Un regalo de Ceballos dispara a un Real Madrid al que le faltó puntería

MADRID. José Miguel Mata
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La Liga sigue pintando blanca. El Real Madrid cuando brilla, brilla, pero cuando no, tampoco falla. Y para ello aprovecha cualquier ocasión, aunque sea más demérito del rival que virtud suya. Ante el Racing tuvo ocasiones para golear, las cedió para empatar y acabó ganando por la bondad de Ceballos, que obsequió al líder con un triunfo que le acerca un poco más al título.

Los blancos no salieron al campo con la misma tensión que la demostrada el martes frente al Lazio. Mantuvieron idéntica movilidad, circularon la pelota de forma parecida, pero llegar ese segundo tarde para meter el pie, para colocar el pase, para desmarcarse, dejó bien claro que faltaba el ansia que provocó en sus jugadores el equipo italiano.

Pese a todo, durante el primer tiempo sobró medio campo. Todo el juego se gestó hacia la portería de Ceballos porque el Racing se parapetó bien en sus dos líneas defensivas de cuatro hombres, tapó las bandas gracias al trabajo a destajo de sus interiores, salió bien al fuera de juego y contó con que los blancos tuvieron desviado el punto de mira en sus remates. La pelota fue casi exclusivamente local, aunque sus llegadas, a pesar de las buenas intenciones y los continuos cambios de banda de Solari y Figo, se produjeron prácticamente siempre por el centro, donde la muralla que formaban Arzeno y Ramis apoyados por Colsa e Ismael hacía de todo punto imposible sacar algo potable de ellas.

RAÚL, DE NUEVO EL MEJOR

Aunque Raúl intentó despertar a su equipo con algunos pases clarividentes, un par de taconazos geniales y un remate a la media vuelta que salió fuera por poco, la mejor ocasión se produjo por un error de Ceballos, que quiso regatear al siete madridista y que, ante la presión de éste, entregó el balón a Figo, cuya parábola se perdió por encima del larguero por milímetros. Al margen, un zapatazo de Solari con la zurda que detuvo Ceballos fue lo mejor de los blancos ante un cuadro racinguista que, con Regueiro y Mazzoni más náufragos arriba que Tom Hanks en su isla, mantuvo inédito a Casillas hasta el último minuto, cuando un centro-chut de Regueiro le obligó a estirarse, más que nada para no morir de entumecimiento.

A la vuelta del descanso el castillo de sueños del Racing se cayó de un soplo. Fue la jugada tonta del partido, pero a la postre la que abrió el camino del triunfo blanco. Raúl —éste sí que siempre está en tensión, frente al Lazio o al Vitigudillo— saltó con Ceballos por un balón que era del portero, que se confió y perdió la pelota. El madridista no tuvo más que empujar el balón para marcar.

De perdidos al Cantábrico, el Racing adelantó líneas y se fue a presionar más arriba. Con ello empezó a verle la cara a Casillas, que se empleó en un trallazo de Mazzoni y en una salida arriesgada ante Colsa, pero también dejó huecos que pudo aprovechar Guti, cuyo cabezazo se fue al palo y en la carambola Ceballos rechazó el tiro a bocajarro de Makelele. Las llegadas y las faltas al borde del área comenzaron a sucederse y Solari, Figo, Roberto Carlos... pero a los blancos les faltaba la chispa del último metro, del remate definitivo. Y pudieron pagarlo en el tramo final, pero Espina pifió su remate solo en el área pequeña, Julio Álvarez mandó fuera un disparo que era gol y Casillas le sacó a Amavisca lo que pudo ser el empate... que tampoco hubiera sido justo.