Anna Cruz
Anna Cruz - Ignacio Gil
Eurobasket femenino

Anna Cruz: «Sin ser excelentes en nada, logramos medallas. Es el mérito»

Actualizado:

Es campeona de Europa 2017, plata olímpica en Río 2016 y europea en Turquía 2014, bronce mundial en 2010 y 2018 y, por si fuera poco, tiene el título de la WNBA. Aun así, Anna Cruz (Barcelona, 1986) sigue poniéndose nerviosa cuando se le reclama para posar. «No estoy nada natural», se ríe. Pero en cuanto toma el balón, coge soltura. Y garra, y ganas, e ilusión. Por este equipo, más una familia que se reencuentra para el Europeo de Serbia y Letonia (del 27 de junio al 7 de julio) tras varios meses separadas que una selección; por esta historia y este palmarés que nunca es suficiente.

¿Pesa el legado de esta España campeona de todo cuando se vuelve a poner la camiseta?

En mi caso no. Nosotras nos olvidamos de lo que hemos ganado anteriormente. Pero sí hay un sentimiento grande de responsabilidad. Estar entre las doce elegidas y representar a España... Somos conscientes de que hay que dar buen ejemplo y buena imagen y hacerlo bien.

Defienden corona europea y son bronce mundial. ¿Qué es más difícil?

Son diferentes. En un Mundial te pueden tocar Australia o Estados Unidos, pero los equipos europeos se están profesionalizando y potenciando mucho. Están nacionalizando jugadoras extranjeras. Todos se han reforzado. Pero es que, además, a nosotras nos da igual contra quién nos enfrentemos, en realidad (risas). Da igual que esté Estados Unidos o Gran Bretaña. Salimos igual, a tope, ante cualquier rival.

¿El buen rollo es imprescindible para entrar en este vestuario?

Entre todas las que llevamos más tiempo facilitamos la entrada a las nuevas. Yo también he sido novata en este vestuario y he agradecido a las veteranas que me echaran una mano. Impone un poco llegar de primeras y no conocer a nadie. Yo incluso, que llevo no sé cuántos partidos con la selección, tengo nervios cada vez que vengo. Y entiendo que la gente que llega nueva también los tenga. Pero las acogemos bien y se lo pasan bien.

¿Cómo es Lucas Mondelo como entrenador: dialogante o autoritario?

Como entrenador sí que tiene sus ideas claras, pero también si nosotras apreciamos detalles no hay ningún problema en decírselo y comentarlo. Al final somos nosotras las que jugamos, las que estamos en la pista, y, eso es lo bueno, que podamos compartir nuestra visión, si nos encontramos más cómodas haciendo una cosa u otra y ajustar ese pequeño detalle.

Clasificarse para los Juegos de Tokio es un objetivo, ¿se ven cerca?

Toquemos madera de que nadie tenga ninguna lesión. Todas tenemos especial ilusión de estar en los Juegos. Son cada cuatro años y a todas nos encantaría estar en Tokio. Pero para eso hay que hacer las cosas muy bien y recorrer el camino poco a poco.

¿Y más allá?

Personalmente no he pensado en si después de Tokio se acaba mi ciclo. Mira Laia (Palau, 39 años), lleva aquí toda la vida y cada año es como «lo dejo o no lo dejo», y creo que es lo que te pida el cuerpo en ese momento. Cada una tiene que valorar su mundo y sus circunstancias. Yo, ahora mismo, no pienso en eso para nada.

¿Qué le gustaría que esta selección legara en los seguidores?

Transmitir ciertos valores: trabajo en equipo, compañerismo, sacrificio, esfuerzo. No somos un equipo excelente en nada, ni tenemos un físico brutal, ni tenemos una tía de dos metros que se cuelgue del aro. Estamos haciendo las cosas bien, logrando medallas sin estar tocadas por esa varita mágica de talento a raudales. Es el mérito de este equipo. Y lo que transmitimos. Sin ser excelentes no lo estamos haciendo mal, ¿no?.

Más de la mitad de las seleccionadas juegan fuera de España. ¿Es más difícil complementarse?

No. Incluso nos apetece más. Venir aquí y juntarte con las compañeras con las que llevas mucho tiempo jugando… nos lo pasamos muy bien, nos llevamos bien. El hecho de estar fuera nos une más todavía en el vestuario.

¿Hay mucho cambio entre el baloncesto ruso -juega en el Dinamo Kursk- y el de la selección?

-Por suerte, o por desgracia (risas), al tener el mismo entrenador en Rusia y en España, Lucas Mondelo, los últimos tres años, no me cuesta nada adaptarme. Más o menos jugamos parecido, tenemos los mismos sistemas. Sí que en Rusia yo juego más de base y aquí toco más el 2, pero la transición es muy fácil. Y también pasa con las demás compañeras. Es una forma de jugar que sabemos todas desde siempre.

¿Lo más difícil de jugar en Moscú es el idioma?

Bueno, es el idioma, la cultura, la forma de ver la vida. En el extranjero solo he estado en Rusia, seis años, y al principio me costó un poco. A ellos también porque son desconfiados y hasta que no entras en su núcleo les cuesta sacarles una sonrisa. Pero te acabas adaptando y soy una más. Sé leer en ruso pero sin tener ni idea de lo que estoy leyendo. Eso sí, las palabrotas me las sé todas.

¿Le gustaría volver a jugar en España?

A mí sí. Supongo que a todas las que llevamos muchos años jugando fuera cada vez nos cuesta un poco más. Yo tengo mis años y echas de menos a tu gente, a estar un poco en el ambiente español, con sol. Cada vez más, con esta liga que parece que se está rejuveneciendo, que ha salido un poco de este bache en el que estaba, creo que se podrá conseguir. Las que estamos fuera tenemos ganas de volver. A mí personalmente no me importaría nada volver a jugar en España.

¿Notan el empuje al deporte femenino?

Mis padres van a ver los partidos. Sigo la liga femenina, la Copa de la Reina y cada vez veo más pabellones llenos, con muy buen ambiente. Es señal de que se están haciendo las cosas bien y en el buen camino para ensalzar de nuevo el baloncesto femenino.

¿Se habla de maternidad en el vestuario, por ejemplo?

Nosotras, en España, no, pero sí que es verdad que es complicado compaginarlo todo. En Rusia sí que se lleva mucho. Tienen la costumbre de quedarse embarazadas muy jóvenes y lo que hacen es volver a jugar después. Medio lo pactan con el club, que ese año intentarán quedarse embarazadas para inmediatamente, en cuanto paren, el contrato sigue en vigor. Nosotras no lo hemos tocado, pero creo que aquí es más complicado.