Chris Coleman, atleta estadounidense
Chris Coleman, atleta estadounidense - EFE
Atletismo

A la velocidad del rayo

Chris Coleman, con la séptima marca de la historia en 100 metros, se aproxima al pedestal de Usain Bolt

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Más allá de reconocimientos honoríficos o titulares de prensa en busca de una deidad que nunca sustituirá a Usain Bolt, existe una realidad innegociable. Un chico tímido, bajito y compacto que proviene del sureño estado de Georgia en Estados Unidos se ha convertido en el séptimo atleta más rápido de la historia en la prueba fetiche de los 100 metros. Otro dato indiscutible lo avala: nadie había corrido tan rápido en línea recta desde hace tres años, desde que su santidad Bolt se colgó otro oro en el Mundial de Pekín. Estamos ante el tipo que se presenta como aspirante a ocupar el mayor hueco que ha dejado el atletismo en su historia. Chris Coleman se acerca al pedestal de Bolt.

El estadounidense Coleman (22 años) se distanció de los demás purasangres del atletismo con una marca sobresaliente en Bruselas, 9,79 segundos. Palabras mayores en una temporada de control absoluto para los norteamericanos: tres atletas han copado los ocho mejores registros del curso en la prueba reina. Ronnie Baker hizo 9,87, el joven Noah Lyles (21 años) llegó a 9,88 y Michael Rodgers paró el cronómetro en 9,89.

Jamaica ha desaparecido de la faz de la tierra con el desolador y emotivo adiós de Usain Bolt el verano pasado en el Mundial de Londres, derrotado en los 100 y caído en la final de 4x100. Y Estados Unidos ha recuperado la hegemonía de la velocidad gracias a Coleman, un cohete de la América del sur.

La pasada campaña, el chico de Georgia ya hizo una aparición asombrosa en el circuito internacional. Se embolsó la plata en el Mundial, solo superado por el velocista maldito, Justin Gatlin, con un tiempo muy estimable en la final (9,82) y por delante de Usain Bolt. Ya ha había causado sensación durante el ciclo universitario de la NCCA. La confirmación llega en 2018, con el título mundial en pista de cubierta en Birmimgham y récord del mundo en 60 metros (6,34 segundos). Su intervención en la Liga de Diamante en Bélgica ha dejado la sucesión en sus manos hasta nueva orden.

«Creo que se puede decir que soy el nuevo jefe», proclamó en Bruselas con la euforia del 9,79. «Es un honor figurar en esa lista con los más grandes», añadió.

De Coleman llama la atención su figura compacta. Es muy bajito (1,75 metros) –uno de los más pequeños en la elite del sprint junto al sancionado jamaicano Nesta Carter–, comparado con los demás velocistas contemporáneos. Usain Bolt mide 1,95, Justin Gatlin 1,85, Asafa Powell 1,92 o Yohan Blake 1,84. Coleman suele ser una flecha en la salida y un atleta de zancadas cortas que se impulsan a la velocidad del rayo.

Su cuna le avala en términos estadísticos y de tradición en la velocidad norteamericana. Antecesores legendarios, como Jesse Owens o Carl Lewis, nacieron, como él, en el sur de Estados Unidos. Ambos en Alabama. Coleman vino al mundo en Atlanta, sede de la Coca Cola y la CNN en Georgia. Tipo religioso, cristiano de fe inquebrantable, hijo de una profesora y funcionario del sistema educativo de Estados Unidos, el velocista suele dar gracias a Dios por su privilegiada posición en el deporte.

Y antes que llegar a la cima de Bolt, Coleman pretende alcanzar, partido a partido, otros objetivos. Quiere rebajar el récord estadounidense de Tyson Gay (9,69) antes de embarcarse en otras aventuras.