Suelo de plata para Deferr

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AMADOR GÓMEZ

ENVIADO ESPECIAL

PEKÍN. Por fin lo consiguió. No fue lo que soñaba, el oro, pero sí la plata, la primera medalla que conquista Gervasio Deferr en suelo en unos Juegos, para engrandecer su leyenda olímpica, para igualar al ciclista Joan Llaneras, también en dos ocasiones campeón y una vez subcampeón. Su reto era convertirse en el primer deportista español de la historia con tres oros olímpicos, pero se quedó a un paso, porque cometió un error, «un pequeñísimo desliz en el ejercicio de su vida», según lo calificó su entrenador, orgulloso de un gimnasta obsesionado con subir al podio en suelo en estos Juegos tras las dos medallas de oro consecutivas en salto.

Por ello estuvo Deferr todo el día nervioso, y más ansioso aún antes de salir a la pista, mientras veía cómo fallaban uno tras otro sus rivales, salvo el chino Zou Kai, a quien quizás le otorgaron una puntuación «un poco alta», como reconoció el catalán, autor de otro hito en el deporte español, aunque pudiera saber a poco esa medalla y a más de uno le oliese a tongo.

Descargó Deferr toda su tensión cuando vio la pantalla y comprobó que se había llevado la plata. Tuvo que dirigir su vista al marcador, porque en ese momento no sabía si con su puntuación (15,775) había quedado segundo o tercero. Ya había aventurado Deferr que el oro estaría rondando los 16 puntos. El nuevo y joven campeón olímpico, de 20 años, siete menos que el veterano Deferr, sumó 16,050. Cuando se vio subcampeón, se abrazó a Alfredo Hueto y se quedó sin palabras. Sólo pudo darle las gracias y mirar con un gesto, no de enfado, pero sí de resignación, a Alfredo, quien de inmediato le subió la moral. «¡Gracias a ti! ¡Está bien, joder!», le dijo su entrenador. Y «Gervi» pareció recuperar el ánimo. Sabía que, tras haber vacilado en la posición del Cristo invertido y dado que el gimnasta local tenía una nota de partida superior a la suya (dos décimas más), no iba a poder arrebatarle el oro, pero le quedaba esa esperanza. Sobre todo, porque le tocaba salir el último, sus grandes rivales, el rumano Dragulescu y el brasileño Hipolyto, que acabó llorando, se habían estrellado, y Zou Kai tampoco había sacado una puntuación imposible de alcanzar. En teoría, salir el último siempre es una ventaja, pero a Deferr también le pudo la presión.

Sufrió Deferr con tanta espera, con los errores de los contrarios, con verse tan cerca de ese oro que le habría encumbrado a lo más alto del deporte olímpico español, aunque ya es histórica y grandiosa la nueva página que ha escrito. Podio en tres Juegos Olímpicos consecutivos. Tenía, sin embargo, el oro grabado en la cabeza y por ese motivo estaba tan tenso, con el corazón y las venas a punto de estallar cuando se lanzó a la pista. Ni siquiera quiso ver el ejercicio de Dragulescu, concentrado en lo suyo, en no fallar, pero no tenía Deferr una buena cara cuando se disponía a salir. Estaba un tanto desencajado.

Se le pegaron los pies

Fue clavando la salida y sus diagonales, pero en el Cristo invertido no aguantó el equilibrio lo suficiente. Con el fin de no resbalarse en la pista nueva, Deferr, como siempre ha hecho en Pekín, se puso un spray que, según dice, es una especie de pegamento, pero sus pies descalzos se le quedaron casi pegados en el llamado San Pedro y tuvo que hacer un esfuerzo extra para aguantar. No lo logró y se le notó demasiado, aunque al acabar y, tras ser felicitado por todos, hiciese, además de lanzar al aire un puño de rabia, un gesto torero, como diciendo: «¡Aquí estoy yo!». Sin embargo, los jueces ya tenían decidido su veredicto.

En cualquier caso, para quien le anidase alguna duda, Deferr fue también deportivo y aclaró que no había realizado mejor ejercicio que el chino que se llevó el oro y que su plata se podía considerar justa. Hueto añadió que, aunque Deferr no hubiese titubeado en la posición del Cristo, no habría podido superar a Zou Kai.

Como mucho, sin esa penalización habría sumado una o dos décimas más y, ya que el chino tenía mejor nota de partida, habría sido en todo caso insuficiente. -«Quizás habría llegado a 15,900», aseguró- para quitarle el oro en su propia casa. De lo que sí se lamentaba su entrenador era de que Deferr no ha sido capaz de ganar aún en suelo, en la que es su especialidad, su aparato preferido, después de haber sido segundo en tres mundiales y en estos Juegos Olímpicos. Pese a todo, Deferr lo daba por bueno. Ya estaba mucho más feliz al ser más consciente de lo que había conseguido, y en una final «tan complicada» como la de los Juegos Olímpicos, tras ser eliminado en suelo en Sidney y acabar cuarto en Atenas.