500 Millas de Indianápolis

Sin Fernando Alonso, Oriol Serviá existe

El catalán afincado en Los Ángeles dedica su vida a preparar cada año las 500 Millas

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Igual que Teruel existe, hay vida detrás del gigantismo de Fernando Alonso. No se clasificó el asturiano para su objetivo primordial de 2019, las 500 Millas de Indianápolis, en un soberano estropicio de McLaren y de los rescoldos de ese fracaso ha surgido una historia, la de Oriol Serviá, el único español que hoy participará en la legendaria prueba estadounidense (18.20 horas, #Vamos, Movistar + TV).

Oriol Serviá pertenece a la cosecha de 1974 (ya tiene 44 años) y a una saga familiar dedicada al automovilismo. Su padre, Salvador Serviá, fue piloto de rallys y, ya retirado, director del circuito de Cataluña entre 2011 y 2015. Su tío, Josep María Serviá, también es piloto de raids, y su primo, Joan, ejerce como ingeniero del motor. A Oriol le sedujo hace veinte el consejo de un amigo, Fermín Vélez: probar el campeonato Indy Lights en Estados Unidos. Fue para nueve meses y lleva ya 21 años en el país de las barras y estrellas, afincado en la megalópolis de Los Ángeles, con pareja y dos hijos americanos.

«Me encanta el estilo de vida en los Estados Unidos», comenta por teléfono. «Y más en lo relativo a los deportes. Aquí existe una gran diversidad y la gente se implica en todo tipo de deportes». En el motor, los estadounidenses tienen su propia Fórmula 1, la Nascar, coches de serie a escape en circuitos ovalados, y una derivada, la fórmula Indy, monoplazas estilo F2, que culmina cada curso con la prueba mítica, las 500 Millas de Indianápolis.

Después de fracasar en su intento por alcanzar la Fórmula 1 (su patrocinador, Elf, lo dejó cuando Serviá acariciaba la idea) y de un tránsito por las competiciones de segundo nivel en EE.UU., el catalán se asentó en la Indy Car. Y por ahí descubrió su prueba fetiche, la carrera que le ha cambiado la vida, las 500 Millas de Indianápolis.

«No sé si hay algo más grande que esto», dice. En el circuito oval de la capital de Indiana se juntan 400.000 espectadores, el mayor aforo de cualquier deporte en cualquier lugar del mundo, para ver a 33 coches de similares características equipados con dos motores, Honda y Chevrolet, en una carrera de incertidumbre total. «Puede ganar cualquiera de los 33 pilotos», asegura.

A Serviá le sedujo esa cercanía con los muros, ese evidente peligro a más de 380 kilómetros/hora, el riesgo cierto de ganar o morir en el coliseo. Serviá se ha retirado del automovilismo, pero no de las 500 Millas. Dedica todo el año a preparar esta cita, como si solo jugase la final de la Champions League. En 2018 acabó cuarto. Hoy correrá por undécima vez.

Lo hará sin lazo amarillo en su casco. Lo mostró la pasada primavera en señal reivindicativa, pero lo ha retirado para esta edición en virtud de la polvareda que levantó.