Mou es una piedra dura

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En un choque de pechos, sobre el escenario y en la TV, se lo dijo Lola Flores a Rocío Jurado:

—Tú eres una piedra dura de Chipiona que no se «puéaguantá».

Para que los poetas jóvenes puedan hacerse una idea, Lola era aquel Cristo de Velázquez cabreado que dijo Ruano, imagen que no se le va a ocurrir nunca a los posmodernosbardos culés, como el viejo Racionero o el novel Cruz.

—Hasta quienes no tenemos nada que ver con el fútbol, estamos insobornablemente reunidos con el Real Madrid— fue la forma ruanesca de expresar el señorío del Madrid.

El señorío del Madrid se reduce a luchar hasta morir, cosa que tratan de imitar ahora con el cuento de la Liga (la cuenta de la lechera) en Barcelona, pero con mucho dengue arbitral y una «pequeña épica» de estética «leather» pasada por la piedra vaquera de Tom de Finlandia.

Es como si en la toma de las Tetas del Nador, en vez de gritar, al caer herido, «¡Al toro que es una mona!», Millán Astray hubiera hecho llamar al mediador de la ONU para denunciar que los moros tiraban con bala.

«Pequeña épica», dice Pep, que ahora es mentor de algo como madrasa futbolera donde los niños salmodian las suras culés: «Ai, ai, quina colla!».

—Es tracta d'un col·legi de Ripoll on la paraula i els fets del Pep se segueixen amb passió per dotar d'una millor educació els nens.

De México, donde se decía que allí sólo habían llegado tres grandes españoles (Cortés, Manolete y Lola), Lola contaba que los exiliados le gritaban «¡Viva España!»:

—Lola, lo de menos es vivir en España, pero no morir en España sería horrible.

Mou, en cambio, quiere acabar en Inglaterra, que para un portugués será siempre mejor fin que esta España descolgada de carnes por la crisis, pero xenófoba y pipera.

—Sahin aún no juega en el Madrid porque el Madrid es mejor que Turquía. Y que Portugal, para que nadie se ofenda—, dijo en rueda de prensa ese Mourinho que es una piedra dura de Setúbal que no se «pué aguantá».

Y el gallinero mediático organiza la escandalera. Tapando lo de Portugal, denuncia un conflicto diplomático del Madrid… con Turquía.

—Únicamente un pueblo tan intelectual, tan refinado, podrido de silogismos y herejías (cuyos soldados leían indistintamente a Platón y a San Pablo), pudo ser capaz de dedicar una basílica a algo tan difícil y abstracto como es la Santa Sabiduría.

Y es que allí donde hoy los grajos sólo ven «El expreso de medianoche» vio Foxá brotar la primavera del mármol con sus setecientas columnas de colores.

Y todo esto con Pochettino en el Bernabéu, el chico que los vendedores de alfombras del «señorío madridista» quieren sentar en el banco de Mourinho, mientras ponen velas a los diosecillos de las míticas remontadas, García de Loza y Gracia Redondo, para que Mou, el portugués que ha transformado a tanto príncipe en rana, tenga su Tenerife triste, solitario y final.

—¿Qué más quieres que te dé, Sandro? ¡Ya no te puedo dar más!

«Ai, ai, quina colla!»