El atletismo en su laberinto
María Vasco - ABC

El atletismo en su laberinto

La resaca de la Operación Galgo inflama a un colectivo que preferiría hablar de deporte y no de dopaje

MADRID Actualizado:

Los aficionados que ya tienen una edad jamás olvidarán su ataque en la curva del estadio de Montjuïc. Hoy, Fermín Cacho, campeón olímpico y europeo de 1.500 metros, asesor de Deportes en la Diputación de Jaén en su segunda vida, contempla estupefacto el incendio que la Operación Galgo y sus salpicaduras — la polémica absolución de Bezabeh por parte del Comité de Competición de la Federación Española— han provocado en el atletismo. «Vivimos buenos tiempos para nuestro deporte, aunque los titulares de prensa indiquen lo contrario. Hay gente de contrastada calidad y jóvenes prometedores, como Kevin López, Vicente Docavo o Eusebio Cáceres, así que más nos valdría hablar en la pista. La investigación de la Galgo sigue abierta y hay que ser respetuosos, porque estar imputado no significa ser culpable. Tirarnos los trastos a la cabeza no es la mejor solución».

La semana ha sido complicada, aunque las declaraciones de algunos atletas no responden a un arranque súbito: existe mar de fondo desde hace tiempo; desde antes, incluso, que la Guardia Civil detuviera en diciembre pasado a 14 personas por su presunta implicación en delitos contra la salud pública. «Me da vergüenza vestir la camiseta de la selección española», dijo el fondista Sergio Sánchez, indignado por el caso Bezabeh. Jesús España, campeón europeo de 5.000 metros en Gotemburgo 2006: «Aquí los que mandan protegen a los que hacen trampas». «Lamentable, bochornosa decisión. Tolerancia cero a los tramposos», escribió el maratoniano Chema Martínez en su Twitter.

Sergio Sánchez, subcampeón del mundo de 3.000 metros en pista cubierta, reconoce a ABC que «me calenté con Lissavetzky y quizás dije una barbaridad» (comentó que si ganaba una medalla olímpica e iba el ex secretario para el Deporte a felicitarle «le pegaría con la medalla en la cara y le diría que esto es gracias a la ayuda de mierda que me ha dado»). «No soy racista y me siento más español que nadie, pero Bezabeh debe ser sancionado y la legislación antidopaje, endurecerse. Varios mítines de Estados Unidos, Alemania y Francia no han querido invertir en mí por culpa del sambenito que nos acompaña. Estamos pagando justos por pecadores».

A la mediofondista Mayte Martínez le entristece que «venda más esta polémica que el propio atletismo, aunque esto ocurre porque hacer trampas sale muy barato. Habría que quitar las medallas y el dinero a quien se dopa y se ríe de los que nos dejamos muchas lágrimas en esto. Si yo hubiera optado por ese camino habría cosechado más éxitos, de eso estoy segura. Por suerte, mi entorno jamás me ha sugerido la vía fácil, sino la de la salud, el esfuerzo y la honestidad».

María Vasco, bronce en 20 kilómetros marcha en los Juegos de Sidney, está «alucinada» por las duras declaraciones de Sergio Sánchez y lamenta este «morbo». «En internet hay más comentarios ahora que cuando ganamos una medalla. Este país es así. Me siento fatal leyendo estas cosas». La saltadora Ruth Beitia, que acaba de ganar una plata en el Europeo de pista cubierta de París, siente «pena por lo que está ocurriendo. Intento concentrarme en mis entrenamientos y fijarme objetivos. Hay un mundial a la vuelta de la esquina».

Abel Antón, doble campeón mundial de maratón, no ve correcta «la nacionalización exprés de extranjeros, sino seguir los trámites correctos, porque se perjudica a los atletas españoles. Sergio Sánchez debe correr y ganar, que es su trabajo y lo hace muy bien. Y el atletismo español, en general, hacer autocrítica para que el público vuelva a tener interés por nuestro deporte».