Gento La galerna del Cantábrico

Capaz de correr con el balón 100 metros en 10,9 segundos, es el único de la historia que ha ganado seis Copas de Europa

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Atribuyen a Garrincha, el mágico jugador brasileño, esta sentencia: «Gento y yo, con nueve más, los que sean, seríamos siempre campeones». Quizá tenía razón. Eran tiempos tan lejanos que entonces se jugaba —créanme— con dos auténticos extremos...

El palmarés de Gento es absolutamente excepcional: el único que ha disputado 15 Copas de Europa consecutivas, ha jugado ocho finales y ha ganado seis títulos; además, ganó 12 Ligas, dos Copas de España y una Intercontinental. Muchos le consideran el mejor extremo izquierdo mundial de todos los tiempos.

En la apasionante «Historia del Real Madrid contada por ABC», repaso la historia de Paco Gento. Nace en Granizo (Santander) en 1933. Muy pronto destaca, por su velocidad, en atletismo y fútbol, en los equipos Nueva Montaña, Astillero (con 14 años, metió, en un partido, nueve goles) y Rayo Cantabria. Un vicepresidente santanderino, Álvaro Bustamante, lo trae al Madrid, en 1953, cuando tiene 20 años. Aquí se queda 18 temporadas, hasta 1971. Le toca vivir la etapa más gloriosa del Madrid (de cualquier club, en realidad): las cinco Copas de Europa (1956 a 1960, inclusive) de la «era Di Stéfano» y una más, en 1966, con los «ye-yés».

En el libro del ABC veo la foto de la delantera que volvió a conquistar la Liga: Joseíto, Olsen, Di Stéfano, Molowny y Gento.

Cuando Gento llegó al Madrid —lo recuerdo bien— hubo cierta decepción: corría mucho, sí, pero alocadamente, se podía dejar la pelota atrás, o salirse del campo. Se gastaban bromas en Chamartín. En la primera temporada no marcó ni un solo gol: «Hubo momentos en que yo mismo creí en mi fracaso, ya que, en Santander, yo hacía goles con facilidad».

En 1954 —leo en el libro de ABC— don Alfredo escribe a un interior izquierdo que jugaba en Montevideo: «Rial, ven a Madrid». La llegada de Rial, un magnífico jugador, sólo superado por Di Stéfano, cambia el destino de Gento. Todavía veo a Rial, cogiendo la pelota, en el centro de campo, y a Gento, saliendo como una bala hacia delante. Cuando llega cerca del banderín de córner, el balón, enviado en parábola por Rial, cae a sus pies: un prodigio de sincronización, de inteligencia futbolística. A la vez, Gento va puliendo su técnica: los regates, el caracoleo, la parada en seco que deja por el suelo al defensa, los centros medidos, el duro disparo...

En la segunda Copa de Europa, la del 56-57, viene a Madrid el orgulloso Manchester (ha ganado 12-0 al Anderlecht). En aquel Madrid, Kopa aporta el regate; Rial, la calidad; Di Stéfano vale por todo un equipo. Pero los ingleses se cierran: es la velocidad de Gento, entonces, la que rompe su defensa, y ganamos por 3-1.

En la final, frente a la Fiorentina, en el Santiago Bernabéu (que acaba de estrenar iluminación artificial, pero los italianos se niegan a jugar de noche), don Alfredo marca de penalti el primer gol. Poco después, un pase vertical, esta vez por el centro: Gento desborda a toda la defensa italiana y eleva el balón por encima del meta Sarti...

También marca Gento, esta vez en la prórroga, en la final de la tercera Copa de Europa, en Bruselas, frente al Milán: «Un fabuloso disparo cruzado que pasa entre un regimiento de piernas y se cuela, junto al palo» (Di Stéfano).

En el libro que publica ABC, veo imágenes de toda la trayectoria de Gento: con brazalete negro, como duelo por el accidente del Manchester; con Fabiola y Balduino; con sus hermanos Toñín y Julio, jugando juntos; ya con treinta años, liderando a los ye-yés —Velázquez, Sanchís, Pirri —, con sus pelucas ( «en la final de Heysel, la sexta, sólo estaba Gento como estandarte de un gran pasado», dijo Amancio); su despedida, en los 25 años del Bernabéu, cuando marcó un gol al Belenenses...

Ningún extremo ha igualado su velocidad: 10,9 en los cien metros, con el balón en los pies. También ha tenido la humildad de los grandes: «Si yo no hubiera venido al Real Madrid, si no hubiera tenido a mi lado grandes estrellas, habría sido uno más en el fútbol». Pero la historia del Real Madrid — y la del fútbol mundial— también hubiera sido diferente sin los pases adelantados de Rial o de Puskas y las eléctricas galopadas de Paco Gento.