El Golfo Pérsico, deporte al 100 x 100
PETRODÓLAR

El imán del Golfo

Pese a la revuelta social en Bahréin, los países de Oriente Medio copan los eventos deportivos del planeta

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El nuevo edén en el deporte proviene de una mezcla de desierto, agua y diamantes. Es el símbolo de Oriente Medio, un lugar del planeta que no sabrían identificar más de la mitad de sus habitantes. El deporte se juega ahora en el Golfo Pérsico, en los países conectados por esta masa de agua que une la península arábiga con Irán y que transporta a los estuarios chic, Qatar, Bahréin, Abu Dhabi, Dubai. Allí está el petróleo, el dinero y tal vez el futuro. El Mundial de fútbol concedido a Qatar en 2022 es la guinda de un pastel que se lleva horneando desde hace tiempo. Los grandes acontecimientos del deporte han acampado en el también llamado Golfo de Irán.

Un escenario áspero en lo climatológico, sin grandes ofertas de ocio que no pasen por el desierto, los hoteles y los centros comerciales, que por obra y gracia de los yacimientos petrolíferos que afloraron como el maná en los años 50, han convertido la zona en un vergel para el deporte.

La propuesta concita una fascinación por el lujo, al que son tan proclives los gobernantes de estos países. El boceto que manejan los jeques de Qatar para el Mundial de 2022 aporta verdaderas joyas de la ingeniería. Estadios con aire acondicionado para aguantar las temperaturas extremas del verano (rondan los 45 grados). Transporte en taxis-lancha para cruzar embarcaderos y desembocar en las puertas de los campos. Fachadas construídas con pantallas gigantes en el exterior para poder ver los partidos...

Así será el fastuoso Mundial 2022. Una cadena de estadios que aún no se han levantado (Al Shamal, Al Khor, Al Gharafa, Al Rayyan...) con comodidades desconocidas. Uno de los escenarios tendrá la forma de una barca y desde allí se podrá cruzar al cercano archipiélago de Bahréin. En el Khor, los espectadores disfrutarán de vistas al Golfo Pérsico desde su asiento. El Gharafa lucirá franjas de colores que simbolizan la hospitalidad y la amistad. Será un estadio desmontable. En el Wakrah, habrá tiendas, oficinas y un parque acuático. Una especie de oasis en el desierto.

Aunque independientes en cuanto a soberanía y gobierno, las perlas del golfo mantienen una relación de vasos comunicantes. Varios países han solicitado butaca de primera fila en el Mundial 2022: quieren acoger algún partido. Los emiratos de Abu Dhabi y Dubai y los reinos de Bahréin (envuelto ahora en una fractura social entre chiíes y suníes) y Kuwait han pedido formalmente al presidente de la FIFA una opción de juego en el Mundial.

Y no será por la escasez de afluencia deportiva. Casi todos los deportes de rango mundial han visitado ya alguna de estas naciones. La Fórmula 1 empieza (no este año) en Bahréin y termina desde el pasado en Abu Dhabi. Circuitos galácticos, sembrados por la hospitalidad árabe, con hoteles que cambian de color encima de la pista. También el Mundial de motociclismo, que arranca otro curso desde el trazado de Qatar, su iluminación de leds en formato nocturno sin reparar en gastos que el dinero no es problema.

O la mejor carrera de caballos de la historia, que se celebró en Dubai y que registró un premio superlativo para el propietario de «Invasor», el potro vencedor: seis millones de euros. Hasta la zona ha llegado el tenis de primer nivel. Dubai ha logrado que los números uno mundiales de la raqueta promocionen su visión de islas de arena ganadas al mar y el increíble hotel Burj-Al-Arab —el único siete estrellas de la tierra—. En la cercana capital de Qatar, Doha, se disputa cada enero el primer torneo de tenis de la temporada. Nadal y Federer han conquistado aquellas tierras con una cadena de títulos.

También ha desembarcado el ciclismo (Tour de Qatar, Tour de Omán), la natación (último Mundial de piscina corta) o el glamour de las alfombras rojas (los Premios Laureus). Esperan en adelante el Mundial de balonmano, más motor y el colofón del Mundial de fútbol.

Es el imán del golfo para el deporte. Un dato sintomático. Al Jazeera, la cadena del mundo árabe, emite deporte a través de diez canales. «No se trata sólo de petróleo —comenta un portavoz de la embajada de Qatar en España—, sino de infraestructuras, de enclave como cruce de caminos, de pasión por el deporte. El turismo ha generado mucha riqueza y el deporte es una forma de darse a conocer al mundo».