Vettel y Webber, con el Red Bull RB7 - EFE
FÓRMULA 1

Red Bull guarda el secreto del viento

El rival de Alonso se presenta al mando de Newey, el mago de la aerodinámica. Esta es la radiografía del campeón

MADRID Actualizado:

Dicen que le dijo el sabio César Luis Menotti a uno de sus jugadores. «En vez de cerebro, tienes un balón en la cabeza». El interpelado anónimo se comió la contundente reprimenda por su obsesión futbolera, por su pensamiento compulsivo de única dirección, por ese afán tan expansivo en poner puertas al campo y cerrar los ojos a un mundo abierto. En Red Bull, escudería de referencia en la Fórmula 1 que aplica la lógica matemática a su modus vivendi, nadie se atreve a exponer públicamente la impresión que subyace en la fábrica inglesa de Milton Keynes, donde se construyen sus monoplazas. «Newey tiene el viento en la cabeza». Al tiempo que Alonso comienza hoy a rodar con su Ferrari F150, también en Valencia se presenta su enemigo: Red Bull, el coche supersónico de la F-1 en los últimos años.

El ingeniero aeronáutico Adrian Newey (56 años) goza de una reputación superlativa en la F-1. Su sueldo galáctico (entre nueve y diez millones de euros, más que muchos pilotos) se corresponde con su fama. Es el único ingeniero que ha ganado el título de constructores con tres escuadras diferentes (Williams, McLaren y Red Bull) y el tipo que ha dado el impulso final a un emporio creado desde la cantera.

Newey vive en la obsesión de la aerodinámica en los coches y en su versión B, el efecto Venturi. Un principio acuñado por el físico italiano Giovanni Battista Venturi en el siglo XIX y que consiste en que «un fluido en movimiento dentro de un conducto cerrado disminuye su presión al aumentar la velocidad después de pasar por una zona de sección menor». En cristiano, quiere decir que el aire coge más velocidad cuando atraviesa un conducto más estrecho. Newey, el viento y la cabeza.

Innovador en el diseño, pero artesano en la ejecución, Adrian Newey transporta sus ideas al lápiz y el papel. Así creó el RB6, el bólido que abrumó a la competencia y ganó el Mundial el año pasado. A su vera ha adiestrado un cuerpo de ingenieros que se mueve en las mismas rutinas. Los secretos de la aerodinámica y sus derivados, el área de sustentación, el coeficiente de resistencia, la fuerza lateral...

Zidanes y pavones

Red Bull aplica la extinta política de Florentino Pérez, brillante proyecto inacabado por completo, los zidanes y pavones. Helmut Marko, el asesor y hombre fuerte en la sombra del dueño de la compañía —Dietrich Mateschitz—, forma a sus pasajeros del volante en la cantera del programa de jóvenes pilotos y ficha ingenieros a coste sideral. Pocos expertos técnicos han abandonado la nave porque Marko los paga a precio de oro. Neil Martin, estratega durante once años en McLaren y cuatro en Red Bull, dejó este invierno la escudería para recalar en Ferrari.

En esa pelea por la promoción interna se ha metido de lleno un español, Jaime Alguersuari, tripulante por tercer año del filial Toro Rosso y que aspira a un ascenso. El campeón mundial Vettel es intocable y sólo una mala temporada de Mark Webber le abriría alguna puerta, siempre y cuando sea capaz de superar a su compañero Sebastian Buemi. El suizo ha demostrado competencia, valor y velocidad, y tiene, como Alguersuari, el sello de Helmut Marko en la sucursal de cachorros.

La expectación preside ese garaje de Cheste donde hoy Adrian Newey descubre su obra. Lo que se ha visto hasta ahora en las presentaciones de Renault, Sauber, Lotus y la virtual de Mercedes, etc... son coches más pequeños en los que ha desaparecido, por reglamento, el doble difusor. La normativa de la Federación Internacional (FIA) ha provocado una homogeneidad de los monoplazas, que se parecen bastante en su aspecto exterior. Lejos del ruido de los transatlánticos (Ferrari, McLaren, Mercedes), Red Bull propone en la pasarela la línea que marcará la pauta en la temporada a partir del lapicero de su orfebre.