y una vida menos nómada que la que se vive en la NBA. Más estable y en un sitio donde puedan crecer y ser las personas que quieran ser. Me dedicaré a eso en los próximos diez años de su vida.

Y ese lugar estará en España?

A mí me gustaría y creo que será así. Más que nada, porque mi mujer también lo quiere así y ella es la que manda (bromea). Así que volveremos a casa, a Cataluña y viviremos allí seguramente.