El maleficio atrapa a Isinbayeva
Isinbayeva terminó sexta y el título fue para la brasileña Muhrer - REUTERS
ATLETISMO — Mundial de Daegu

El maleficio atrapa a Isinbayeva

La reina de la pértiga se queda en 4,65 y fracasa en su prueba, como Bolt, Bekele y Dayron Robles

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Como Bolt, Bekele o Dayron Robles, Yelena Isinbayeva también sucumbió. Zarandeada por el sortilegio que tritura la voluntad de los primeros espadas en Daegu, la reina de la pértiga fracasó en su plan de restituir su nombre como propietaria del título mundial. No lo consiguió por un nefasto concurso en el que se estancó en 4,65, dos nulos en 4,80 y un intento fallido sobre 4,75. Fabiana Muhrer regaló a Brasil el primer oro de su historia en esta especialidad.

Ningún síntoma emitía presagios para el desenlace fatal de la rusa, quien, en un intento por reencontrar a la niña que fue, había regresado a sus orígenes, a sus amigos, a su familia y a su entrenador de toda la vida en Volgogrado. Había huido del oropel de Mónaco y del preparador búlgario Vasili Petrov, con quien su progresión se había frenado después de una cadena esplendorosa de nueve récords mundiales en cinco años.

En Volgogrado, una ciudad de un millón de habitantes a orillas del Volga entre Ucrania y Kazajistán, volvió al Dínamo y a los severos métodos de Yevgeuni Trofimov. Se sintió de nuevo en su ecosistema después de un amago de retirada que apenas le duró cuatro meses. En invierno dijo que lo dejaba para siempre y en la primavera descubrió que se aburría sin objetivos claros que marcarse cada mañana. «Un atleta siempre tiene un programa diario», se justificó.

Durante cinco años con Petrov consiguió nueve récords mundiales. Con Trofimov llegó a 18 en una cifra global de 27. Pero desde hace tiempo, la atleta rusa ha dejado de elevar el listón. Su tope de 5,06 metros (Zúrich, agosto de 2009) es el final de una escalera que comenzó en 2003 con el 4,82 de Gateshead. Asesorada por su amigo Sergei Bubka, comenzó a facturar millones centímetro a centímetro. En su época dorada sobrepasó los 100.000 euros por cada récord, aunque el verdadero negocio para sí misma lo hizo con las marcas deportivas y los patrocinadores. La empresa Li Ning le ha pagado siete millones por vincularse a su logotipo y dejar a Adidas.

En Daegu se presentó con la contundencia de su nombre, pero por lo visto en la pista sin la euforia competitiva de antaño. Isinbayeva enganchó una de las nueve pértigas con las que se ha desplazado a Corea (cinco metros de longitud, 2,5 kilos de peso) y se adentró en el foso a razón de nueve metros y medio por segundo. Clavó la garrocha en el cajetín y la arqueó unos treinta grados para impulsar su cuerpo flexionado, con toda la energía de sus brazos, por encima de la barra. Y ahí no fue la Isinbayeva de siempre.

La campeona olímpica hizo tres saltos nulos (uno en 4,75 y dos en 4,80) y sólo franqueó los 4,65. Acabó sexta. «Si no hubiera estado en forma, no estaría aquí —dijo—. Mi condición física era muy buena. Todo estaba listo para la victoria, pero no sé qué ha salido mal».

Tal vez fue el maleficio del Daily Programme. La revista oficial del certamen ha concedido cuatro portadas en cuatro jornadas a cuatro atletas-estrella: el pertiguista australiano Steve Hooker, el jamaicano Usain Bolt, el vallista cubano Dayron Robles y Yelena Isinbayeva. Todos se han derretido en el fango.

La crisis de confianza se prolonga para la reina de la pértiga —también claudicó en el Mundial de Berlín 2009— a menos de un año de los Juegos Olímpicos de Londres 2012.