El heredero pide la corona
Lochte y Phelps - EFE
NATACIÓN

El heredero pide la corona

Phelps y Lochte inician en Shanghái una rivalidad que se espera atroz en los Juegos de Londres

MADRID Actualizado:

El tiburón de la película de Spielberg nunca asomaba demasiado la cabeza cuando atacaba, solo se intuía por su sombra, solo sus víctimas sentían la dentellada. Así se comportó Michael Phelps durante una década en la que sus rivales apenas podían verle en el agua. Cuando se daban cuenta la medalla ya llevaba su nombre. Ahora es él quien siente cerca la mandíbula de un nuevo escualo: Ryan Lochte.

Desde su aparición en los Juegos Olímpicos de Sídney, en 2000, Phelps no ha parado de romper récords y coleccionar medallas. Con sus dos metros de envergadura y su facilidad para avanzar en las inmersiones, parecía tener un cuerpo hecho para el agua. Lo demostró competición a competición. En los Mundiales de Shanghái ha vuelto a ratificar que su nombre debe ser escrito con letras de oro, como los cuatro que se lleva de China. El «Tiburón de Baltimore» tiene hambre. Potencia, ferocidad, intensidad, Phelps.

Mismos atributos que se adjudican a quien lleva tiempo con el título de «sucesor» a la espalda y ya se ha convertido en su sombra, alargada, pues en estos mundiales ha logrado un oro más. Lochte. Otro norteamericano con brazadas de campeón, que siempre ha sido criticado porque su despunte llegó quizá tarde (es un año mayor que Phelps). Sus dos victorias sobre el de Baltimore y los cinco oros que se lleva de Shanghái bien merecen acallar los comentarios.

Debutó en 2005 y ha ido pasito a pasito por la senda del éxito, siempre con la espalda del «mejor nadador de todos los tiempos» en el horizonte. Pero algo tiene de especial el neoyorquino sobre su «hermano menor» que ha conseguido superarle en Shanghái en los dos duelos individuales en los que se han enfrentado. En 200 estilos, donde Lochte batió por primera vez un récord tras la prohibición de los bañadores de poliuretano, y en 200 libres fue Phelps quien vio cómo subía al cajón más alto y lograba cinco oros (200 y 400 estilos, 200 libres, 200 espalda y el relevo 4x200). Él se queda con cuatro (100 y 200 mariposa y los relevos 4x200 libre y estilos). Cantidad nada desdeñable que da un total de 25 oros mundiales en su carrera. Estratosférico. De otro planeta. Quizá hasta la llegada del asteroide Lochte.

Londres decide

Sin embargo, el verdadero duelo tendrá lugar en Londres, donde la hegemonía de Phelps permanece aún intacta y se traduce en 16 oros olímpicos (8 de ellos logrados en unos mismos Juegos, los de Pekín en 2008). Mientras que su rival todavía no puede inscribir su nombre en los anales olímpicos. Shanghái solo ha sido el primer escenario para comprobar que el hambre de triunfos sigue intacto en Phelps y sigue aumentando en Lochte. Donde la rivalidad les ha llevado a dividirse los triunfos individuales y a juntarse para lograr los colectivos. Sin embargo, ninguno de los dos tenía todos sus sentidos afinados.

El de Baltimore acudió a la cita mundialista con serias dudas sobre su puesta a punto. Tres derrotas en su especialidad y una corta temporada de entrenamientos no eran buenas premisas para ver al mejor Phelps. Desde que superara el récord de medallas en 2008, su nivel bajó en intensidad y calidad. Normal, tratándose de alguien que observa a sus rivales en la salida y no los vuelve a ver en el resto de carrera.

Sin referencias ni retos, y con los entrenamientos como único aliciente, Phelps parecía haberse dejado llevar. No obstante, las medallas ratifican que no llegó al Mundial a lucir nombre, sino para lanzar la dentellada y morder al que se acercara. Ahora ha encontrado la presa que necesitaba. La que le seduce y ha terminado atrapándole. Lochte había cedido su corona en los 200 metros espalda en los Mundiales de Roma. Se resarció en China, y de qué forma. Superó a Phelps en un sprint final que dejó clavado al «mejor de todos los tiempos», por ahora. Ambos se buscan, se retan, se necesitan.

Todo o nada

Si Shanghái ha sido el calentamiento, Londres será, sin duda, la consagración de la rivalidad. Los dos ya afilan sus colmillos. Lochte, desafiante, aseguró tras su victoria en los 400 estilos que no se marcha muy satisfecho: «Obtener cinco medallas es fantástico, pero sé que puedo nadar mucho más rápido».

Phelps contraatacó anunciando que este ha sido su último Mundial. A través de la red social Twitter, Phelps confesó: «Es fuerte pensar que la de hoy ha sido la última prueba de mi carrera en unos Mundiales». De lo que se traduce que la retirada podría llegar tras los Juegos de Londres, y que se los preparará a conciencia. Phelps se lo toma como un todo o nada. Aun siendo más joven que su máximo rival, no se dará más opciones para aumentar la leyenda.

Puede que la última dentellada del «Tiburón de Baltimore» se disfrute en Londres, pero ya es seguro que la película del escualo tiene continuación.