Se les ven los omóplatos

Debut de las recogepelotas, que siguen en competición en el Masters Series de Madrid. Debut de Feliciano López, el otro modelo, que no sigue tras perder con el «Gordo Juan».

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ROSA BELMONTE

Cuando las recogepelotas de casting desfilaron en el partido de las cuatro de la tarde se oyó un tímido grito, casi imperceptible, en lo alto del Madrid Arena: «Tías bueeenas».

En realidad, las chicas siguen llevando la falda demasiado larga. Por encima de la rodilla, así que están más cerca del atuendo de Lili Álvarez que del de una de las goriWilliams. Lo único que enseñan son los omóplatos y, que yo sepa, esos huesos anchos y planos no están en la lista homologada de fetiches corporales, aunque hay gente muy rara.

Es más, Feliciano López, con las apreturas que gasta en el torso, marca más contorno pectoral que cualquiera de ellas. Por no hablar del culín. Esta parte de su anatomía apunta maneras duras y redondeadas al servicio y al resto sobre todo. Su ex novia, la jugadora María Antonia Sánchez Lorenzo, decía en un anuncio de coches: «¿Qué te parece que los recogepelotas sean modelos?».

¿Y qué te parece que los jugadores sean modelos? Y que las que se supone que lo son vayan de Julie Andrews al salir del convento en «Sonrisas y lágrimas».

Aun así, la gente desde los palcos se hace fotos con ellas detrás. «Que salga la chica», dice uno. Como si tuviera la Torre Eiffel de fondo. A la misma hora en que Feli perdía con Grosjean (¿gordo Juan?), Rafa Nadal se entrenaba rodeado de público y con ropa ancha. Se ve que en cuanto se escapa de Teresa Rioné (Directora de Comunicación de Nike) se pone cómodo. Ya se embutirá como un salchichón para los partidos, el primero mañana a las cuatro de la tarde. La sesión de la siesta.

Si ya hay unos cuantos tipos de seguridad protegiendo a los jugadores, ahora, con esos atuendos, se debería reforzar la vigilancia. Van provocando y luego pasa lo que pasa. Que hay mucha loca suelta.

Hay dos tipos sentados de espaldas a la pista y mirando a las gradas (bueno, a los cubículos VIP, que deben de ser los más peligrosos). Cuando termina un juego se levantan y siguen mirando a la grada con cara de ningún amigo (ni conocido). Pero lo más impresionante son los zapatos color beige que lleva uno de ellos. A mí es que los tíos con zapatos beige me dan mucho miedo.

También me asustan los que van hablando solos, como José María Mohedano, que ayer estuvo en el tenis. Es la primera impresión que da porque luego ves que es un hombre a un cacharro de «bluetooth» pegado. Creo que se lo ha implantado en la oreja.