Pablo Infante saluda a la grada tras el encuentro en Anduva - AFP
COPA DEL REY

«Iremos a partirnos la cara»

Pese a la derrota, la afición de Anduva ve como recompensa la visita al campo del Athletic, donde su equipo lo dará todo

ITZIAR REYERO
MIRANDA DE EBRO Actualizado:

Llega uno a Miranda en tren, como mandan los cánones en esta villa ferroviaria con nombre de mujer, y se encuentra con que el cielo estaba ayer más cerca que de costumbre. En la calle La Estación, la sangre rojinegra de sus paisanos bombeaba a corazón abierto. Y no era el vino de las copas ni el frío de enero. Era por una causa noble y colectiva, todos a una, empujando al equipo de fútbol de la ciudad. El Mirandés, «el Real Mirandés», ha firmado ya una página gloriosa de ese fútbol que aficiona, colándose en semifinales de la Copa tras dejar en el camino a tres primeras: Racing, Villarreal y Español. Pero la gesta sigue viva gracias al muy digno 1-2 de ayer en casa contra el Athletic.

Dicen que el que llora, y en Miranda estos días se ha llorado de emoción, es porque algo ansía. «¡El Mirandés se va a San Mamés!», gritaban ayer los aficionados que, puños prietos, peregrinaban a su modesto estadio con césped de primera. Los colores locales teñían pecheras, cuellos, mástiles y balcones. Casi el diez por ciento de la población de Miranda (39.000 habitantes) viste carné de socio (unos 3.700, tantos como parados). Hinchas como Paco, farmacéutico de 35 años, que muestra orgulloso la grabación en su móvil del testarazo de Caneda que clasificó al equipo en cuartos ante el Español. Se alegra de que su «pueblo» no salga en los telediarios siempre en negativo, como con en el sonado «estudio del río», que afirmaba que el índice de consumo de drogas por cabeza les colocaba solo por detrás de Nueva York. O como su amigo Óscar, profesor universitario de 33, que ha viajado 220 kms. desde Valladolid, donde reside, para empujar al equipo. «No voy a decir que esto es una vez en la vida. Mejor pensar que es solo la primera», bromeaba al ocupar su localidad de pie.

«Esto es Anduva, empuja que te empuja, empuja con el alma y te lleva en volandas», coreaba el estadio, adonde se acercó también el seleccionador Vicente Del Bosque. «¡Fíjate en Pablo (Infante)!», le animaba un joven aficionado. «¡Es un honor!», convenían dos señoras. Horas antes del partido las directivas del Mirandés y Athletic compartían mantel y partidita de mus. «Les hemos dejado ganar por eso de la diplomacia», indicaba Ramiro Revuelta, que apuraba en el Casino municipal un último trago antes del partido.

Y el balón echó a rodar sobre la moqueta, y el estadio de Anduva, levantado el cuello con una grada supletoria para 1.700 gargantas adicionales, demostró por qué es el teatro de los sueños en esta edición copera. «¡Yo soy Mirandés!» y «¡Que vote Anduva!», cantaban. Ni siquiera los dos goles de Llorente en los minutos 18 y 27 desanimaron a la afición rojilla. «¡Sí se puede, sí se puede!», recordaron a sus héroes de pantalón corto cuando el guión se torció.

Lo cierto es que el tanto anotado por Lambarri deja resquicios para una nueva gesta. El técnico Carlos Pouso parece al más decidido a dar la batalla hasta el final: «Iremos a Bilbao a partirnos la cara. No iremos allí de fiesta». La plantilla parece igual de entusiasmada y Pablo Infante tampoco parece dispuesto a rendirse: «Vamos a darlo todo en San Mamés. A morir allí, a jugar e intentar ganar 0-2». «Tenemos que dar la cara por nuestro club y por la afición», aseguraba Lambarri.