Todos para uno y uno para todos

MADRID. Enrique Ortego
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La escena no pasó inadvertida para los aficionados exigentes. Minuto ochenta y tantos del partido en Valencia. El Real Madrid ya gana y Figo corre como un poseso por la banda para recuperar el balón. Minutos antes quien echó el bofe para interceptar a un contrario fue Raúl... Ese es el Madrid actual. Un equipo identificado con el esfuerzo. Solidario en su trabajo de conjunto y tácticamente más disciplinado de lo normal para la calidad que atesoran la mayoría de sus jugadores.

Del Bosque, que debe tener bastante que ver en el asunto, no quiere entrar en detalles, pero está convencido de que la nueva imagen del equipo pasa por el mimetismo. Los menos dotados se han dado cuenta de que los de los «mil millones» se fajan como meritorios. El entrenador lo explica a su manera. «El equilibrio que ha ganado el equipo posiblemente se deba al ejemplo que han dado jugadores como Figo y Raúl, que se esfuerzan por recuperar balones, tapar espacios y ayudar en el aspecto defensivo. Lo peor que le puede pasar a un equipo es partirse en dos mitades».

Tiene razón. Y se puede comprobar en el gráfico adjunto. Las líneas están muy juntas y las zonas de influencia de casi todos los jugadores se complementan. Los dos laterales tienen permiso para doblar por su banda, con la única condición de que, si uno está fuera de su posición, el otro no puede subir, para no descompensar la línea. Hierro hace las coberturas del lateral derecho y Karanka las de Roberto Carlos.

Makelele acapara la zona central. Tiene licencia para lo que sabe: presionar y recuperar balones. Su escudero es Helguera, con más libertad para jugar e incorporarse al ataque. Ha encontrado una zona de influencia positiva en el teórico carril del interior izquierda y por allí entra con facilidad. La banda izquierda queda mucho más equilibrada cuando su ocupante es McManaman. Sus movimientos casi siempre son interiores porque sabe que para entrar por la banda y centrar o chutar ya está Roberto Carlos. Además juega con el freno de mano echado. Si Helguera entra por su pasillo y el brasileño le dobla por la cal, debe cubrir las zonas de influencia de los dos.

En la otra banda, Figo abarca una zona mucha más amplia, pero siempre en campo contrario. Cuando él entra en acción, Raúl y Morientes comienzan a participar del juego.