La omertá de Guardiola
Guardiola, durante una rueda de prensa - AFP
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La omertá de Guardiola

No hay entrevistas desde agosto, se reducen los actos e incluso los familiares de los jugadores guardan silencio

ENRIQUE YUNTA
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El clásico obliga a trabajar desde el silencio, mudos los protagonistas porque los clubes están cerrados, tan lejos Madrid y Barcelonaen sus maneras de entender el fútbol como cerca a la hora de gestionar la información. Ahora nadie habla, está prohibido, y los entrenamientos se reducen a quince minutitos intrascendentes para las cámaras en donde siempre hay bromas y abrazos. Y a veces ni eso. Ni una noticia, nada, es la dictadura del silencio. El clásico se calienta únicamente desde las tertulias, tiempo para el debate. Guardiola y Mourinho, la noche y el día, coinciden en ese punto y las imposiciones viajan en puente aéreo. Cuando un club aplica una norma, el otro casualmente le sigue.

En el Barcelona todo cambió en aquel verano de 2008. Finiquitada la inercia de la autocomplacencia de la era Rijkaard, Guardiola dio una vuelta a la entidad y a los métodos sin que nadie le pusiera un pero. Para empezar, sesiones de trabajo cerradas a cal y canto salvo la limosna de ese cuarto de hora de recurso.

Van Gaal, años atrás, quiso hacer lo mismo, pero los medios de comunicación se plantaron y el holandés tuvo que recapacitar, algo que ahora no ha ocurrido. «Tendríais que ver cómo se entrenan», ha sugerido Guardiola en más de una ocasión. El caso es que no se puede y los periodistas gráficos le entregaron una carta en la que denunciaban las limitaciones. «Nunca nos habían apartado de forma tan drástica de los jugadores. Afecta gravemente a nuestra relación laboral con nuestras empresas», explicaban.

Una pregunta por medio

Como tampoco se pueden hacer entrevistas. El técnico, como su admirado Marcelo Bielsa, no ha concedido ninguna salvo en casos concretos —reportajes específicos para el Brescia o el Athletic Club de Bilbao— y se justifica diciendo que no quiere tratos desiguales entre los medios. Lo compensa con sus numerosas ruedas de prensa, pero incluso ahí este año se ha introducido otra barrera: antes eran infinitas y hasta que no se resolvieran las dudas, él no se iba; ahora, una pregunta por medio y sin derecho a réplica, el micrófono pasa de inmediato al siguiente turno.

Ahora tampoco hablan los jugadores más allá de la zona mixta o los actos publicitarios, en donde también ha intervenido Guardiola para poner un poco de orden y reducirlos al máximo —él participa en una campaña para un banco y conocido es su vídeo en el que charla con Fernando Trueba sobre su futuro y sus inquietudes—. Desde agosto, concretamente desde la vuelta de la Supercopa de España contra el Real Madrid, los futbolistas no dan entrevistas. En enero, se especula, podría romperse el veto. «Lo hago porque creo que es lo mejor para mi equipo», sostiene el preparador.

Los medios aprovechan para entrevistar a los protagonistas cuando están con sus selecciones, en donde casi nunca hay problemas para acceder a ellos salvo con los chavales que van a la sub 21, que tienen la boca sellada por recomendación del club.

Porque a los más jóvenes se les aísla del ruido mediático. Thiago y Fontás, a todos los efectos jugadores del Camp Nou una vez saltaron desde el Mini, no dan entrevistas ya que están en el primer año con los mayores. Los niños de la cantera ya no se pueden explayar más allá de unas preguntas después del partido de turno y únicamente para los medios oficiales.

Cero contacto

Las redes sociales están controladas y hasta se recomienda a los familiares de los jugadores que no intervengan ni se pronuncien públicamente cuando se les llame para realizar reportajes o pedir opiniones. La prensa ya ni siquiera entra por la misma puerta que los deportistas a la Ciudad Deportiva de Sant Joan Despí —hubo malestar por la fotografía entre Gerard Piqué y Zlatan Ibrahimovic, tomada justo frente a la antigua sala de prensa y donde está el aparcamiento— y casi nunca se coincide en los aeropuertos, ni siquiera en la salida del avión. Contacto cero, se mantiene la dictadura del silencio a un día del clásico, aunque hoy habla Guardiola.