Kilian Jornet: correr a las puertas del cielo
Kilian Jornet - SALOMON
ULTRADISTANCIA

Kilian Jornet: correr a las puertas del cielo

Criado en un refugio de los Pirineos, de niño tenía que bajar corriendo al colegio. Ahora arrasa en la prueba más dura del mundo, 166 km por los Alpes

OLALLA CERNUDA
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Dicen sus rivales que para poder ganarle solo hay una opción: «Atarle los cordones de las zapatillas». Otros de los que corren con él aseguran que lo suyo «está en los genes; si no, no se explica». Lo dicen quienes saben que con solo 23 años, el español Kilian Jornet es el auténtico rey de las carreras por montaña. En invierno y en verano. Da igual que sea armado con unas zapatillas que con unos esquís, Jornet es imbatible y campeón del mundo varias veces en la especialidad, y lo más sorprendente de todo es que parece hacerlo sin sufrir. Verle llegar a meta tras una carrera de 100 millas —166 kilómetros— de montaña considerada la más dura de Europa sorprende no solo por la superioridad con que gana, sino porque cruza la línea de llegada sin apenas sudor en el rostro.

Pero lo de correr a este chico le viene casi de nacimiento. Los padres de Kilian eran los guardas del refugio de montaña de Cap de Rec, en el Pirineo catalán, y él mismo cuenta que desde muy niño tenía que bajar, junto a su hermana, corriendo al colegio… y subir de nuevo a casa. Con tres años esquiaba, con cinco tenía en su poder algunas cimas de los Pirineos, como el Aneto o el Possets; con diez ya había pisado cumbres de 4.000 metros en los Alpes, siempre acompañado de sus padres y siempre considerándolo casi «un juego natural».

Competir desde los 13

Por eso fue natural que el niño canalizara toda su energía en los entrenamientos y con apenas 13 años ingresó en el Centro de Tecnificación de esquí de montaña, y comenzó a hacer sus primeras competiciones serias. Y fue cuestión de tiempo, pero poco tiempo, que llegaran los primeros triunfos: los primeros campeonatos de España, de Europa... y las primeras carreras de montaña. No con esquís, sino con zapatillas. «En verano no hay nieve, así que la mejor forma de seguir entrenando y a la vez disfrutando de la montaña era corriendo, por eso empecé», explica. Ahora no hay quien le pare, porque aunque parezca que el reloj no tiene suficientes horas, él sigue dedicando su tiempo a ambas modalidades deportivas.

Ahora se dedica a la montaña de forma profesional. «Se puede decir que vivo de esto, de las carreras y de los patrocinadores». Y no vive mal, pero su nivel de vida está alejadísimo de lo que cobran las grandes estrellas —de su nivel— de deportes como el fútbol, el tenis o el baloncesto. «Eso no es algo que me preocupe demasiado, yo solo quiero disfrutar en el monte, que es lo que me inculcaron mis padres de pequeño», se justifica.

Aunque su planificación de la temporada sería impensable para un deportista. «Al cabo del año hago unos 300.000 metros de desnivel positivo con esquís, y unos 200.000 corriendo. En total, calculo que unos 1.000 kilómetros anuales, mitad corriendo y mitad esquiando. Son muchos, pero los he disfrutado todos y cada uno de ellos, aunque claro, algunos siempre cuestan más», dice.

Una semana normal entrena unas cinco horas por la mañana y otras dos por la tarde, pero no es de los que cuidan especialmente la comida o la preparación física de inicio de la temporada. «Como lo que me apetece. Quizá lo único es que yo mismo preparo unas tartas energéticas que como en carrera, pero el resto del tiempo, como lo que sea, ya lo quemaré luego en el monte», dice. «Como para disfrutar, no para correr más rápido».

De apariencia frágil y tímida, Kilian se vuelve un animal poderoso cuando se calza las zapatillas, o los esquís. Considera amigos a los que le llaman «máximo rival a batir», e incluso entrena con ellos y sale a correr habitualmente para preparar carreras. «No soy mucho de preparar estrategias, simplemente salgo a correr. A veces solo, a veces con compañeros del equipo Salomon, a veces con amigos. El caso es disfrutar de la montaña», cuenta. Y no solo la disfruta él, sino que anima a todos los que corren la misma carrera pero tardando a veces 24 horas más en completar la misma distancia.

Por eso, precisamente dar un pequeño paseo junto a Kilian por el corazón de Chamonix las horas previas a la carrera más importante del mundo es como ir acompañado de Nadal por el corazón de la Gran Manzana. Decenas de personas, sobre todo japoneses, paran al atleta español para desearle suerte y, sobre todo, para hacerse fotos con él. «No me molesta; al revés, me hace gracia», explica, sabiendo perfectamente que en su tierra natal eso sería casi impensable. «Es verdad que los deportes que practico, tanto las carreras de montaña como el esquí de montaña, no tienen el nivel de popularidad de otros deportes, pero casi que mejor, así se mantienen puros», explica. Él hace cierto ese dicho que corre como la pólvora en las redes sociales de «Soy español, ¿a qué quieres que te gane?».

Imbatible en montaña

Y es que el currículum de Kilian asusta en cualquier caso. En el caso de las carreras por montaña, ha ganado tres ediciones del Ultra Trail del Mont Blanc, considerada la carrera de ultra running más dura e importante del mundo; la Copa del Mundo de Skyrunning; la Western States 100 millas; las 100 millas de la TNF Australia, Zegama en cuatro ocasiones; Gir di Mont en otras cuatro ocasiones; Sierre Zinai en 2001 y 2011 y tiene los récords mundiales de travesía del GR20 (200 kilómetros en 32h54') y el Tahoe Rim Trail (280 kilómetros, 38h32'). En nieve, es campeón del mundo de 2011 individual y por equipos, campeón del mundo de carreras verticales en 2010 y 2011, subcampeón del mundo individual en 2010 y ha ganado decenas de carreras, largas, cortas, individuales y por equipos, incluidas tres ediciones de la Pierra Menta —considerada el Tour de Francia del esquí de montaña—.

Aun así, el catalán que lo ha ganado todo en sus especialidades deportivas y que sigue haciéndolo, tiene una pequeña espinita clavada. «Competir en unos Juegos Olímpicos, y no digo ya nada ganar una medalla. Ese sería mi sueño. Es complicado —ninguna de las dos modalidades son disciplinas olímpicas—, pero en la Federación Internacional de Esquí de montaña estamos haciendo un gran trabajo para que este deporte pueda ser olímpico en 2018, y si lo conseguimos, nada me gustaría más que estar allí representando a mi país», dice. Sería, además, una fantástica oportunidad para que España consiguiera una o varias medallas en unos Juegos de Invierno, que tanto se resisten a los deportistas españoles.

¿Y hasta cuándo aguantará Kilian? «Bueno, este es un deporte, tanto el de las carreras de montaña como el del esquí de montaña, donde la gente que destaca tiene bastantes años. Somos pocos los corredores que estamos a este nivel tan jóvenes, pero creo que es más cuestión de mentalidad que de otra cosa. Casi todos empiezan a hacer ultra cuando ya han pasado los 35 o 40 años, porque es entonces cuando creen que tienen la fortaleza física y mental para hacerlo. Yo llevo preparándome para hacerlos desde los 13 o 14 años. No compito para ganar, sino por el placer de estar en la montaña. Soy muy competitivo, pero solo lo dejaré el día que me levante y no tenga ganas de salir al monte».