Shane Lowry
Shane Lowry - Reuters

Golf | Open británicoShane Lowry: un chico del pueblo y para el pueblo

El jugador irlandés (-15) vence por seis golpes a Tommy Fleetwood, con un poder que no se veía en el Open desde que ganó Oosthuizen en 2010

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No es fácil ser una estrella del deporte y a la vez ser un personaje querido. Muchas veces los triunfadores son presa de la vanidad y de los entornos aduladores que los alejan de la vida que habían tenido antes de estar en el foco de la noticia. Sin embargo, Shane Lowry es un tipo especial. Nacido de los campos públicos de Irlanda, donde se juega al golf casi por obligación, fue subiendo todos los escalones de una brillante carrera que le ha llevado a alcanzar su cima con la consecución ayer del Open Británico, el sueño de cualquiera de los 80 millones de golfistas del planeta.

Con el espíritu deportivo propio de la Isla Esmeralda, combinó sus cualidades genéticas con su habilidad adquirida. Su padre fue campeón de fútbol gaélico y él no dudó en hacer sus pinitos también con las especialidades locales y con el rugby. Y, caravana de por medio, en desplazarse por las costas para nadar y hacer surf con sus amigos de toda la vida.

Todo podía haber cambiado de repente cuando sorprendió a nivel mundial con un triunfo de postín, el Open de Irlanda de 2009. Es cierto que ya había destacado como aficionado y que había formado equipo con Rory McIlroy en los torneos internacionales, pero nadie esperaba que fuera a ganar a las primeras de cambio en una prueba del Circuito Europeo.

Una adaptación lenta

El triunfo en el Abierto nacional le valió el reconocimiento de Padraig Harrington, que lo adoptó de inmediato y le consideró como su sucesor en el golf irlandés. Sin embargo, han tenido que pasar diez años hasta que el dublinés le ha podido pasar el testigo de la Jarra de Clarete en el precioso links del norte de Royal Portrush.

A Lowry le costó adaptarse a la vida profesional y hasta 2012 no obtuvo su segundo éxito (Portugal Masters), aunque eso no le impidió ir firmando extraordinarias vueltas de 62 golpes en distintos torneos, con especial relevancia la del Open Británico de St. Andrews de 2010. En 2014 logró su primer top 10 en un major (Open de Hoylake) y el curso siguiente venció en el Mundial de Akron. Todo le iba de maravilla también en lo personal (se casó con Wendy Honner en abril de 2016) y parecía que iba a tocar el cielo dos meses más tarde, cuando a falta de una jornada encabezaba el Open de Estados Unidos con cuatro golpes de renta. Pero sufrió un colapso de tal calibre que le dejó el título en bandeja a Dustin Johnson y luego le costó salir del bajón anímico.

Afortunadamente, el nacimiento de su hija Iris en 2017 fue el bálsamo que necesitaba para centrarse y darse cuenta de que la familia era lo primero. «Ahora soy un hombre totalmente distinto al de hace cuatro años», respondió cuando se le preguntó el sábado si no temía perder de nuevo esa ventaja en la última jornada de este Open. Y, efectivamente, negoció de una manera muy distinta sus emociones.

Sabedor de que el día era infernal, desplegó un juego de libro y nunca dejó de vigilar a Tommy Fleetwood, el único que pudo seguirle el ritmo. Siempre mantuvo la distancia entre tres y seis golpes y el baño de masas que se dio en el recorrido final fue un indicador de lo querido que es por el público. Fue el ganador más popular.