El madridista Jaycee Carroll lanza a canasta ante Carlos Jiménez - efe
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Lección de coraje del Estudiantes

Remonta una desventaja de diecisiete puntos para llevarse la victoria en el derbi

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Real Madrid y Estudiantes protagonizaron un derbi vibrante, plagado de emoción, en el que ambos derrocharon casta pero en el que el triunfo se quedó del lado colegial. Después de ir ganando por 17 puntos en el primer cuarto, el Madrid se echó a dormir y permitió la remontada estudiantil en un final de vértigo. Ahí es donde el Real Madrid echó de menos a Rudy Fernández, esa referencia ofensiva que impone su calidad en los minutos importantes, y acabó cediendo ante la fe del Estudiantes. [Narración y estadísticas]

Todo el mundo en el Real Madrid sabía que este momento tenía que llegar. Que antes o después, Rudy e Ibaka acabarían cruzando el Atlántico para retomar sus obligaciones en la NBA. Por eso, Laso ha ido mimando a sus jugadores durante estos meses, repartiendo esfuerzos y responsabilidades, para evitar un excesivo protagonismo que le pasara factura tras la diáspora americana. Una labor oscura que ha cimentado en el Real Madrid un juego coral, en el que las bajas se notan poco.

A pesar de su esfuerzo, la marcha de Rudy e Ibaka señala claramente con el dedo a dos jugadores. Jaycee Carroll, fichado con vitola de estrella este verano, ha heredado los galones de titular con la ausencia del balear, y Ante Tomic, deprimido en el inicio de temporada, los del congoleño. Ambos, llamados a elevar su nivel en los próximos meses, brillaron ayer durante los primeros minutos del derbi ante el Estudiantes, pero se diluyeron con la misma facilidad que lo hizo el resto del equipo a partir de entonces.

Empezó enchufado el Real Madrid. Eléctrico. Con ese estilo característico que ha impuesto Laso y que obliga a correr con el balón siempre que se presente la ocasión. Lanzados por un buen Llull, los blancos se fueron hasta los 29 puntos, con Carroll (10) y Tomic (9) ejerciendo de ejecutores. El Estudiantes se desangraba en defensa, muy blandito, y solo Gabriel aportaba cierta coherencia en el aspecto ofensivo.

Vivía feliz el Real Madrid con una renta de 17 puntos (12-29) y un dominio absoluto de la zona, que dejó al descanso un dato desolador: Mirotic, con once rebotes, sumaba los mismos que todo el conjunto estudiantil. El duelo, desigual, se fue igualando al mismo ritmo que el Real Madrid se iba sumiendo en el sopor. Al final del segundo cuarto, la distancia ya era solo de siete puntos; a la media hora, de 2, y al poco de comenzar el último cuarto, un parcial de 9-0 encendía las gradas del Palacio (66-63).

Laso buscaba soluciones en el banquillo. Con la baja de Pocius, a Singler le tocó asumir ciertas responsabilidades que no le tocaban en su estreno como madridista y el asunto acabó en desastre. Con el choque en un puño (83-82), Mirotic, uno de los mejores de blanco, perdió una bola que debía valer el partido, y Granger no falló. La histeria se apoderó entonces de los visitantes, atenazados como nunca esta temporada. Carlos Suárez pudo forzar la prórroga, pero su triple no tocó ni el aro y puso punto y final a un fin de semana negro para el madridismo.