Un Fran Vázquez gigante salva a España

DOMINGO PÉREZ
Actualizado:

ESPAÑA 100 - CROACIA 85

España (11+14+30+15+28) Calderón (10), Navarro (36), Jiménez (4), Reyes (4), Garbajosa (14) -cinco inicial- Fernández (4), Cabezas, Vázquez (26), Vidal e Iturbe.

Croacia (18+15+20+20+12) Giricek (17), Planinic (2), Mamic (8), Vujcic (5), Kusan (8) -cinco inicial- Ukic (15), Popovic (15), Prkacin (6), Zizic (4), Tomas (3) y Bagaric (2)

BELGRADO. Una España que sufrió mucho ante Croacia (100-85) consiguió en una prórroga conseguida de forma milagrosa cuando todo parecía perdido, asegurarse una plaza para el próximo Mundial y luchar por las medallas por cuarto Europeo consecutivo.

Aunque suene raro España jugaba en casa. Serbia y Croacia siguen teniendo muchas heridas abiertas y de eso se aprovechó el equipo nacional para encontrar el mejor ambiente y al público más entregado.

Los primeros minutos desvelaron las dos tácticas ofensivas contrapuestas presentes. Los croatas, buscando a Kasun bajo tablero. Los españoles, forzando las penetraciones. Intentaban romper las cinturas de sus rivales y obligarles a cometer muchas faltas.

Era un planteamiento impecable. Y además de funcionar hubo mucha suerte. Kasun, cuando llevaba ocho puntos, se lesionó y los otros pívots se cargaron de faltas -Vujcic cometió la tercera en el minuto 15-, Croacia en general también (6 por 14 hasta el descanso), España conseguía poner un ritmo fuerte y aguantaba el tipo en los rebotes. Todo parecía favorable para que, como mínimo, la situación se encontrara equilibrada, pero falló lo más elemental en el baloncesto. Lo único con lo que no se puede ganar: ¡meterla!

Pésimos porcentajes de tiro

España se mostró negada. Hacía lo difícil. Coger el rebote ante esos tallos. Galopar, romperles, meterse hasta el aro, o conseguir buenas posiciones para los triples a costa de sangre en los bloqueos. Todo, menos colarla.

El intercambio imprescindible de encestes para marcar la igualdad no existía. Los españoles lo fallaban todo. En el minuto seis: 1 de 7 en tiros de dos, 0 de 4 en triples, 2 de 4 en libres y, claro, 4-15 en el tanteo.

Un tiempo muerto de Pesquera, una defensa impecable, la entrada de Fran Vázquez -colosal en su lucha a pecho descubierto con los enormes Vujcic (2,10) y Bagaric (2,17)- y un triple de Garbajosa aliviaron algo la situación en el cierre del cuarto inicial: 11-18.

Pero los problemas de puntería se mantuvieron. En el descanso, 5 de 16 de 2, 2 de 11 de tres (1 de 4 para Garbajosa) y 9 de 14 de uno (¡Ni esos!). En cualquier caso, una ligerísima mejora, para evitar que la brecha se ampliara -Rudy falló solo desde 6,25 para poner el 20-24- y para irse al descanso con un 25-33. Preocupante, pero al tiempo esperanzador porque era imposible seguir errando tanto lanzamiento fácil.

La fortuna siguió acompañando a España, pues a los 40 segundos de la rea-nudación Vujcic cometía la cuarta y se iba al banquillo. Croacia se quedaba sin su otra referencia interior y los de Pesquera sacaron provecho. Vázquez se creció. La defensa seguía funcionando y un «2+1» de Navarro en el minuto empataba el partido por primera vez desde el 2-2: 38-38 (m. 25).

Un triple, el sexto de los croatas, conseguido en la bocina por Ukic cerraba el tercer cuarto con un 55-53. Todo quedaba abierto para el definitivo. Pero tocaba sufrir. La mala puntería regresaba y una pérdida de Navarro permitía a Giricek adelantarse: 57-58 (m. 34). Una penetración y un triple arreglaron su error anterior (62-58), pero Croacia no se rendía (64-65, m. 38). Dos minutos para el infarto más aún tras tres puntos de Ukic (65-68, a 1:48). Un momento para los hombres con nervios de acero y Calderón no los tuvo. Con 68-70 regaló un balón que llevó a España al borde de la eliminación. El intercambio de tiros libres era favorable a Croacia cuando a siete segundos Navarro fallaba el segundo (71-73)... pero el balón acabó en las manos de Vázquez que machacó para forzar la prórroga.

El pívot daba otra oportunidad a una España que había desaprovechado demasiadas, pero en los cinco minutos extra no falló. Jugó valiente, descarada, aceptando el pulso a los croatas (80-81, a 2:52) y ganándoles en sangre fría los españoles rompían el maleficio que acompañó a los otros primeros de grupo.