Mourinho-Barça, guerra eterna
Mourinho toca a Pep en el hombro en el Barcelona-Inter - AP
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Mourinho-Barça, guerra eterna

El duelo trasciende al Real Madrid. Las acusaciones del portugués contra las ayudas arbitrales al club catalán comenzaron en 2006, con el Chelsea

TOMÁS GONZÁLEZ-MARTÍN
MADRID Actualizado:

La demagogia de rebajas utilizada por Piqué para politizar los incidentes vividos en la Supercopa es la demostración de que en este conflicto no hay un único culpable. «Echan la culpa a los catalanes (?), pero el problema es Mourinho», decía el central. Sus palabras molestaron en el Real Madrid. Ya sucedió en la Copa con aquella frase dirigida a «los españolitos». Los gestos de Messi, dirigidos a Mourinho, eran otro dardo envenenado. Se quiere culpar al portugués de todos los males de los clásicos, pero aquí no hay buenos ni malos. El enfrentamiento está viciado desde hace mucho tiempo. La guerra entre el Barcelona y el entrenador no es un combate entre los dos grandes del fútbol español. Trasciende al Real Madrid. La discordia nació hace seis años.

El técnico luso y el equipo azulgrana están enfrentados desde la polémica eliminación del Chelsea en febrero de 2006, cuando el conjunto catalán venció 1-2 en Stamford Bridge durante el partido de ida de octavos de final. Del Horno fue expulsado, Messi fue el culpable y Mourinho acusó al argentino de cuentista: «Cataluña es tierra de cultura y sabéis lo que es teatro (se dirigió a los medios catalanes). Messi hizo teatro del bueno». Allí comenzó un antagonismo con Leo y con el Barça que en aquella época abarcó a Rijkaard y que, desde 2008, se extendió a Guardiola.

«Siempre con diez»

Es una batalla con historia. Con poso. El entrenador de Setúbal conoce bien La Masía. Trabajó en ella desde 1996, con Robson, hasta el año 2000, con Van Gaal, cuando sustituyó a Koeman como segundo técnico. Tuvo a Pep a sus órdenes. Hoy, son enemigos. Dos polos opuestos. Los ataques verbales y los feos gestos de respuesta han enturbiado todos los duelos de Mourinho con Messi, Guardiola y el Barça, al frente del Chelsea, del Inter y del Real Madrid.

Una enemistad eterna que quedó larvada, pero latente, cuando el Barcelona volvió a eliminar al Chelsea en Champions, el 5 de mayo de 2009. El portugués ya estaba en el Inter, pero «el escándalo» de Londres, con «dos penaltis no señalados en favor del Chelsea», le permitió reafirmar su opinión respecto a los beneficios arbitrales al Barcelona.

Al año siguiente, se dispuso a acabar con el reinado de Pep. Las semifinales entre el Inter y el equipo barcelonés fueron una pléyade de sucesos. El once italiano venció en San Siro por 3-1, con un arbitraje que Xavi acusó de «casero». El barcelonismo denunció dos penaltis no señalados en área milanesa. El encuentro de vuelta fue una afrenta constante. El Inter se quedó con diez a los cinco minutos, dada la expulsión de Motta. «Vamos a ser campeones», le dijo el portugués a su colega a pesar de todo, en pleno partido. Piqué marcó el 1-0, pero los interistas alcanzaron la final del Bernabéu. Mourinho lo celebró por todo lo alto en el Camp Nou. Valdés se fue a por él. El club catalán puso el riego para echarle del campo. ¿Comprenden que el odio es infinito?

El luso consiguió que el Barça no ganara la Copa de Europa en el Bernabéu. Fue fichado por Florentino Pérez. Después de toda una temporada de directas e indirectas entre los dos grandes del fútbol español, la eliminación blanca ante los azulgrana en Liga de Campeones, con el 0-2 y la expulsión de Pepe, supuso el estallido del preparador. Puso en duda los éxitos del adversario. Subrayó el «escándalo» de Stamford Bridge. «A mí me daría vergüenza ganar la Copa de Europa así», explotó. El Chelsea reclamó dos penaltis. Ahora, la Supercopa ha reavivado el conflicto.

Vilanova le atacó en 2010

Cada clásico está abocado a la tangana. Hay seis años de cuentas pendientes. Muchos critican actualmente a Mourinho por su dedo en el ojo de Tito Vilanova. Su acción es lamentable, pero solo es el penúltimo capítulo de una guerra de guerrillas que el público desconoce.

Si Vilanova le dijo al portugués que «sois una banda de hijos de puta» cuando Marcelo era expulsado, también criticó a Mourinho en noviembre de 2010, en los días previos al 5-0: «Mourinho es un entrenador de fútbol que no habla de fútbol y eso no nos gusta. No es bueno que los técnicos sean tan protagonistas. Sólo puedo entender que un entrenador quiera ser más protagonista porque no ha vivido la sensación que viven los jugadores». La crispación se alimenta por todas partes.