Atletismo | Europeo en pista cubiertaÓscar Husillos se redime con una plata

Un año después de su chasco por pisar la línea, logra en los 400 metros la primera medalla española

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Hacía un año, justo los doce meses. «Me he sacado una pequeña espina, sí me he sacado una espina». Nadie como Óscar Husillos tenía derecho a expresar alegría ayer en Glasgow, sede de unos Europeos en pista cubierta que empiezan a cobrar color para la selección española. El atleta palentino se redimió con una medalla de plata en los 400 metros de uno de los episodios más crueles en la memoria de este deporte: su descalificación como campeón mundial en Birmingham por pisar la línea, sucedido tal día como hoy un 3 de marzo de 2018.

Husillos lo tiene grabado en el disco duro de su vida porque pocos deportistas han pasado de tal felicidad a tal desilusión en apenas unos minutos. El estallido de entusiasmo por un título mundial y el alarido de pena por la eliminación en el VAR del atletismo. Fue el propio atleta quien recordó que hacía doce meses exactos de aquel trance. «Algo así no se olvida».

El castellano actuó con fiereza, explosivo y contundente como es en la pista y fuera de ella. Así firmó un sensacional récord de España de la distancia (45.66) en un doble premio. Y esta vez también se movió con inteligencia al admitir una fuerza superior, el noruego Karsten Warholm, campeón mundial y europeo de los 400 vallas, quien se exhibió irresistible en los 400 sin obstáculos (45.05).

Warholm cogió en cabeza la calle libre, pasó el 200 en 21.35 segundos y no dio opción al plusmarquista español. «Por momentos parecía que le recortaba, pero no. Ya me dí cuenta de que no iba a poder con él». Husillos aseguró su segundo puesto con una velocidad sostenida, poderosa su zancada.

Atrás quedan los sinsabores de un invierno complicado para el palentino por una lesión en el pie, y el eterno recordatorio de todo el mundo hacia la pena por el oro perdido en Birmingham. El otro español en la final, Lucas Búa, no tuvo opción de luchar por las medallas y terminó sexto.

Orlando Ortega, al que entrena su padre, se ha declarado en estado de felicidad desde que cambió Madrid por Valencia, una ciudad más manejable para sus intereses en el atletismo y más cercana al calor y el mar de sus orígenes cubanos. El velocista se clasificó para la semifinal (anticipo de la final, también hoy) con la mejor marca de los concursantes en 60 vallas (7.61 s) y, anecdótico, derrotando a uno de sus máximos rivales por el oro, el británico Andrew Pozzi. «Estoy contento y se siento bien», resumió.

«Piernas y cabeza»

Esther Guerrero sacudió a la delegación española con un proceder deslumbrante en la clasificatoria de 800 metros. La gerundense de zancada rotunda corrió convencida, determinada a alcanzar su objetivo, siempre en cabeza sin permitir intromisiones. De principio a fin, la gerundense ganó su serie y alzó su estimable registro (2:02.43) a la cima de la tabla de tiempos. Es la mejor marca en la final de hoy (20:18 h). «Para ganar una medalla tengo que correr a una alta velocidad de crucero, porque en el último 400 me ganan muchas», razonó.

Magnífica impresión causó igualmente Álvaro de Arriba, dominador de su semifinal con autoridad. Empezó desde atrás y a falta de 400 metros agarró la punta para cederla, controlando el ritmo y sujetando los ataques (1:50.13). Habrá que contar con el salmantino en la pelea por las medallas de 800 metros. «Estoy bien de piernas y bien de cabeza. Mi estado de forma es perfecto», explicó.

Todo fueron sensaciones dulces en los 800 m. El murciano Mariano García, de 21 años, compite instalado en una nube de optimismo y lo transmite en pista. Aprovechó las caídas que limpiaron su semifinal (el inglés Learmonth y el irlandés English) para imponerse con un empuje impetuoso (1:48.84) que lo transporta a la final hoy junto a De Arriba (19:57 h).