FÚTBOL | RAÚL

Un álbum de 400 goles

«Es listo», decían de Raúl Luis Aragonés y Capello. Encontrar el remate ha sido su vida

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Raúl. Solo su nombre le hace ser famoso en todo el mundo. En Europa le llaman también «míster Champions», por ser el futbolista que más goles ha anotado en las competiciones continentales: 73 (72 en Liga de Campeones, uno en la Supercopa de Europa y uno en la Liga Europa). En Alemania le denominan «señor Raúl». Tiene el don del gol. A sus 34 años, el señor don Raúl González Blanco (Madrid, 27-6-1977) ha marcado su tanto número 400 en el fútbol de alto nivel. Era el trigésimo tercero con el Schalke tras temporada y media en el club germano. Fue una diana de su estilo. Un tanto que define su carrera. Un remate de colocación en el campo, de saber estar en el sitio adecuado en el momento justo. Un gol de listo. De pizarra. Se jugaba el minuto diez del encuentro frente al Wolfsburgo y el «siete», siempre el «siete», cazó en el segundo palo un balón cabeceado hacia atrás por Matip para protagonizar el 1-0. Allí era donde debía situarse para encontrar el toque de su compañero. Así anotó el número 400. Y los que faltan.

Superó a Di Stéfano

«Raúl es un Ferrari y nos superará a todos», decía Fernando Hierro hace unos años. El madrileño lideró la clasificación de rematadores de la selección, con 44, hasta que Villa le adelantó hasta alcanzar los 51. Y se convirtió en el máximo goleador del Real Madrid, con 323. Es el único que ha osado batir el antiguo récord de Di Stéfano, 307. Los 33 que «Raulito» suma con el Schalke le han permitido cuadrar una cifra, 400, que sus incondicionales dicen que consiguió ya en su última campaña en el equipo blanco, porque añadían los 16 que anotó con el Real Madrid C y los 17 que obtuvo en las selecciones inferiores. Pero esos tantos no cuentan al más alto nivel.

Siempre un segundo antes

Esta excelente cuenta goleadora empezó el 5 de noviembre de 1994, en un derbi con el Atlético, su equipo de la niñez. Raúl remató el 3-1. Un disparo con la zurda que batió a Diego. Había debutado en el Madrid una semana antes, el 29 de octubre de 1994, en La Romareda. Valdano vio el talento asesino de un delantero letal. Era rápido, avispado. Se colocaba siempre en posición de recibir el pase decisivo. Una virtud que pocos poseen. Luis Aragonés le definió con una palabra: «Es listo». Capello la repitió: «Muy listo».

Sus desmarques en el área comenzaron a ser la solución de urgencia en las situaciones límite, esas que tanto le gustaban vivir a Raúl. Cuando sus compañeros no encontraban un punta a quien dar el balón, cuando no veían huecos, allí aparecía Raulito para anticiparse, pedir la pelota y rematar a la media vuelta sin que el defensa pudiera tapar el disparo. Esa inteligencia para sacar petróleo de la nada le erigió en un líder. Así se transformó en el goleador total.

Su remate de cabeza siempre fue bueno. Mejoró paulatinamente en el tiro con los pies. Buscaba los ángulos, casi siempre por raso. No abusaba de la potencia, sino de la colocación. Sus vaselinas rubricaron un compendio de estilos que asombró al mundo. Una amalgama de virtudes que coronaba una característica esencial: llegar siempre un segundo antes que el defensa. Butragueño le señaló como el ejemplo de los valores del Real Madrid. Es un ejemplo mundial.