Alpinismo

Travesía Everest-Lhotse: reto en la zona de la muerte

Dos expediciones buscan romper otra barrera del alpinismo subiendo al Everest y al Lhotse en una hazaña sin precedentes

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Hace 40 años, Reinhold Messner y Peter Habeler eran dos «locos» para el alpinismo tradicional. Su idea de ascender el Everest sin oxígeno traspasaba cualquier idea de racionalidad. Iba contra todo lo conocido, pero ellos supieron derribar esa barrera y hoy, cuatro décadas después, son dos leyendas vivas de este deporte. Porque el alpinismo vive de hazañas y de sueños. De hacer posible lo imaginable y es ahí donde surge el objetivo más ambicioso de esta temporada en el Himalaya.

Subir al Everest y al Lhotse –la cuarta montaña más alta del mundo– de una sola vez es un sueño largamente perseguido por el alpinismo. Muchos intentaron esta travesía «imposible» para que este año haya dos expediciones que vayan a intentar hacerla realidad. El reto es mayúsculo. No por el ascenso en sí a estos dos colosos, sino porque implica estar en la conocida como zona de la muerte –por encima de los 7.500 metros– durante al menos 24 horas. A esa altura, el cerebro humano sufre sin oxígeno y el cansancio se acentúa. «El grado de exposición es máximo, porque al ir sin oxígeno y muy rápido, cualquier problema que pueda surgir hace que las posibilidades de sobrevivir sean escasas», explica a ABC Sebastián Álvaro, creador de «Al filo de lo imposible».

Aunque Álvaro sostiene que la travesía «Everest-Lhotse»es un reto que habría que madurar y que tendría más sentido en un futuro cercano, lo cierto es que dos expediciones ya han confirmado que se encuentran en el campo base para intentarlo en los próximos días. Por un lado, el rumano Horia Colibasanu y el eslovaco Peter Hamor y por otro, el británico Jon Griffith y Tenji Sherpa. Éste último tenía planeado intentarlo el año pasado junto al malogrado Ueli Steck, que murió en el Nupse mientras preparaba la hazaña. Doce meses después, Tenji quiere culminar el sueño del suizo, uno de los grandes alpinistas de los últimos años.

Sus planes pasaban por subir al Everest por la arista Oeste, que es una de las rutas más complicadas, para descender luego hasta el Collado Sur y de ahí alcanzar la cumbre del Lhotse antes de regresar al campo base. «No creo que sea imposible, pero enlazar cumbres siempre implica un riesgo muy alto y más a esa altura. Debe de salir todo bien, que no haya mucho viento, que no cambie el tiempo y, sobre todo, que estén el menor tiempo posible por encima de 7.500 metros. Subir al Everest por el Corredor Hornbein es en sí una hazaña, así que si a eso le sumas todo lo demás, estamos hablando de una auténtica hombrada», reconoce a ABC Álex Txikon, uno de los españoles que mejor conoce el entorno del Everest. El vasco explica que si suben por la arista Oeste «será para evitar las aglomeraciones que habrá en la ruta normal». No le falta razón. Amediados de mes de abril, el gobierno nepalí había expedido ya permisos para el ascenso de 29 expediciones al techo del mundo, lo que supone alrededor de 500 aspirantes a subir al Everest.

Masificación del Everest

El reto del «Everest-Lhotse» implica un alpinismo moderno y ligero. Veloz, pero no tanto como para agotar antes de tiempo las fuerzas. Como una carrera de fondo. «Supongo que apenas llevarán material para el ascenso, si acaso alguna cuerda muy ligera. Eso implica que en muchos puntos vas a ir sin asegurar y cualquier error lo pagas con la muerte. Sin más», afirma con crudeza Sebas Álvaro, muy críticon con las nuevas normas impuestas por el gobierno de Nepal, que en su opinión fomentan una masificación brutal. «No tienen respeto por el medio ambiente, ni por la historia, ni por los alpinistas. Su único deseo es mantener un nido de corruptelas alrededor del Everest. Al final, la montaña termina siendo un parque de atracciones, pero igual de letal», señala. Mientras, a los pies del coloso del Himalaya, el ser humano prepara otra hazaña. Un reto en la zona de la muerte.