Buenas noticias para Pepe Reina
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Buenas noticias para Pepe Reina

El portero del Liverpool publica su autobiografía, sin el drama humano de los éxitos de ventas

LONDRES Actualizado:

La prueba de que el Manchester City de Mancini es una grifería de oro en un edificio que amenazaba ruina es que las librerías slo ofrecen en sus estantes navideños obras sobre personajes de su historia, como Joe Mercer, entrenador del club en la década de los sesenta, o Bernhard «Bert» Trautmann, el alemán que fue su guardameta tras la Segunda Guerra Mundial.

Hay biografías de Alex Ferguson o del entrenador del Real Madrid, José Mourinho, autobiografías de Gary Neville («Rojo») y Paul Scholes («Scholes»), de Theo Walcott («Creciendo Rápido«) y Robin Van Persie («Van Persie»), pero nada que glose la vida y obra de Mancini y un solo tomo dedicado a jugadores del City de hoy; con la mala pata de que es sobre Tévez, que ya está yéndose.

Prólogo de Villa

El Liverpool es otra cosa. En las últimas semanas se ha publicado una biografía —la autorizada, según su cubierta— de Joe Fagan («Campeón Reacio»), que entrenó al equipo campeón de Europa en 1984, y Ronnie Whelan, el Makelele irlandés de Anfield en los ochenta, cuenta tardíamente su trayectoria en «Seguir Andando, Mi Vida en Rojo».

Pero la novedad de la temporada navideña es «Pepe, Mi autobiografía», que José Manuel Reina, el internacional español, ha publicado, con prólogo de su amigo David Villa, y en colaboración con Tony Barrett. Son trescientas páginas que se venden, con tapa dura roja y letras grabadas en dorado bajo la cubierta fotográfica, a un precio de unos veinte euros.

Según Randall Northam, creador de la editorial SportsBooks, el refinado juego del cricket ha sido más fértil para la literatura, pero en julio de 1990 los ingleses vieron a Paul Gascoigne llorar en los últimos minutos del partido contra Alemania, en el Stadio delle Alpi de Turín, al comprender que la tarjeta que le había mostrado el árbitro le impediría jugar en la final de la Copa del Mundo y esas lágrimas llevaron a las clases lectoras hacia el fútbol.

Los buenos libros presentan contrastes de la experiencia humana. En una de las mejores obras de la literatura inglesa sobre juegos –«This Sporting Life» (Esta vida deportiva)–, David Storey cuenta la degradación paulatina de un profesional del rugby a trece, Frank Machin (Richard Harris lo encarnó en la pantalla), de joven duro, arrogante y ambicioso a amante patético y mera carne de simio para los estadios.

Maldiciones menores

La sociedad británica recibió ayer con asombro la noticia del suicidio de Gary Speed, que hasta hace muy poco corría por sus campos y se había convertido en seleccionador galés. En las estanterías de libros deportivos, el que está marcado con el sello de «best seller» (éxito de ventas) es «Una vida demasiado corta. La tragedia de Robert Enke», el portero del Barcelona y del Hannover que también se quitó la vida.

Pepe Reina no puede afortunadamente competir con esas historias de la realidad o de la ficción para dar interés a su libro. La maldición que comparte con su padre, Miguel, de llegar a una final de la máxima competición europea y perderla o la larga deferencia hacia Iker Casillas en la selección no trascienden lo privado.

«Pepe» es un libro típico de su género. Navegando por un mar polucionado por glorias, sueños y frases hechas del idioma del fútbol, el lector visita algunas aguas plácidas: las barbacoas invernales de los españoles del Liverpool en casa de Mikel Arteta, su admiración por el pionero de la modernidad en el oficio de portero —el ex del Atlético y del Deportivo José Molina— o el rito de los cruasanes con leche en la selección, entre otras.