Hay vidas después de la Operación Puerto
Manolo Saiz tira una caña en su local, la Cruz Blanca - JULIO PALOMEQUE
ciclismo

Hay vidas después de la Operación Puerto

Los implicados en la Operación Puerto levantan el vuelo con trabajos inimaginables lejos del ciclismo

JOSÉ CARLOS J. CARABIAS
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Isidro Nozal nunca quiso ser ciclista. Las tardes del Tour en las que Miguel Induráin desfilaba imperial por Francia, él se escapaba al monte para plantar eucaliptos. Ninguna curiosidad. Interés cero por un deporte que sonaba muy lejano en su familia, un universo de camiones de seis ejes, intercooler, direcciones asistidas y cargas de mercancías. A través de la vida de su padre, aprendió a querer el mundo de los transportistas. Llegó de casualidad al ciclismo y con la misma contingencia accidental lo dejó hace unos años después de un ascenso vertiginoso a la fama en 2003, cuando casi gana la Vuelta a España delante de las figuras de la época. Resuelto su tránsito por el ciclismo como un pasaje de obligada dependencia laboral, el ex corredor de Guriezo (Cantabria) ejerce al fin la tradición familiar. Ahora trabaja de camionero.

El 23 de noviembre el juez que instruye el sumario de la Operación Puerto abrió juicio oral contra el doctor que presuntamente trató a Nozal (Eufemiano Fuentes) y otras seis personas (los directores Manolo Saiz, Vicente Belda e Ignacio Labarta, los médicos José Luis Merino, Alfredo Córdova y Yolanda Fuentes) que se enfrentan a un delito contra la salud pública y una petición de dos años de cárcel. Hace ya seis inviernos de la Puerto.

Según sus impulsores —el gobierno de Zapatero personificado en Lissavetzky—, la OP supuso una regeneración del deporte español, aire nuevo para consolidar una política de tolerancia cero frente al dopaje. Según los pacientes de la acción gubernamental, representó un rejón de muerte para el ciclismo, señalado como único receptor de las trampas. Salieron a la luz 58 nombres identificados, que no imputados, por la Guardia Civil y había más de 200 bolsas de sangre y papeles que también comprometían a otros deportes, como el atletismo.

Nozal, como otros tantos, emprendió la cuesta abajo del descrédito. Héroe un día, villano al siguiente. Como David Etxebarria, vencedor de dos etapas en el Tour, diez años en el pelotón, que se se retiró empujado por la OP: «No quería ver ciclismo. No quería que me hablaran de ciclismo». Se apuntó a un equipo de fútbol sala de Durango, su pueblo, el Mendibeltz, para eliminar toxinas y ocupar su mente en algo. «Los deportistas profesionales vivimos de objetivos reales a largo y corto plazo. Sin mentalidad, sin objetivos, lo único que queda es preguntarse: ¿y ahora qué?».

Las grandes superficies comerciales, moles de hormigón y prisas, remacharon los clavos del ataúd deportivo de Vicente Belda, que salió escaldado de la Puerto y antes, del testimonio de Manzano. Al dejar el ciclismo, el ex director del Kelme se concentró en sus tiendas de deporte en Alcoy y Cocentaina. Pero llegó la vanguardia, un Decatlhon en la periferia de su ciudad, y Belda echó el cierre a sus negocios, vacíos de público. Una incursión en el ciclismo colombiano, entre 2008 y 2009, «Boyacá para vivirlo», tampoco cuajó en su agenda laboral. Hoy, con 57 años y en paro, se enfrenta a la cárcel.

La deriva profesional de los deportistas relacionados con la OP resulta inclasificable por variopinta y dispersa. Jan Ullrich, el alemán que ganó el Tour en 1997 y fue aclamado como el nuevo mesías, vende cámaras de hipoxia, burbujas modernas y legales santificadas por los deportistas que simulan la estancia en altitud y que producen beneficios orgánicos al aumentar el nivel de glóbulos rojos. La cama en la que dormía David Ferrer cuando Nadal le hizo la broma de la espuma de afeitar...

Jorg Jaksche, el alemán que descifró los códigos del dopaje en el ciclismo en un relato pavoroso, es representante de SMR, los medidores de potencia. Joseba Beloki, tres veces en el podio del Tour a la estela de Armstrong, ejerce como jefe de producto en la empresa de bicicletas Cosmos. Roberto Heras, vencedor de cuatro Vueltas y desposeído de una (2005) por un positivo de EPO, mata el gusanillo de la competición con sesiones maratonianas en un deporte sucedáneo: el mountain bike. David Etxebarria ha vuelto a interesarse por su deporte y dirige un modesto equipo sub 23, el Koplad. Aitor Osa se ha decantado por la representación en la hostelería y el comercio de jamones. Unai Osa trabaja como comercial de residuos materiales especiales. David Muñoz es albañil. Vicente Ballester, celador en un hospital. Javier Cherro tiene una tienda de bicicletas. Javier Pascual Llorente, una empresa de camiones...

Y Manolo Saiz se ha convertido en hostelero. El director que transformó el régimen en España en los años noventa, que discutió de tú a tú con Miguel Induráin y que consiguió una relevancia social de primer orden por su discurso innovador en un deporte que generaba una gigantesca industria, regenta ahora una cervecería en Torrelavega, la Cruz Blanca. Se asoció con un paisano cántabro, Jesús de Mateo, y proyectó su nueva vida en otros negocios. También dirige un salón de bodas, la Casona de los Hornillos.

Saiz es una piedra angular en la Operación Puerto, la maniobra policial que cambió su vida. «Desde el punto de vista humano, todo ha sido un desastre», cuenta Saiz, que vive separado de su mujer, Amparo, desde hace un par de años. «Te cambia el humor, la manera de entender a los demás. Me volví desconfiado, esquivo con las personas que me querían. Me volví otra persona, dubitativa, temerosa, discriminada socialmente... Perdí toda mi fortaleza psicológica».

Hay vida detrás de la Puerto. También para el hombre diana de todos los movimientos contra el dopaje en el deporte de élite en España, Eufemiano Fuentes. Puerto, Galgo... El médico fascinado por la sensación de peligro, por el divino riesgo de burlar a sus captores, prosigue con su ejercicio profesional como ginecólogo en el ambulatorio del Servicio Canario de Salud por 2.500 euros mensuales.