Polideportivo

España se lanza otra vez a la carrera olímpica

La candidatura Pirineos-Barcelona alza el vuelo, pero para que sea una realidad es imprescindible que la Generalitat trabaje con el Gobierno

Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

Cataluña vive desde hace tiempo inmersa en un clima de conflicto provocado por aquellos que la tiñen de amarillo cada día y que no la dejan progresar con normalidad. Meses complicados de reivindicaciones y diálogo estéril. De desencuentros que no terminan de encontrar solución. Ambiente tenso de cuyo corazón emerge un proyecto que trata de unir brazos ajeno al embrollo político para devolver al país la llama olímpica que lució en Barcelona con éxito en 1992. Hay luz verde para que los Juegos puedan regresar a España en 2030 a través de una candidatura que tendría su epicentro en los Pirineos y su corazón en Barcelona. Un proyecto que camina firme impulsado por la Generalitat y apoyado por el resto de las instituciones, que ven en él un lugar de encuentro para mirar al futuro sin crispación.

«Para que un proyecto olímpico tenga éxito la gente tiene que ir de la mano, pero hay tiempo. Lo importante es dar los primeros pasos de manera firme y que se esté haciendo en un ambiente crispado es positivo», explica a ABC Juan Antonio Samaranch, vicepresidente del Comité Olímpico Internacional (COI). El proyecto de unos Juegos de Invierno en España nació hace años, pero la llegada de Ada Colau al Ayuntamiento de Barcelona lo frenó en 2015. Es Gerard Figueres, director general de Deportes de la Generalitat, el que lo rescata y lo impulsa, poniendo el foco en el Pirineo y tratando de buscar el consenso entre todos los actores necesarios para que salga adelante. «Se ha tejido una red de confianzas sólida, pero es un camino de equilibrios. Hay que intentar que la red crezca sin que se rompa. Hace falta que los dos gobiernos, el central y el de la Generalitat, aíslen el proyecto olímpico del debate político. Debe ser una oportunidad para trabajar todos juntos por conseguirlo», señala el dirigente, principal impulsor de un proyecto que camina sobre el alambre por la precariedad política que gira a su alrededor.

Lo sabe bien Alejandro Blanco, presidente del Comité Olímpico Español (COE) y responsable último de la presentación de una candidatura nacional. «El deporte es un punto de encuentro y de diálogo, y si a través del deporte podemos ayudar a que haya entendimiento, pues adelante. Lo hemos visto en Corea, donde dos países que estaban en guerra se han reconciliado para participar en los Juegos de Invierno. También aquí en España, con los Juegos del Mediterráneo en los que no hubo ni un pitido al himno. Ese es el camino. Porque los Juegos son un proyecto de país, no de una zona. De España, aunque se organicen en Cataluña. Por eso el entendimiento entre el gobierno español y catalán es una premisa ineludible», señala el dirigente, ilusionado con un plan que está quemando etapas a gran velocidad.

No más de 1.500 millones

Tras iniciarse el proceso de diálogo con el COI y el visto bueno de Gilbert Felli -director ejecutivo de los Juegos desde 1992 hasta Río 2016- tras visitar la zona, la semana pasada se formó una comisión delegada de la mesa de trabajo para elaborar un informe técnico que dé forma a la candidatura definitiva. En el mismo, quedarán reflejadas las diferentes sedes y el montante económico que habría que poner para organizar los Juegos. Uno de los principales escollos históricos que, tras la puesta en marcha de la «Agenda 2020», ha cambiado radicalmente. El COI modificó de manera sustancial sus criterios de elección hace unos años, dejando a un lado las grandes inversiones y apostando por la sostenibilidad. «No queremos que se construya nada y, si se hace, cada país debe demostrar que se trata de infraestructuras necesarias para su desarrollo. Da igual que sea un puente, un estadio o un túnel», señala Samaranch, al que le gustaría erradicar para siempre imágenes de Parques Olímpicos en ruinas como ocurre, por ejemplo, con el de Río 2016.

En ese sentido, el coste de los Juegos de Pirineos-Barcelona no debería exceder los 1.500 millones, de los que el COI aportaría el 60 por ciento de manera directa. «El resto saldría de la venta de entradas, del merchandising, de los patrocinios privados y la aportación pública. Es una cantidad digerible», reconoce Figueres, al que le salen los números.

El proyecto de 2030 juega con el imaginario colectivo que recuerda aún Barcelona 92 como unos de los mejores Juegos de la historia. La capital catalana es el principal reclamo, aunque el corazón de la futura candidatura está en los Pirineos, la única gran cordillera europea que aún no ha albergado una cita olímpica. «Casi todo está listo y apenas habría que hacer infraestructuras. Las estaciones, los pabellones, los alojamientos... todo está ahí esperando para albergar la cita», explica Figueres. Barcelona y su área metropolitana acogerían la Villa Olímpica, las ceremonias de apertura y clausura y las pruebas de hielo. El nuevo «Espai Barça» -el proyecto de remodelación del Camp Nou y el Palau Blaugrana- jugaría un papel principal en el proyecto. Las pruebas de nieve se llevarían al Valle de Arán -en Baqueira Beret-, a la Cerdaña -La Molina y Masella- y a La Seu de Urgell, una zona de tradición en esquí nórdico. «El mundo del olimpismo está en deuda con los Pirineos. Si los Juegos llegan a España será una gran noticia, pero si queremos presentarnos ante la sociedad española y justificar la organización hay que presentar un legado deportivo. Un equipo que aspire a medallas, como en el 92, y eso se consigue invirtiendo desde ya, teniendo más academias y acercando a los jóvenes a la nieve y el hielo», apunta May Peus, presidente de la Federación Española de Deportes de Nieve.

«Vamos tarde»

De hecho, para brillar en unos posibles Juegos de Invierno «se va tarde», señala Ander Mirambell. «El proyecto deportivo debería ir un poco por delante. Hace falta un grupo sólido de atletas si queremos dejar legado tras los Juegos. Para que la sociedad pueda practicar esos deportes de nieve y hielo, con referentes, hay que apostar desde ya por estructuras que creen esos deportistas», señala el primer olímpico español de skeleton. El suyo sería uno de los tres deportes que tendrían que buscar sitio lejos de España ante la falta de infraestructuras. Un problema menor para el proyecto, ya que los nuevos criterios del COI alientan a hacer eso antes que una inversión que no tenga continuidad.

Son pequeñas piedras en el sueño para traer de nuevo la llama olímpica a España. Anhelo real, que va tomando forma, al que solo la crispación puede tumbar. «Le pido a la política que sepa ver esta oportunidad. Que lo que estamos construyendo desde la parte deportiva no lo desmenuce la parte política», apunta Figueres, consciente de que la principal barrera al proyecto está ahora fuera del terreno de juego.