GRADA PREFERENTE

Sentimiento que se baila

Si el tango es un sentimiento que se baila, el fútbol es un juego que se danza

FERNANDO R. LAFUENTE
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Si el tango es un sentimiento que se baila, el fútbol es un juego que se danza. Un ballet con un ligero inconveniente: siempre aparece un contrario —que no es tu complementario— que no te deja ejecutar los pasos de baile que pensabas. Ahí, entra la pasión del juego, el reto del deporte, el combate incruento, la gloria o la humillación. Cuando un jugador dibla a otro o «se va», el ballet regresa al escenario (dícese, terreno de juego), es, también, cuando un equipo «le está bailando a otro». Pero tanto baile, tanto arte, requiere otro elemento. En el fútbol rige lo que Truffaut, tal vez en Jules et Jim o acaso en La noche americana, pone en boca de uno de sus actores: «el arte consiste en un diez por ciento de inspiración y un noventa por ciento de transpiración». Frase tan preclara —sirve para numerosos ámbitos de la vida— la recuperaría Fernando Trueba en su estupenda Ópera prima. Aunque la inspiración sin piernas que respondan (bien lo ha explicado Ronaldo, el grande al retirarse) es un anhelo, una quimera o un sueño inútil y melancólico, pero nada más. El Madrid ha recuperado ese noventa por ciento. «Sudan la camiseta», dicho en la jerga de mi vecino de abono en el Bernabéu. Y se nota. La inspiración, como el jazz, necesita de la partitura para improvisar, sin partitura es un ruido o un aleteo o un fiasco. Es otra de las cosas que ha entendido Mourinho y les ha regalado una para que del guión se salgan solo lo estrictamente necesario. Por cierto, ojalá la temporada próxima le toque al Madrid otra vez con el Lyon. Porque, entonces, el triunfo allí es seguro. Mandan las estadísticas: 2005, Lyon 3- Madrid 0; 2006: 2-0; 2010; 1-0 y 2011, 1-1. Todo es cuestión de paciencia y de sudar. Sí, el fútbol es como el tango, un sentimiento que se baila, pero, aquí, al que se baila es al otro.