Mark Spitz: «El COI va por detrás de la lucha contra el dopaje a propósito»
Un Spitz actual posa frente a un cartel del Spitz héroe de la piscina - AFP
NATACIÓN

Mark Spitz: «El COI va por detrás de la lucha contra el dopaje a propósito»

El mito del pasado con el que ha competido el fenómeno Michael Phelps vive con un ojo puesto en la piscina —como espectador crítico— y otro en los proyectos benéficos de apoyo a los niños

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Las piscinas de Múnich 1972 le convirtieron en un mito. En ellas gestó siete preseas de oro, una proeza que ningún deportista olímpico logró igualar en unos Juegos hasta la irrupción de Michael Phelps en Pekín 2008. Hoy, Mark Spitz (Modesto, California, 1950) colabora con los proyectos benéficos de la Fundación Laureus. Aunque alejado de la competición, arroja su voz autorizada sobre la actualidad del deporte.

—¿Qué lleva a algunos de los mejores deportistas de la historia a colaborar en los proyectos de Laureus?

—Gracias a los patrocinadores contamos con un buen soporte económico para nuestros proyectos. Tenemos 80 programas en todo el mundo y podemos ayudar cada año a cientos de miles de niños. Es un gran atractivo para atletas que han tenido éxito: entender que hay niños que necesitan ser guiados en la dirección positiva.

—Está en Sudáfrica para participar en el maratón Walk The Talk. ¿En qué consistirá?

—Habrá 50.000 participantes que caminarán en favor de los niños desfavorecidos. Su cuota de inscripción va destinada a diferentes grupos benéficos. Uno de ellos es la Fundación Laureus Sport for Good. Estamos muy contentos de que nos hayan incluido y esperamos poder hacerlo todos los años.

—¿Cómo valora la influencia del deporte en el crecimiento de Sudáfrica?

—El deporte de este país está cada vez más reconocido. Siempre ha habido buenos deportistas, pero cuando competía en los 70 no les dejaban participar en los Juegos Olímpicos por culpa del apartheid. Era muy injusto. El Comité Olímpico pensó que no era lo mejor para el ideal olímpico tener atletas de Sudáfrica en los Juegos, pero gracias a Dios unos años más tarde, cuando Nelson Mandela fue liberado y se convirtió en un icono para Sudáfrica, pudimos ver a todos esos deportistas.

—¿Cómo se sintió al ver a Michael Phelps romper su récord de medallas en unos Juegos Olímpicos?

—No supuso ningún problema para mí. Quien lo tuvo fue mi mujer. Los récords están hechos para romperse. He visto florecer la carrera de este chico, desarrollarse. Fue por primera vez a los Juegos Olímpicos en 2000 con sólo 15 años y no ganó ninguna medalla. Cuatro años más tarde, fue a Atenas y ganó ocho. Y luego llegó a Pekín y ganó ocho oros para romper mi récord. No puedo decir más que cosas positivas.

—¿Fue duro no poder estar en Pekín para verlo en persona?

—Me hubiera encantado estar allí, pero me tocó trabajar en Estados Unidos. Retransmití en directo su séptima medalla y pude hablar con él unos días antes de que ganara la octava.

—¿Podría aquel Mark Spitz de 22 años competir con este Michael Phelps?

—Lo que me hacía muy bueno es que sabía cómo derrotar a mis competidores. Lo que hace grande a Michael Phelps es que también lo sabe. Si compitiéramos los dos, nadie ganaría. Habría un empate.

—Se retiró muy joven. Otros, como Phelps, Thorpe o Trickett, se han tenido que tomar un respiro...

—Tuve que retirarme porque en mi época no podías ganar dinero con el deporte y debías ser considerado «amateur» para poder participar en los Juegos Olímpicos. Cambiaron esa norma en 1988 y ahora puedes ganar dinero y ser un verdadero profesional. Si yo hubiera podido, quizá habría seguido un par de años, tal vez llegar a otros Juegos Olímpicos.

—Después de la polémica de los bañadores de última generación, ¿cree que estos Mundiales de Shanghái son la ocasión perfecta para poder centrarse en la competición?

—Parece que esos bañadores hacen un buen trabajo, porque permiten a los nadadores ir más rápido. No estoy de acuerdo con que la FINA haya decidido volver a la tecnología antigua. Van a seguir ganando los mismos deportistas, así que seguirías viendo ganar a Phelps. Desafortunadamente, a la gente en mi deporte le gusta mirar demasiado los cronos. Se asume que si hay algún récord, ha sido una gran competición. Pero si no, parece que no ha habido nada interesante.

—¿Qué le parece la actual reglamentación antidopaje?

—El COI dice que está haciendo el mejor trabajo posible, pero lo que puede hacer es buscar sustancias antiguas para mejorar el rendimiento, cosas que los deportistas pueden haber tomado años anteriores. Pero algunos pueden haberse movido a un nuevo tipo de drogas. Creo que su trabajo sería buscar esas sustancias, pero es difícil para el COI saberlo a menos que alguno de los implicados le informe. El problema es que, según las normas, seis meses antes de los Juegos Olímpicos se da la lista de sustancias prohibidas. Se hace así por dos razones. Primero: si estás tomando uno de esos productos, tienes tiempo para quitarte y llegar limpio. Segundo: si estás tomando algo que te ayuda y no está en la lista, puedes seguir con ello, porque nunca lo van a descubrir. Esta cuestión se le debería plantear al COI. Es el jurado y el verdugo, quien hace las reglas. Su responsabilidad es pulir esas normas. Va un paso por detrás y creo que es a propósito.