street skeleton

Cuesta abajo y sin frenar

Cientos de aficionados a la velocidad disfrutan de su propia Fórmula 1 casera en Asturias

Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

El pueblo de Seares, en Castropol (Asturias), tiene un fin de semana al año en el que se hace famoso y no por su paraje natural. Desde hace diez años, recibe durante dos días a aficionados y verdaderos expertos, españoles y extranjeros, del street skeleton. Una modalidad de los deportes de inercia que consiste en deslizarse por una carretera tumbado sobre un trineo (o golfo, como se le suele denominar) muy parecido a un monopatín con un manillar y unos frenos.

Al principio no superaban los 20 participantes, pero ahora es difícil que un local se lleve el triunfo. La llegada de corredores de otros puntos de España y de otros países, ha hecho que la competición crezca en competitividad y atractivo.

Este pasado fin de semana celebraron el X Descenso Internacional de Carrilanas y el cumpleaños tuvo un invitado de excepción, Ander Mirambell, el primer español que compitió en unos Juegos Olímpicos de Invierno (Vancouver, 2010) en la disciplina de skeleton. Deporte muy parecido al que se practica en Soares, pero sobre hielo. “Son casi primos hermanos, pero tienen algunas diferencias. La primera es que nosotros no tenemos frenos, y además, la superficie ofrece otras sensaciones. Sobre carretera me ha parecido más un rallie”, explicó Mirambell, después de probar su “golfo”.

Mirambel fue uno más de los 125 participantes que tomaron parte en la carrera. Número máximo de corredores admitidos que certifica la buena salud de los deportes de inercia, alternativos y que se disfrutan sin grandes desembolsos de dinero ni coberturas televisivas. El ambiente es más cercano. Es una gran familia de aficionados de la velocidad que no aspiran a pilotar un coche de Fórmula 1, pero que sienten la adrenalina igual deslizándose por las carreteras de los pueblos.

Ganó José Guillermo Delgado, con un tiempo de 1:02:19 y que le vale para sumar puntos para el Open de España de la Federación de Deportes de Inercia. Y, sobre todo, le sirve para pasar un buen rato con amigos de la velocidad que llegan a fabricar sus propios vehículos solo por la agradable sensación de que el viento silbe en los oídos y la adrenalina se acumule en la sangre durante el kilómetro que mide el descenso.