El oficio clasifica al Real Madrid

ROMA. Enrique Ortego, enviado especial
Actualizado:

Inequívocas señales de guerra. Lo habían avisado. Y dicen que quien avisa no es traidor. Un centenar de bengalas de humo colocadas a lo largo de la grada lateral con el beneplácito del club. Un elemento con un megáfono que arengaba a las masas. Simeone que pegó un par de gritos desaforados mientras se hacían la foto. Crespo que le secunda. A los jugadores del Lazio sólo les faltó pintarse la cara... A los dos minutos Simeone le pegó el primer meneo a Raúl para confirmar que la batalla había empezado. Dos minutos después, en el cuatro, como pasara en el Bernabéu, el Lazio se adelantó en el marcador. Nedved aprovechaba las facilidades de la defensa madridista, que dejó entrar en perpendicular a Castromán hasta la cocina, para colocar el balón entre las piernas del reaparecido César.

No había dado tiempo ni a que se disipase el humo de las bengalas y el Real Madrid de los cuatro cambios tenía que ponerse a remontar otro partido. Como al final jugó el francés Makelele, las variaciones de Del Bosque se quedaron en el póquer. La más noticiable, la de César por Casillas. La entrada de Geremi estaba cantada, pero lo hizo en el centro de la defensa por Karanka. Las presencias de Solari y Guti fueron menos sorprendentes porque ya jugaron el sábado contra el Racing. Como en el Bernabéu, verse con el marcador a favor y echarse atrás fue todo uno en el Lazio.

ESPECULAR HASTA EN LA NECESIDAD

Así son los conjuntos italianos. Especuladores en su fútbol incluso cuando tienen la obligación de ganar para seguir soñando con los cuartos de final. El Real Madrid tomó la iniciativa del juego, pero no con la brillantez de una semana antes en su estadio. Su dominio era engañoso. Perdían muy pronto el balón los blancos vestidos de negro. Demasiadas imprecisiones y el Lazio, cuando arriesgaba en la contra, hacía daño. César salvó una doble ocasión de Simeone y Castromán y la mismísima escuadra sacó un remate de cabeza de Hernán Crespo en un córner lanzado por... Mihajlovic, no podía ser otro.

Entraba el partido en un terreno peligroso para los de Vicente del Bosque porque los contragolpes locales, propiciados casi todos por las imprecisiones en la circulación del balón, llevaban cada vez más peligro cuando sucedió una de esas jugadas tontas que terminan por marcar los partidos. Fue un saque de puerta de Peruzzi que Makelele despejó como pudo... y le salió un pase perfecto a la espalda de la defensa «azzurra». Raúl y Guti estaban en fuera de juego, pero no Solari, que muy listo entró desde atrás y con un toque sutil superó por arriba al portero italiano, que no daba crédito a la jugada. Era el minuto 32, casi el mismo en el que el Madrid empató el partido en el Bernabéu el martes anterior. Simples curiosidades.

OTRO FALLO, OTRO GOL

Tranquilizó sobremanera al Madrid el gol y al Lazio se le cayó el Olímpico encima, con el ínclito del megáfono incluido. Dos o tres circulaciones largas de balón permitieron a los españoles llegar al descanso con el partido controlado y con la sensación de que a nada que apretaran podían hasta ganarlo... Tan convencidos debían estar los jugadores de ello que saltaron al campo tras el descanso demasiado altivos y el Lazio se metió en el partido gracias a otro lamentable fallo defensivo. De nuevo Castromán aprovechó el carril del interior derecho para meterse hasta el área pequeña y allí, entre Geremi y César, le regalaron el gol a Crespo.

Se intentó agarrar al partido y al resultado con fiereza el Lazio. Siempre con sus virtudes, pero con el autoconvencimiento de que sin Nesta, sin Verón, sin Stankovic... técnicamente es un equipo con muchas lagunas, que además ayer, para su desgracia, no supo aprovechar las muchas facilidades defensivas que ofreció el rival... porque pasaron de la docena las veces que llegó con peligro al área blanca en todo el partido.

RAÚL FIRMA EL K.O. LOCAL

Tardó un cuarto de hora el Real Madrid en volver a enseñar la cara. Le faltó la misma continuidad en el juego que le había faltado en la primera mitad, pero ahora ni siquiera tenía el control virtual del partido. El encuentro estaba donde le interesaba a los italianos y donde no parecía tampoco importarle mucho al conjunto español, que aunque se sentía superior no estaba por la labor de entrar en el cuerpo a cuerpo... porque sabía que en cuanto pespunteara un par de jugadas podía empatar el partido.

Apenas se jugaban dos minutos seguidos. Demasiadas interrupciones.Entradas, caídas, tarjetas, sustituciones... y los de Del Bosque que vuelven a dar cuenta de su enorme efectividad. Solari destrozó el mito defensivo de los italianos con una brillante acción individual a la que le sobró el último regate al portero... y dos minutos después Raúl, de cabeza sin mirar a la portería, empataba otra vez el partido ante la nueva desesperación de los laciales, que terminaron por rendirse a la evidencia de su inferioridad. El empate clasifica matemáticamente a los españoles —gracias también al triunfo del Leeds en Bruselas ante el Anderlecht, que igualmente clasifica a los ingleses— y deja a los de Zoff, entre los favoritos al comienzo del torneo, fuera de la competición.