Mario Mola celebra su triunfo en Gold Coast de Australia
Mario Mola celebra su triunfo en Gold Coast de Australia - EFE

Triatlón¿Por qué España domina el triatlón?

Mario Mola ganó otra vez el Mundial y confirma el poderío español en esta disciplina, un vivero de campeones

Daniel Urbano
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Desde que comenzase el siglo XXI, España ha dado nueve campeonatos mundiales y siete europeos a la federación de triatlón; ninguna otra nación ha conseguido tantos metales dorados, ampliada esa lista ayer con el sensacional éxito de Mario Mola.

Mola, tres oros mundiales consecutivos (sumando este de 2018), dos platas y un bronce en seis temporadas; Javier Gómez Noya, cinco primeros puestos, cuatro segundos y un tercero en once años de Mundiales, además de una plata en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y cuatro veces el mejor de Europa; Iván Raña, primer campeón del mundo español y dos veces subcampeón. España es, pues, una máquina de crear triatletas y de hacerlos ganadores.

Los clubes y las federaciones se hacen eco de estos premios. Lo ven reflejado en el auge de jóvenes y niños que quieren competir. «Parece que no, pero tener figuras o referentes como Mola o Noya, el decir “ostras, si este que es de mi ciudad puede, ¿por qué yo no?”, hace mucho por este deporte. Hay muchos chicos que viendo a nuestros campeones han querido seguir su estela», comenta a ABC Joan Mayol, director técnico de triatlón del Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Sant Cugat.

Mayol, que compartió entrenamientos con Mario Mola durante sus dos años en la Residencia Blume de Esplugues, tiene ahora a su cargo a un equipo de seis triatletas con edades de entre 15 y 25 años. «En las últimas pruebas que hicimos para detectar jóvenes talentos se presentaron 90 niñas nacidas entre 1999 y 2003; solo tres están en el equipo del CAR», contaba. Sobre el perfil que ha de tener un buen triatleta, Mayol se refirió a «un nadador, fino y que corra; la bicicleta será el último paso, parte ya de la tecnificación».

Una vez filtrado y seleccionado al deportista, comienza su moldeamiento. «Nadamos cada día, de lunes a sábado, hacemos tres días de bici -martes, jueves y sábado (con alguna salida el domingo si no hay competición)- y carrera otros tres -lunes, miércoles y viernes-. Cada día hacemos mínimo dos deportes, pero esto es a nivel de tecnificación. A nivel de alto rendimiento, casi cada día se entrenan los tres deportes, ya sea más o menos; se pueden entrenar… ¡hasta 25 horas al día!», decía entre resoplidos. «Nosotros trabajamos de 18 a 25 horas semanales, pero en invierno se puede llegar hasta 30. Son muchas horas porque son tres deportes, sobre todo natación, hora y media al día siempre», apuntó.

Hablan los especialistas

Frente a él, Anna Flaquer, triatleta del CAR de Sant Cugat. Lleva seis años en esta residencia, creada hace tres décadas con vistas a los Juegos Olímpicos de Barcelona, y cuenta su experiencia a ABC. «Desde que me metieron en el agua con tres años, me puse a nadar. Después comencé a competir a nivel nacional, más tarde igual en natación sincronizada. Tras un acuatlón (natación y atletismo) en 2012, y gracias a que una marca me cedió una bici, conseguí un buen tiempo y aquí estoy», narra.

Flaquer, que fue bronce en el campeonato de España absoluto de triatlón de 2015, quiere seguir progresando: «Ya he hecho alguna copa del mundo, para ver qué es y coger experiencia. Mi objetivo es ir a una Copa del Mundo y poder luchar, quiero estar algo más arriba que las dos que hice años atrás. Como sueño, cómo no, lo mismo que todos los que estamos aquí, participar en unos Juegos Olímpicos».

«Competir siempre tiene un nivel de exigencia, más aún cuando el triatlón apuesta por ti y corres por el CAR (las becas se estiman en 24.000 euros al año por residente). Pero esto no quiere decir que por no ganar un día lo estés haciendo mal, la posición no muestra tu valía», contaba Flaquer. «Es mirar hacia más arriba. Una de mis chicas fue segunda a nivel nacional, no ganó, pero las miras están puestas más allá, en lo internacional. Yo sé que son buenas nadadoras, corredoras, y a un nivel mayor de competición van a rendir más que las demás», apunta Joan Mayol, su entrenador.

«Ahora, después de haber madrugado y entrenado las horas que tocasen, cojo la bici, me atravieso Barcelona en una hora y entro en mi puesto de trabajo», así se despide Anna Flaquer. Es el ejemplo perfecto de la dedicación, el esfuerzo y el sacrificio que los triatletas españoles le entregan a su deporte. Ellos ya lo han ganado todo, pero son aspirantes a mucho más.