Gustavo Ayón, durante la entrevista con ABC en Valdebebas - De San Bernardo /Vídeo: El 'Titán' se sincera en ABC
Real Madrid-Barcelona

Gustavo Ayón: «Pagué 400.000 euros para liberarme del Barcelona»

El pívot del Real Madrid, que acaba de conseguir el pasaporte español, repasa para ABC su periplo vital en torno a la canasta

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Los últimos meses han sido un vaivén de emociones para Gustavo Ayón (México, 1985). Olvidada ya la lesión de hombro que le mantuvo en el dique seco buena parte de la temporada pasada, el pívot madridista atacaba el nuevo año pleno en lo físico y en lo anímico, pero un grave accidente de sus padres le hizo frenar en seco. Superado el suceso felizmente, Ayón vuelve a sonreír sobre la cancha, más incluso desde esta semana, cuando por fin ha conseguido el pasaporte que le reconoce como español a todos los efectos. Condición de comunitario que estrenará hoy ante el Barcelona en la Euroliga (21.00 horas, Movistar+ Deportes) en un duelo que servirá a los blancos de revancha tras la derrota liguera de hace solo unos días en el Palau.

¿Qué significa para usted este pasaporte?

Llevaba casi diez años detrás de él, pero es cierto que ha sido en los últimos dos cuando se ha puesto más empeño en ello. Estoy contento, porque me siento muy agradecido a España. Es un país que me ha dado la oportunidad de brillar en el baloncesto al más alto nivel y que me ha marcado como persona. Sé que esto es bueno para el club, pero también era algo que quería dejar a mis hijos. No me quedan tantos años de baloncesto y sé que este pasaporte español será bueno para ellos en el futuro.

Su temporada comenzó con susto, por ese tremendo accidente de sus padres que le obligó a viajar a México de urgencia...

El accidente que tuvieron mis padres me dejó tocado, pero ya hemos pasado página. No puedes estar todo el día con eso en la cabeza. En su momento sentía que tenía que ir allí a apoyarlos, a estar con ellos, pero en el momento en el que regresé a España sabía que debía tener la mente aquí. Estar pensando en ellos todo el rato, aunque los tenga presentes, no era lo mejor. Creo que dejé la situación controlada y lo único que queda ahora es que ellos se recuperen del trauma que pasaron por el impacto y yo debo seguir entrenando y trabajando aquí. Es cuestión de tiempo que se recuperen de las fracturas, pero ya está todo bien.

¿Influye el estado de ánimo de un jugador en la cancha?

Claro que influye, pero ya depende de la mentalidad de cada uno que lo haga más o menos. Habrá jugadores a los que sí les afecte mucho. Yo intento aislarme de todo cuando estoy en la cancha. Muchos dirán que soy un poco frío, pero no es así. Estoy muy apegado a mi familia, pendiente de ellos todos los días, pero no puedo estar 24 horas pensando en lo que ha pasado.

La familia es muy importante para usted.

De San Bernardo
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Sí. Mi familia para mí lo es todo. Mis hijos, mi esposa, mis padres, mis hermanos... Ellos son las personas muy importantes en mi vida, los que más han influido en mi carrera. Y todo lo que yo pueda hacer por ellos lo voy a hacer.

¿Se acuerda de la primera vez que tuvo que dejarlos atrás por el baloncesto?

Salí de casa por primera vez cuando tenía doce años. Tuve que ir a otra comunidad, cerca de Zapotán, y ya fue duro, pero son cosas a las que todo el mundo tiene que enfrentarse. A mí me pasó de niño y quizá por eso el recuerdo y el apego que tengo a mi familia y a mis raíces es tan fuerte. Eso para mí es un estandarte que voy a llevar toda la vida.

¿Volvería a hacerlo igual si pudiera elegir?

Creo que sí. Por supuesto. Fue difícil aquel primer momento, pero lo fue más cuando tuve que irme a Puebla, que era una ciudad que estaba mucho más lejos. Fue un proceso duro, pero ha valido la pena totalmente. No solo por el paso que di, sino por la gente que me he encontrado por el camino, que me han apoyado y que forman parte de mi camino. Estoy muy agradecido por todo lo que me ha regalado la vida.

«¡Ojalá hubierámos tenido un tractor cuando era niño. Arábamos la tierra con un tiro y dos mulas. Cosas como aquella me marcaron»

¿Cómo es Zapotán, el lugar donde creció?

Es un pueblo muy, muy pequeño. Tendrá apenas 800 habitantes. Es un pueblo que se dedica a la ganadería y la agricultura. Hoy en día eso va cambiando un poco, porque los jóvenes ya empiezan a salir a estudiar, pero entonces no era tan común. Lo lógico entonces era quedarse a trabajar en el campo o irse a Estados Unidos a trabajar. Es una comunidad que ha dado un paso gigantesco en su mejora y en la unión del pueblo. Para mí, lo es todo, porque me ha ayudado a ser la persona que soy. Seré toda la vida de ahí. Mi familia está allí y, aunque muchos estamos fuera, volvemos todos los veranos. Es una forma de cargar las pilas. De rellenar el cuerpo de energía. Es mi hogar. Mi casa. Es donde me siento pleno. Donde siento que no me falta nada.

¿Cómo recuerda su infancia?

Con muchas cosas bonitas, como todas las familias, y también con dificultades. Recuerdo ser muy feliz allí, haciendo lo que me gustaba. De niño soñaba con caballos, no con baloncesto. Cuando era pequeño, veía los caballos en fotos o en la televisión y soñaba con ellos. Hoy puedo tocarlos y lo he hecho en mi casa. No me he ido a otro sitio, que podía haberlo hecho, lo he hecho ahí, porque mis raíces del campo están allí. Estaré ligado a eso toda mi vida.

¿Le gustaba ir en el tractor, como a todos los niños?

¡Ojalá hubiéramos tenido tractor! En casa solo teníamos un tiro, con dos mulas, y con eso arábamos la tierra y sembrábamos. Hoy en día eso ha cambiado mucho, pero haber hecho cosas como aquellas, con mi padre, te dejan marcado para toda la vida. De alguna manera me gustaría que mis hijos supieran lo que es eso. Porque ellos ven que ahora que yo soy un jugador famoso de baloncesto, pero tienen que saber que vengo casi de la nada. De una comunidad donde había escasos recursos. Vengo desde abajo y llegar hasta aquí cuesta mucho.

¿Y sigue en contacto con sus amigos de siempre?

Por supuesto. Nos seguimos viendo todos los veranos. Mis mejores amigos son los de la universidad, porque todos compartíamos ese sentimiento de haber dejado a nuestra familia y nos hermanamos. Hablo con ellos todos los días y aprovechamos cada verano para reunirnos. Uno vive en Boston, otro en Hermosilla, en Puebla... pero cada año nos reencontramos. Recordar es volver a vivir.

«En 2014, el Barcelona tenía mis derechos. Decidieron que no me querían y fue el Real Madrid el que me abrió las puertas»

¿Y cómo empezó a jugar al baloncesto? Porque supongo que no había muchas canchas de baloncesto en Zapotán...

Había una sola cancha de baloncesto, que la llamaban la «cancha del Llanito», que estaba en una loma. Era donde jugábamos. Pero íbamos allí para divertirnos. Nada más. Jugar de manera más seria no empecé a hacerlo hasta que tuve casi 18 años. Hace poco se hizo otra cancha en la plaza del pueblo, que es la que más se utiliza allí hoy en día.

¿Y cómo se pasa de la «cancha del Llanito» a la NBA y a ganar títulos con el Real Madrid?

Uff. Es un camino muy largo. Un hermano de mi padre, Fernando, me empezó a sacar a jugar por pueblos de Nayarit y por medio de un amigo de allí terminé en la universidad en Puebla. Me invitaron a probar y es ahí cuando empieza mi carrera de verdad junto a un técnico llamado Javier Ceniceros que es el que más me ayudó en mis primeros años. De ahí pasé por muchos sitios, incluida la NBA, hasta acabar jugando en Madrid, donde he encontrado un lugar perfecto para ser jugador de baloncesto.

¿Se ha imaginado alguna vez cómo sería su vida ahora si no hubiera sido jugador de baloncesto?

No sé. Supongo que seguiría allí, trabajando con mi padre. Pero es algo que no se puede saber. Lo que sí le digo es que no cambio nada de lo que he vivido en estos años. Todo ha valido la pena. Lesiones y derrotas incluidas. Todo me ha ayudado a madurar y a mejorar como jugador y como persona.

En esos años hay un punto de inflexión. En 2014, cuando vuelve la NBA, con el hombro tocado y sin un futuro definido. ¿Tuvo dudas?

Nunca he dudado de mí. Nunca, nunca, nunca. Por eso mi carrera ha sido así. Ni siquiera cuando me fui a la universidad en Estados Unidos y me tuve que volver a mi país porque no jugaba. Tampoco cuando vine a España, que me tocó pasar por Illescas, Tenerife y Fuenlabrada antes de ir a la NBA. Nunca tuve dudas ni por los cambios ni por las malas rachas. Siempre he puesto las cosas en manos de Dios y yo lo único que he hecho es trabajar y entrenar mucho. A día de hoy no me puedo reprochar nada. He pasado momentos difíciles, como el año pasado con la lesión del hombro, pero todo deportista o persona los tiene en su carrera o en su vida y yo no iba a ser una excepción. De ese 2014 estaré inmensamente agradecido al Real Madrid por venir a buscarme y darme la confianza.

«Mis hijos ven ahora que soy un jugador de baloncesto famoso, pero deben saber que vengo casi de la nada y que llegar hasta aquí cuesta mucho»

Porque su destino estaba en el Barcelona, que era el club que tenía sus derechos...

Ese año yo decido que no quiero seguir en la NBA y ellos tenían mis derechos en Europa. Estaba cansado de los cambios. De jugar un día en un equipo y a las pocas semanas en otro. Ya no me gustaba esa situación. Necesitaba una estabilidad y es lo que buscaba en España. Tenía un contrato con el Barcelona, firmado, bien estipulado, pero ellos decidieron que no me querían. Ese verano firmaron a varios jugadores y no contaban conmigo.

¿Le dolió ese rechazo?

No, son decisiones que toma cada club. Yo lo entendí en su momento, pero les pedí que me hicieran un documento en el que me liberaran de cualquier vinculación. Me enviaron un documento donde yo tenía que pagar una indemnización de 400.000 euros. Se pagó ese dinero para liberarme del Barcelona y el Real Madrid me abrió las puertas a Europa nuevamente.

¿Por cosas como aquella le tiene más ganas al Barcelona cuando se enfrenta a ellos?

No, en lo más mínimo. Aquello está olvidado. Ellos tomaron su decisión y ya está. Al Barcelona le tenemos ganas por ser un partido de mucha rivalidad. Es un clásico y siempre quieres ganarlo. Para nosotros es importante por seguir dando pasos adelante en la Euroliga. Es un camino muy largo en el que cuenta mucho fallar lo menos posible. El Barça, el Fenerbahçe o el CSKA son equipos muy buenos ante los que tienes que poner el corazón en la cancha si quieres ganar. El Barcelona es un buen equipo, pero nosotros tenemos que pensar en estar bien y no preocuparnos de los demás.

Hablando de ustedes, la competitividad en el equipo es cada vez mayor. Sobre todo en su posición.

Cada año llegan mejores jugadores al equipo. Eso es bueno. Mantiene la competencia interna y eso mejora el nivel.

Entre tanto partido, ¿le da tiempo a pensar en el futuro?

Llevo varios años haciéndolo. Como le decía, mi carrera como jugador tiene un final y ese final está cada día más cerca. El día que me retire no sé lo que haré. Estaré vinculado de alguna forma a mi país y al campo. Quiero ayudar a otros jóvenes, pero aún no he decidido de qué forma lo haré.